El precio del petróleo Brent cayó ayer más de un 5%, atravesó la barrera de los 50 dólares y esta mañana ha seguido a la baja, aunque de forma más moderada, alrededor de los 48 dólares. Con ello pierde ya un 16% con respecto a primeros de año. Hay dos factores explicativos inmediatos, como el dato de unas reservas superiores a las esperadas en Estados Unidos y los nervios ante la reunión del próximo 25 de mayo de los países de la OPEP sobre si deciden extender 6 meses más su recorte de producción, como ya ha pedido Irán. Además, al parecer, en dos meses los hedge funds han reducido en una tercera parte sus posiciones alcistas sobre el precio del petróleo.
Lo cierto es que la experiencia desde diciembre en que los países OPEP y no OPEP decidieran el recorte conjunto no ha dado los resultados esperados para subir el precio del crudo, pero se da por descontado que seguirán con el recorte otros seis meses, aunque Rusia muestre reticencias. En realidad, con el recorte a rajatabla hasta ahora solo han cumplido Arabia y Kuwait. El resto, han hecho sus más y sus menos.
El plan de Arabia era subir el precio hasta los 60 dólares y mantenerlo alrededor de este nivel, ya que con ello ni era demasiado costoso para los compradores y beneficiaba a los vendedores. Al mismo tiempo quería hundir a los pequeños productores de petróleo a partir del esquisto cuyos costes de extracción no les permitirían operar a este nivel de precio. Sin embargo, el barril difícilmente ha logrado estar por encima de los 55 dólares. La explicación es sencilla: el plan fracasó porque se menospreció la tecnología americana. En dos años los productores de petróleo no convencional han logrado reducir los costes de extracción hasta en un 40% y las inversiones se multiplican. Arabia teme que EE.UU le coja mercados, como ya está sucediendo y se encuentra entre la espada y la pared.
Hoy, Estados Unidos está a las puertas de ser el primer productor del mundo –rivalizando con Arabia y Rusia, los otros dos monstruos- , y ¡ojo! con la mitad de su producción proveniente del petróleo no convencional, exportando a 26 países (aunque importa una tercera parte de sus necesidades de consumo) y con un Trump dispuesto a no escatimar nada para promocionar esta industria, aunque contamine capas freáticas o pueda facilitar la aparición de seísmos. De momento, ya ha revocado prohibiciones Obama en oleoductos y zonas de extracción.
Los cierto es que a corto plazo el crudo tendrá volatilidad e incluso puede subir, pero los factores de fondo han cambiado y han pasado a las manos de Estados Unidos. De momento, en el gigante norteamericano las plataformas en funcionamiento han aumentado un 93%, desde que tocaron mínimos en mayo de 2016 y la producción va desbocada. Hasta ahora el número de pozos abiertos reculaba cuando el petróleo WTI bajaba de 47 dólares, no está claro que suceda esta vez, con una tecnología más precisa y menos costosa. Antes del 2015 los costes de extracción del petróleo no convencional estaban en una media de 70 dólares –de ahí los cálculos de Arabia- pero en dos años pueden ya estar alrededor de los 40 o incluso menos en zonas concretas.
En definitiva el mercado ha cambiado con la aparición de un nuevo árbitro: el petróleo no convencional que, de momento, se centra en Estados Unidos, pero cuya extracción ya empieza a expandirse sobre todo en Rusia, China y Argentina, por citar tres grandes países. Hoy afloran los nervios en el mercado, pero la tendencia de fondo de momento apunta a favor de este nuevo petróleo, cuyo único defecto es que resulta más caro de extraer que el convencional.




