El Consell de Treball, Econòmic i Social de Catalunya (CTESC) acaba de presentar un interesante documento sobre “La població de 45 a 64 anys en situació d’atur de llarga durada”, en el que se desmenuza la situación de este segmento de población en paro en Catalunya. Algunas conclusiones son tan interesantes como preocupantes para quienes se hallan en esta situación. Por el interés de las mismas, transcribo un resumen de lo que me ha parecido más interesante. Si queréis ampliar el conocimiento del informe lo podéis encontrar en la web del CTESC.
Un primer punto es el diferencial con crisis anteriores. Concretamente, las consecuencias de la última crisis económica sobre las personas de más edad no tienen precedentes en los países de la OCDE. A diferencia de lo que sucedió en las recesiones de los años 70, 80 y 90, la crisis económica iniciada el año 2008 ha generado un nivel de paro más alto en las personas jóvenes que en las personas de más edad. En cambio, el paro de larga duración (más de un año) y de muy larga duración (más de dos años) afecta especialmente los trabajadores y trabajadoras de 45 a 64 años que han perdido su empleo. Esta situación coincide en el tiempo con un momento en que este colectivo, por razones demográficas, es el segmento de la fuerza de trabajo que más rápidamente crece.
De acuerdo con los datos de la EPA de Catalunya del año 2016, el paro de larga duración parece afectar más a la población con edades comprendidas entre los 55 y los 59 años, de sexo femenino, de nacionalidad extranjera, de niveles educativos más bajos y en quienes constituyen hogares unipersonales o monoparentales. Así, la desagregación de los datos pone de manifiesto lo siguiente:
– Edad: la incidencia del paro de larga duración en las personas de 45 a 64 años se incrementa con la edad. Así, el 67,9% de las personas paradas de 45 a 49 años lleva más de un año en esta situación, una incidencia que sube hasta el 81,8% en las personas de 60 a 64 años.
-Sexo: la incidencia del paro de larga duración es similar en hombres y mujeres (74,4% vs 73,5%).
–Nacionalidad: la incidencia del paro de larga duración en las personas de nacionalidad española y extranjera no es muy diferente (73,7% vs. 75,0%). En cambio, la tasa de paro de larga duración es el doble en la población extranjera que en la española (20,0% vs 9,5%).
-Educación: la incidencia del paro de larga duración se reduce, grosso modo, a medida que se incrementa el nivel de estudios: 79,6% en personas paradas con estudios primarios o inferiores frente a 68,0%
en personas que han alcanzado estudios superiores. Al mismo tiempo, la tasa de paro de larga duración es cuatro veces más elevada en las personas paradas con estudios primarios o inferiores que en las
personas con estudios superiores (20,3% vs 5,4%).
–Tipo de hogar: la afectación del paro de larga duración es mayor en los hogares unipersonales (con una incidencia del 77,1% y una tasa del 13,0%) y en los hogares monoparentales (incidencia del 81,7% y tasa
del 12,1%)
Asimismo en el informe también ha quedado constatado que este colectivo tiene una probabilidad más baja de transitar del paro hacia el empleo y, en cambio, una probabilidad más elevada de permanecer en paro.
Hay varios subgrupos que tienen una tasa de paro de larga duración más elevada, como son: tener una edad entre 55 y 59 años, ser mujer, tener nacionalidad extranjera, vivir en hogares con 5 o más miembros o en hogares unipersonales o monoparentales, así como tener un nivel educativo de primaria o inferior.
Al mismo tiempo, en el marco teórico y en algunas entrevistas se constata que las personas trabajadoras que han trabajado muchos años en una misma empresa o puesto de trabajo tienen en general más dificultades para transitar del paro al empleo y, por lo tanto, su tasa de paro es comparativamente elevada.
También hay que tener presente un conjunto de factores que juegan en contra de las personas de más edad a la hora de transitar del paro hacia al empleo:
– Una tendencia general hacia la reducción de la red social a medida que avanza la edad de las personas, así como un debilitamiento interno o descapitalización de este recurso como consecuencia directa del paro de larga duración, sobre todo en entornos socialmente desfavorecidos.
– Un riesgo más elevado de quedarse atrás respecto de los cambios tecnológicos y la transformación de las necesidades en el mercado de trabajo.
– Los estereotipos negativos en razón de edad, como que las personas de más edad están poco motivadas, tienen una productividad más baja, menos interés por formarse, más resistencia al cambio o más problemáticas de conciliación familiar. Estos estereotipos explican en gran medida que la discriminación en razón de edad en el mercado de trabajo sea la más frecuente de todas las discriminaciones reportadas en la encuesta del Centro de Investigaciones sociológicas (CIS) del año 2013 sobre la “Percepción de la discriminación en España”.
Por último vale la pena recordar que las consecuencias del paro de larga duración se podrían concretar en dos grandes ámbitos: impactos económicos y sociales, de un lado, e impactos sobre el estado de salud, del otro.
En cuanto a los impactos económicos y sociales, resulta obvio que el impacto más directo e inmediato del paro de larga duración es la pérdida de ingresos en las economías familiares. Al mismo tiempo, la pérdida involuntaria del puesto de trabajo tiene efectos negativos sobre los salarios posteriores a la reinserción laboral, sobre las pensiones de jubilación y sobre la pérdida de oportunidades sociolaborales de los hijos e hijas. En este sentido, hay evidencia empírica que indica que el paro de larga duración puede impactar negativamente en los resultados escolares, así como en la continuidad escolar de los niños. Por su parte, el análisis cualitativo ha puesto igualmente sobre la mesa las consecuencias negativas del paro de larga duración sobre la convivencia familiar.
Varios estudios, como los del Observatorio del sistema de salud de Catalunya, reportan deterioros importantes de la salud de las personas en situación de paro y, sobre todo, en paro de larga duración. El análisis cualitativo del informe destaca el impacto del paro de larga duración sobre la salud mental de las personas, tanto con respecto a la erosión de la autoestima y la confianza como el desarrollo de trastornos mentales complejos.




