Hoy, los estibadores, que controlan el 86% de las importaciones y el 60% de las exportaciones que se producen en España, lo que se puede traducir por un 20% del PIB, han empezado su anunciada huelga. Ello ralentizará el tráfico de mercancías de manera perjudicial, con pérdidas diarias difíciles de cuantificar, pero que se contarán en millones de euros. La patronal habla de 50 millones diarios.
El de los estibadores es un colectivo especial, que goza de una posición privilegiada, para paralizar la actividad económica, como pueden serlo los pilotos, los controladores aéreos… Son colectivos relativamente pequeños en número –en este caso algo más de 6.000 personas– pero que ocupan una posición estratégica en el entramado económico y de ello han sacado provecho durante muchos años, ya que sus amenazas son muy caras. En este caso, se trata de quienes “se ocupan en la carga y descarga de un buque u otro medio de transporte y distribuyen convenientemente los pesos en él”, en definición del Diccionario de la Real Academia Española.
¿Cuál es el problema? Pues que el Tribunal de Justicia de la UE denuncia que el modelo vigente de funcionamiento es contrario a la legislación comunitaria y debe reformarse. Debe liberalizarse. En caso contrario, la multa para España es de órdago. Fomento ha obedecido a la UE y ha incendiado el sector. Y es que en este caso, hacer el cambio no resulta fácil por el entramado existente en la actualidad y que está muy consolidado al provenir de muchos años atrás. De entrada, para poder trabajar en un puerto como estibador, se debe formar parte de una Sociedad Anónima de Gestión Estibadores Portuarios (Sagep), amparadas por la Ley de Puertos. Estas sociedades provienen de las franquistas sociedades estatales de estiba, en las que el Estado tenía un 51% del capital de las mismas. Hoy el Estado ya no está, pero si se mantiene un sistema de funcionamiento muy parecido al de entonces.
Las empresas que operan en los diferentes puertos, ya sea de transporte de mercancías, de descarga de barcos o de carga de camiones, entre otras, no tienen libertad para contratar a los trabajadores que quieran, sino que solo pueden contratar a trabajadores que pertenezcan a estas Sagep. La Sagep lo decide todo, que trabajadores deben ir, los turnos… Evidentemente, este es el núcleo del problema, que no tolera la UE. Las empresas que necesitan contratar, además, están obligadas a participar con capital en dichas sociedades, financiando su existencia. Una doble condición.
Y, ¿cuáles son las peculiaridades adicionales del colectivo? La primera es el salario, aunque las diversas fuentes señalan diferencias importantes. Así, el principal sindicato del sector, la Coordinadora de Trabajadores del Mar, dice que el salario medio de uno de estos trabajadores está entre 30.000 y 40.000 euros brutos al año. Según fuentes empresariales, en cambio, es de unos 70.000 euros, y puede llegar a superar los 100.000 en algunos casos. En realidad, los sueldos están vinculados a la productividad, es decir, existe un mínimo fijo, que depende del convenio del puerto en el que se trabaje, y un variable en función del trabajo que efectivamente se realice y las condiciones en que se haga (nocturnidad, festivo…)
En un informe de PWC se apunta un salario medio de 68.000 euros anuales y se afirma que “en España los costes de estiba suponen un 53% del total de costes de manipulación de las mercancías, mientras que en las terminales europeas esta cifra supone de media únicamente un 38,8%”. Esta diferencia de casi 15 puntos porcentuales se explica, principalmente, por la “rigidez e ineficiencia en la prestación de servicios y unos costes salariales fuera de mercado”. PwC también recuerda que los estibadores solo pueden ser contratados en bloques de 6 horas, lo que da lugar al “pago por horas no trabajadas”…
Y, ¿cómo se accede a la profesión? Es la Sagep quien convoca las plazas. Y la verdad es que desde 2008 apenas si ha convocado. Según se comenta oficiosamente, el punto clave para ser admitido es ser familiar de un estibador. Se calcula, asimismo, que el nivel de afiliación sindical a la Coordinadora es de casi el 100%. La endogamia y el poder interno parecen evidentes. La propia Coordinadora admite que el 50% de los afiliados tienen parentesco familiar. Romper el monopolio de la selección es otra de las cuestiones que no quieren perder. Lógico desde el punto de vista de sus intereses. Tienen mucho a perder. Por ejemplo, el nivel salarial.
En definitiva, un lío que se ha dejado pudrir con los años y que todo indica que nos va a costar caro…




