Las suecas son las mejores. ¿Hablemos de pensiones?

 

Esta mañana nos hemos desayunado con dos sustos. Por un lado, el pago de pensiones en enero ha vuelto a suponer un máximo histórico, con un crecimiento interanual del 3,5% y se ha publicado una nota de Fedea en la que se decía que ni con el pleno empleo es sostenible el sistema de pensiones actual en España. Como el pleno empleo va para largo, la sostenibilidad de las pensiones irá para corto… Puro lógica. A estas alturas ya sabemos todos que la hucha va a desaparecer este año, que la insostenibilidad del sistema viene de que vivimos más años, de que empezamos a cotizar más tarde, de que las cotizaciones –más bajas- de los nuevos empleos son insuficientes para pagar unas pensiones que no bajan, que el Gobierno habla de pasar viudedad y orfandad al presupuesto general, que el Gobierno no quiere oír hablar de crear un impuesto finalista… También sabemos que se ha conminado al Pacto de Toledo a decir algo al respecto a mediados de año. Sabemos muchas cosas, pero ninguna solución. Eso sí, cada día que pasa, la situación financiera de la Seguridad Social (SS) se complica un poco más.

Lo que propone Fedea no está mal y se basa en el modelo sueco que es el que mejor funciona en todo el mundo. Desde que los suecos decidieron que debían cambiarlo y crearon una comisión hasta que se cobraron las primeras pensiones con el nuevo sistema pasaron 17 años.  Da idea de la magnitud del problema, ¿no? Y ¿que hicieron los suecos? Pues decidieron crear un sistema mixto de reparto y de capitalización. A cada trabajador le asignan una cuenta individual (la llaman nocional) en la que le apuntan –y le detraen- un 16% del salario , mientras otro 2,5% (puede ser mayor, es voluntario) adicional del salario se coloca en un fondo individual que escoge el trabajador con el nivel de riesgo que cree oportuno. La clave está en que el dinero de su cuenta individual es solamente un apunte contable, ya que el dinero real que le detraen sirve para pagar a los pensionistas, como en el sistema de reparto. Su cuenta individual se revaloriza cada año en función del aumento de los salarios y cada año recibe notificación del dinero que tiene (virtualmente) en su cuenta. El fondo de pensiones variará cada año según la evolución del mercado.

En el momento de solicitar la prestación por jubilación, el importe de la misma se determinará en función del capital aportado en la cuenta individual, al que se aplicará un factor de conversión para transformarlo en renta vitalicia, en función de la esperanza de vida que se le calcule (por grupos, no la media general). Asimismo, dispondrá del fondo de pensión individual en el que ha colocado parte de su salario.

El sistema lleva 15 años y está funcionando bien. He aquí porque es un modelo que seguir. A diferencia del nuestro, por ejemplo, en Suecia, hay una elevada proporcionalidad entre las contribuciones y las prestaciones y, algo muy importante: independientemente del número de años cotizados o de que las cotizaciones se hayan concentrado en un determinado número de años. De hecho, la pensión se calcula en función de las contribuciones hechas desde los 16 años y durante toda la vida laboral. El derecho a pedir una pensión contributiva empieza a los 61 años, pero no hay límite máximo para la edad de jubilación.

Para ponerlo en marcha hubo un periodo de transición en el que los nacidos antes de un año determinado no podían acogerse al nuevo sistema y los nacidos a partir de una fecha posterior estuvieron cubiertos por el nuevo. No se si la adaptación aquí –con los retoques pertinentes requeridos por nuestra idiosincrasia- de este sistema sería muy complicada, pero aunque  lo fuera, deberíamos inventar poco y sabríamos que funciona… Ya lo dije, este año oiremos hablar mucho de pensiones, ¿qué os jugáis?