¿Hay que estudiar en base a la vocación o a la salida profesional?

 

Retomo un informe de Infojobs que se presentó a finales de junio. En él se preguntaba, entre otras cosas,  si la decisión de estudiar eso o aquello era vocacional o pensando en las posibilidades que ofrece como salida profesional. Uno, que ya no es precisamente millennial, pensaría que manda la salida profesional y se sacrifica, por lo menos en un primer estadio de la vida laboral, la vocación, sobre todo viendo cómo está el mercado y el desajuste que hay entre las especialidades ofertadas y las demandadas por las empresas y la sociedad.

Y, evidentemente, me equivocaría. Por lo menos eso es lo que concluye la encuesta elaborada por NetQuest para InfoJobs sobre una muestra representativa de la población activa española. Pues bien, en los últimos años, según la misma, la vocación es la que manda y las generaciones jóvenes son las que la tienen más en cuenta a la hora de seleccionar sus estudios. De eso sí que no puede haber duda, ya que son las que están en edad de decidir.

Los datos, ciertamente son de peso, ya que el 74% de la población activa de 16 a 24 años afirma haber elegido su formación pensando en su vocación. Esta cifra es superior a la media general que se sitúa en el 63%. En el lado opuesto, el porcentaje se reduce al 53% entre los que tienen 45 y 49 años. Eso también –que sea menor- me parece lógico, incluso demasiado alto.

Veamos la explicación de la especialista. “Si algo caracteriza a las nuevas generaciones es que su principal motivación en todo lo que hacen es ser felices. Aspecto que se refleja, también, en las decisiones relacionadas con su vida laboral. Muchos jóvenes dan más importancia a su vocación que a la demanda profesional existente o al nivel salarial que puedan alcanzar”, explica Dominique Cerri, Directora General de InfoJobs.

La felicidad como meta me parece muy loable. Y hay que luchar por ella, faltaría más. Siempre eso sí, con flexibilidad y con los pies en el suelo. La respuesta a este porqué viene a continuación.

Según el informe, los niveles de elección de estudios por vocación en España contrastan con la realidad de cómo se traslada dicha formación a la incorporación laboral. Muestra de ello es que cuatro de cada 10 personas empleadas afirman no estar trabajando en la profesión para la que estudiaron.

Esta es la realidad. El desajuste entre demanda y oferta. A raíz de ello,  ¿deberían cambiar de actitud los jóvenes a la hora de la elección? En buena lógica, sí, al menos flexibilizarla. Sin embargo, la siguiente respuesta no me cuadra demasiado con la realidad que conozco.

Según el Informe, los principales motivos por los que los españoles que estudiaron por vocación, no trabajan actualmente de lo que han estudiado son: por voluntad propia (el 41% de la población activa) y, en segundo lugar, porque no hay trabajo de lo que estudiaron (el 35%). Aquí es donde salta la sorpresa. ¿Por qué si han estudiado aquello que es su vocación y lo dejan a las primeras de cambio por voluntad propia? ¿Han comprobado que no es lo que pensaban? ¿Se han desengañado? De cualquier forma, la razón me parece obvia: echo de menos aquí que tuvieran una información mejor antes de su decisión. ¿Hemos pensado que estos “errores” de elección tienen un coste altísimo para la sociedad, ya que la administración –todos nosotros- sufraga alrededor del 80% del gasto universitario por alumno? Algo debería variar…

Si nos fijamos en aquellos que estudiaron pensando en su futuro laboral, el 47% no trabaja de lo que estudió porque ha decidido proactivamente dar un cambio de rumbo. También aquí se pone de relieve la falta de información previa. Es evidente.

Asimismo resulta sorprendente que, a pesar de todo lo visto,  el 78% de la población activa que ha elegido sus estudios por vocación afirme que no se arrepiente de su decisión.

Aquéllos que sí se arrepienten actualmente de los estudios elegidos declaran que cambiarían su formación hacia una vertiente tecnológica o sanitaria, y ¡ojo! optarían por la formación profesional. Sí, la denostada FP. Se dan cuenta a toro pasado. Si tenemos en cuenta el género, el 42% de los hombres optaría por estudios superiores de ingeniería o tecnología, mientras que el 27% de las mujeres consideraría formarse en estudios sanitarios.

En síntesis, me parece un tema sumamente importante por dos motivos. El más importante, uno del que no habla la encuesta: el estado en que quedan los que han equivocado su elección y lo asumen como un fracaso. Aquí aparece el fantasma de la sobrecualificación del que tanto sabemos en este país. ¿Qué futuro les espera? ¿Qué esfuerzo deberán hacer para reintegrarse felizmente al mundo laboral? Y en segundo lugar, en época de penuria de dinero público, la poca eficiencia de los recursos que entre todos destinamos a sufragar estos estudios. ¿Nos podemos permitir este lujo? Ambos son graves y hay que poner remedio, antes de la decisión, haciéndola más racional y equilibrada entre la vocación y la necesidad del entramado social. No le veo otra solución. ¡Y es muy urgente!