Discapacidad, discotecas y trabajo

Un pub de Lleida ha impedido la entrada a un grupo de 14 jóvenes con síndrome de Down que pretendían acceder al local la noche del viernes cuando se encontraban de fiesta con sus monitores. La noticia corrió como la pólvora y medios de todo el estado se hicieron eco de ella. Había habido una discriminación flagrante y me parece normal el revuelo que levantó y la posterior denuncia de la asociación a la que pertenecían estos chicos.

Sin embargo, no deja de sorprenderme que no dejar entrar a unos chicos aquejados de este síndrome haga correr tanta tinta, cuando la problemática que tienen para incorporarse a la sociedad por medio del trabajo tenga tan poca difusión, si es que tiene alguna. Probablemente lo del pub lo veamos como un hecho reprobatorio lejano a nosotros y lo del trabajo cotidiano nos toque la conciencia más de cerca y prefiramos mirar hacia otro lado. Lo cierto es que sin la actitud encomiable de asociaciones y voluntarios, la cosa sería mucho peor. Así, en el sector se señala que la razón del incremento de la tasa de empleo de las personas con discapacidad en mitad de la crisis económica se debe principalmente al crecimiento de las contrataciones a través de los Centros Especiales de Empleo y empresas y organizaciones vinculadas al sector de la discapacidad.

Pero es necesario recordar algunos datos que no siempre se conocen. Una de cada cuatro personas con discapacidad en edad de trabajar en España (25,7%) tiene un empleo, pero el 12,86% de ellos está dentro de la franja de riesgo de pobreza y exclusión social; un porcentaje que en el conjunto de la población con discapacidad se eleva a más del 30%, según las conclusiones del ‘I Informe del Observatorio sobre Discapacidad y Mercado de Trabajo en España’ (ODISMET) de la Fundación ONCE realizado el pasado año.  Se estima que entre la población con discapacidad el desempleo está alrededor del 32%. Además, entre los jóvenes con discapacidad la tasa de paro supera el 65%.

Según los datos del estudio, las personas con discapacidad sensorial auditiva (44,6%) o visual (33,6%) tienen una tasa de empleo “muy superior” a la de quienes presentan una enfermedad mental (15,8%) o una discapacidad intelectual (17,4%). En cuanto a las personas con alguna discapacidad física o de movilidad, la empleabilidad se sitúa cerca de la media del colectivo, en un 28,4%.

Ahora, hay un problema adicional: la evolución del mercado de trabajo hacia entornos digitales y tecnológicos, con las consiguientes dificultades para el acceso a una formación y empleo adaptados y la disminución de puestos de trabajo de tareas manipulativas. Por ello, el panorama que tienen las personas con discapacidad para acceder al empleo y mantenerlo, es bastante complicado. Aunque esto no debería coartar las posibilidades, proyectos y ayudas que haya que destinar a estas personas, lo cierto es que les añade un grado más de dificultad.

Recientemente, el presidente del Comité Español de Representantes de Personas con Discapacidad (CERMI), Luis Cayo Pérez Bueno, ha subrayado que, con el nuevo informe de ODISMET, “ya no hay excusa” para decir que “no se sabe suficiente” sobre el colectivo de personas con discapacidad para diseñar políticas que mejores su inclusión. Pérez Bueno ha reivindicado además la necesidad de que se apruebe una nueva ley que sustituya a la actual Ley de Integración Social del Minusválido (LISMI) y que “dé un marco laboral nuevo para las personas con discapacidad”. “La LISMI ya no nos vale. Tenemos que ir a un nuevo modelo que tome lo mejor de la LISMI pero que esté a la altura de los tiempos y las circunstancias actuales”, dijo.

Cabe esperar que así sea, pero no estaría de más que de vez en cuando se recordara esta realidad en los medios, sin tener que esperar a un triste suceso, por cierto, con un calado muy inferior al laboral, aunque ciertamente con un tinte mucho más mediático.