Hoy los titulares de la prensa apuntan al inminente acuerdo sobre el Cupo vasco, entre el Gobierno central y el vasco, a cambio del apoyo del PNV a los presupuestos generales de España. Los vascos han jugado bien su carta y se van a llevar una tajada importante. Pero vayamos por partes.
¿Qué es el cupo vasco? Pues es la aportación anual que realiza el País Vasco al Estado en concepto de gastos generales que éste asume por las competencias no transferidas, como Defensa o Casa Real, así como la representación exterior, mantenimiento de las instituciones comunes (Congreso, Senado, ministerios) e infraestructuras (puertos, aeropuertos, AVE).
Y, ¿cómo se calcula? Pues se trata de una contribución del 6,24% del gasto del Estado en esas materias. En su día se fijó en función del peso de la economía vasca en el PIB español. Se renegocia cada cinco años la base sobre la que se aplica, atendiendo al desembolso realizado por el Gobierno central en cada partida de su exclusiva competencia.
Con respecto a las comunidades autónomas de normativa común supone dos diferencias importantes. La primera es que las diputaciones son las encargadas de recaudar de forma directa todos los impuestos en Euskadi o Navarra en su caso. La recaudación o la inspección fiscal no son de la Agencia Tributaria sino propios de Euskadi o Navarra. Y la segunda es que Euskadi y Navarra tienen competencias para aprobar normativa fiscal en casi todos los impuestos Como IRPF, Impuesto Sociedades (salvo IVA e impuestos especiales como alcoholes e hidrocarburos, que corresponde al Estado).
Para entender el mecanismo hay un hecho adicional importante. Debe tenerse en cuenta que lo que paga el País Vasco no depende de los ingresos que tiene, sino de los gastos que tiene el Estado. Por ello si por tener una mejor situación económica tiene más ingresos el resultado es que las administraciones vascas tienen más dinero para gasto/ inversión por habitante. En la actualidad este sistema está beneficiando a Euskadi. Sólo si tuviera una caída fuerte en su economía, mayor que en el resto del estado, la situación empezaría a ser desventajosa para el País Vasco.
¿Por qué se habla de “paz fiscal” de 15 años? Porque está pendiente la liquidación del Cupo desde 2007 con unos desacuerdos económicos de 1.600 millones de euros que Euskadi considera que ha pagado de más desde el año 2011. Los vascos consideran que el cupo debería estar en 850 millones anuales, aunque el proyecto de presupuestos del Estado para este ejercicio eleva esa cifra hasta los 1.200 millones. El acuerdo permitiría liquidar los dos quinquenios pendientes y pactar el de 2017-2021 en muy buenas condiciones. Estos tres lustros son los 15 años de paz fiscal de los que se habla.
Las condiciones de vida que permite este sistema de financiación tienen una repercusión muy importante en el nivel de bienestar de la comunidad. Veamos un ejemplo. Según un informe elaborado por la Asociación Estatal de Directores y Gerentes de Servicios Sociales sobre el gasto social por comunidades entre los años 2009 y 2015, la reducción media en el gasto social entre 2009 y 2015 fue en el conjunto de España del 14,5%, aunque no todas las comunidades han aplicado la tijera por igual y hay dos -Castilla-La Mancha y Catalunya- que han recortado sus presupuestos más de un 26%. En el lado opuesto, el País Vasco es la comunidad que menos ha rebajado su inversión social en estos años -un 4,18%-, lo que le permite estar a la cabeza en gasto por habitante: 3.010,97 euros, casi un 40% por encima del gasto medio estatal por persona, que en 2015 fue de 2.158.50 euros. Solo en sanidad el gasto por habitante fue en 2015 de 1.584 euros en Euskadi, frente a una media de 1.232 en España (un 23% más) o a los 1.007 euros, que se dedicaron en Andalucía, (un 36 % menos).
Estos son los datos. Aquí no se puede hablar de solidaridad, sencillamente porque no la hay. Simplemente los vascos viven muy por encima del resto de comunidades, de unas porque su producción es baja e insuficiente y de otras porque les detraen de sus ingresos cifras superiores a las que les tocaría al pasar por la “hormigonera” central que redistribuye los dineros del país. Un solo ejemplo. Euskadi tiene un PIB per cápita superior al de Catalunya en un 10%. En cambio, el gasto social (datos de IVIE y BBVA) per cápita es un 35% superior. Difícil de explicar, ¿no?




