¡Ojo! La publicidad engañosa de la banca se duplicó en 2016

La banca no está pasando por su mejor momento. Con los tipos oficiales al 0%, el corsé de las obligaciones de capital y el legado de la piedra, se las ve y se las desea para conseguir operaciones con márgenes sustanciosos para pagar los costes de “fabricación”, que, por su parte, se ven obligados a seguir recortando. Debe ganar más dinero a toda costa… siempre que proceda correctamente. Lamentablemente parece que no siempre es así. Por ello es necesario sacar la lupa en cuestiones como la presentación de los productos a través de la publicidad.

De aquí que pueda sorprender –aunque quizás no tanto- la constatación de que la ‘letra pequeña’ sigue importando, y mucho, en los bancos españoles. Al menos, esa es la sensación que queda al ver las advertencias que hace la Memoria de Supervisión Bancaria de 2016 presentada por el Banco de España (BdE) ayer, al poner de relieve que la ‘letra grande’, la recogida en los anuncios y las promociones, no siempre refleja toda la realidad.

Durante el pasado ejercicio, y dentro del ámbito de la Supervisión de Conducta de la entidades que también corresponde al BdE, reforzó su vigilancia de las prácticas comerciales. «Durante 2016 se ha iniciado una actuación supervisora de gran alcance encaminada a conocer con el mayor detalle posible y a valorar adecuadamente las prácticas habituales, procedimientos y controles internos de las entidades en relación con su actividad publicitaria», refleja la Memoria. Y añade: «Todo ello con el fin de comprobar que dichas prácticas, procedimientos y controles internos son acordes con la normativa vigente y, por tanto, adecuados para proteger los legítimos intereses de la clientela y gestionar los riesgos derivados de su actividad publicitaria».

 Pues bien, este trabajo del BdE, que analiza las campañas publicitarias cuando ya se han difundido, «ha dado lugar en 2016 a 485 requerimientos de cese o rectificación de anuncios en distintos medios (prensa, Internet, etc.)». O lo que es lo mismo, una cifra que no tiene precedentes, ya que más que duplica las 197 rectificaciones realizadas en 2015 y que casi cuadruplica las 132 actuaciones de 2014. El crecimiento me parece sencillamente espectacular y no va precisamente en la línea que debería ser la correcta en estos momentos en la banca, con el objetivo prioritario de recuperar la reputación perdida en los años de la crisis. Entiendo que los accionistas aprieten, pero también entiendo que los primero es lo primero, y, que hoy por hoy, eso es la confianza del cliente, que, con cifras como estas, no parece vaya a recuperarse.

Por otro lado, el BdE deja claro que hay otro segmento que ahora le inquieta especialmente: el de los créditos al consumo, al que las entidades están recurriendo porque dejan unos márgenes más apetitosos que otros productos, como los hipotecarios. Evidentemente, la banca trata de aprovechar la mejora en la actividad económica para ofertar créditos y préstamos como verdaderas gangas para satisfacer las necesidades que nacen en los clientes en momentos como este, tras años de freno al consumo personal.

 

«El Banco de España mantiene su foco de actuación y preocupación en relación con la claridad, oportunidad y suficiencia de la información proporcionada a los clientes en la comercialización de préstamos personales y tarjetas de crédito», reconoce la Memoria. La inquietud del supervisor responde al peligro de que los clientes no tengan siempre claro los riesgos a los que se enfrentan con este tipo de créditos. «En este ámbito, es especialmente relevante, como reiteradamente indica la normativa reguladora, que los clientes conozcan las consecuencias del eventual incumplimiento del pago de las cuotas, ya que este puede generar una espiral de gastos e intereses de demora que acabe sumiendo a determinados clientes en la exclusión económica y social», advierte. Dicho en otras palabras, caer de nuevo en la trampa, sería llover sobre mojado y con una pérdida de memoria absolutamente imperdonable.

Pues ya sabéis, más allá del mensaje publicitario –que seguro es muy atractivo-, a leer la letra pequeña antes de firmar ningún documento y ante la menor duda, a pedir todas las explicaciones que haga falta hasta que quede muy claro lo que vais a firmar.