¿Por qué nadie habla de volver a desgravar los planes de pensiones?

 

Estos días seguimos hablando de las pensiones, aunque nos limitamos mayoritariamente a la anécdota –la famosa hucha- que a los problemas de fondo. En el post de ayer (1 de julio) comentaba el papel del alargamiento de la vida como uno de los factores que complica el mantenimiento de las pensiones en su estado actual, ya que la estructura de edades de los pensionistas se decanta hacia edades más altas año tras año. Es uno de los factores que nos obliga a buscar soluciones urgentes.

Y cada vez que se habla de posibles soluciones –muy poco, dada la magnitud del problema- pienso en la barbaridad que hizo Rodríguez Zapatero al cargarse la desgravación a los planes de pensiones individuales en el año 2007, justo antes de que le forzaran a admitir que estábamos en plena crisis y no en una simple desaceleración de la actividad. En ese panorama, favorecer la complementariedad de una pensión pública -que deberá ir a menos con los años- mediante un plan privado, parecía una salida posible –y no mala- para la sociedad. Por otro lado, el ahorro a largo plazo nunca ha sido una de las asignaturas fuertes de los españoles y la desgravación que ofrecían los planes ayudaba a matar dos pájaros de un tiro. Fue entonces, cuando ZP hizo uno de los grandes errores de su carrera política. Castigó a los planes de pensiones, porque aseguró que de ellos  “se beneficiaban los ricos”. Una barbaridad… que no se ha corregido con posterioridad.

Claro que eran años en que un extraño complejo de superioridad se había adueñado de las autoridades. En abril del 2007, el país aún parecía vivir en las nubes. En abril de dicho año, Zapatero no tenía reparos en afirmar que «a lo largo del último año, España ha crecido más que cada uno de los países del G-7 y es hoy ya la octava potencia económica mundial, con un PIB que supera el billón de euros. En los tres últimos años, hemos creado cerca del 40% del empleo de la UE, más que Francia, Alemania, Italia y Reino Unido juntas”. Una potencia, vamos.

Pero volvamos a los planes de pensiones. El principal golpe que se les propinó fue en 2007 con la eliminación de la reducción del 40% cuando se rescataba el plan al llegar la jubilación en forma de capital, es decir, de golpe. Ahora hay que tributar por todo el dinero (ojo, no sólo las ganancias, también el capital aportado) y se considera renta del trabajo, no del ahorro, por lo que va al marginal de cada uno. ¿Qué pasó con quienes lo habían iniciado? Pues que empezaron un partido de fútbol y tras la media parte tuvieron que jugar a rugby. Habían cambiado las reglas a medio partido.

¿Es que las pensiones y el ahorro va muy bien? No lo parece. De las primeras ya se ha hablado hasta la saciedad. Y según los últimos datos, la tasa de ahorro de los hogares e instituciones sin fines de lucro se situó en el 7,7% de su renta disponible en 2016, medio punto menos que en 2015 y la más baja desde 2007 (5,9%), según el Instituto Nacional de Estadística (INE). El organismo explicó que, a pesar de que los hogares aumentaron su renta disponible un 2,5% en 2016, su tasa de ahorro se vio reducida por el crecimiento de su gasto en consumo final en un 3%.

Bien, tenemos la tasa de ahorro en mínimos y ello es lógico por los tipos de interés anormalmente bajos que marca el BCE, como antídoto a la crisis. Pero la situación se normalizará en un par de años –o antes- y seguiremos donde estábamos. La desgravación a los planes de pensiones individuales –como estaba antes del cambio en 2007- era un claro incentivo a ahorrar y hacer un complemento a la pensión para el momento de la jubilación. La desafortunada decisión del PSOE no ha sido enmendada por el PP. Y no parece que la cuestión debiera tener un color partidista, ya que, en definitiva, favorecería a muchas personas y a la economía del país.