Cae el poder adquisitivo de los salarios y en el cuarto trimestre vamos a gastar con más cautela

Hoy han aparecido dos documentos interesantes para el seguimiento de la economía. Por un lado, las Previsiones económicas para España 2017-2018 de Funcas y, por otro, la actualización de la Contabilidad Nacional (2014-2016) del INE. Ambas dan una visión global de crecimiento intenso de la economía española, aunque podríamos entrar en la esperada inflexión en el cuarto trimestre de este año por un ritmo del gasto menos robusto. Vamos a empezar por la Contabilidad del INE.

Lo más relevante es que aumenta una décima el crecimiento en volumen del año 2016 y lo deja en el 3,3% en el año 2016 y dos décimas, también al alza el del 2015 (al 3,4%). Sin embargo, con respecto al del año pasado, se producen además algunas variaciones en la composición de dicho crecimiento, con una menor aportación de la demanda nacional (2,5%, frente a 2,8%) y una mayor aportación de la demanda externa (0,7%, frente a 0,5%). La actualización de la variación en volumen del gasto en consumo final se debe a la revisión a la baja del crecimiento en los hogares que pasa del 3,2% al 3,0%. También se rebaja el de la formación bruta de capital (del 3,8% al 3,1%). En síntesis, el alza final del PIB actualizado se debe a un crecimiento mayor del estimado en primera instancia por el sector exterior, a pesar de que se rebaja el consumo y la inversión internas.

El primer semestre de 2017 la economía ha seguido acelerándose, creciendo al 3,2% y 3,5% en tasas intertrimestrales anualizadas. Y aquí entramos en las previsiones que hace Funcas. Según el informe, el intenso proceso de recuperación debería mantenerse durante la segunda parte del año, aunque con una ligera desaceleración, en línea con las tendencias más recientes. Con respecto al tercer trimestre, los indicadores disponibles apuntan, en línea con lo previsto, a una ralentización en el ritmo de crecimiento. Para el conjunto de 2017, se prevé un incremento del PIB del 3,1%, una décima menos que en 2016. (Dos después del retoque del INE). El consumo privado frenará su dinamismo, fruto de la pérdida de poder adquisitivo de las rentas salariales. Por el contrario, el consumo público repuntará después de varios años de congelación y como consecuencia del aumento de la contratación en las administraciones públicas. La inversión, sobre todo en construcción de vivienda, también tomará aire.

El sector exterior seguirá evolucionando favorablemente. Las exportaciones se beneficiarán de la recuperación de la zona euro. Esta representa más de la mitad de las ventas españolas en el exterior. Las importaciones crecerán a mayor ritmo, debido al fuerte aumento de las compras de productos energéticos. Los precios al consumo registrarán un aumento del 1,9%, dos décimas menos que en la anterior previsión. La moderación de las presiones inflacionistas refleja la contención de los salarios y el impacto favorable de la apreciación del Euro sobre el coste de las importaciones. Asimismo, el deflactor del PIB experimentará un aumento moderado, del 1,2%.

El empleo aumentará con intensidad, a un ritmo próximo al del PIB. La tasa de paro se reducirá hasta una media anual del 17,1%, en línea con la anterior previsión. Sin embargo, se prevé que la mejora de la economía no se trasladará a los salarios. Estos caerán en términos reales como consecuencia del repunte de la inflación.

En ambas publicaciones se hace hincapié en un hecho que es importante: el consumo empieza a desacelerar su crecimiento. Por un lado, perderán poder adquisitivo por la inflación y, por otro, el ahorro que se realizó durante la crisis y que se ha ido gastando desde que empezó la recuperación ya debe llegar a un punto bastante bajo, insuficiente para mantener el ritmo de crecimiento del consumo. Recordemos que la remuneración por asalariado creció entre 2014 y 2016 por debajo del 0,1% en promedio. Con estas cifras aguantar el consumo a un ritmo de crucero como el seguido hasta ahora es utópico. Más si vemos que la deuda bruta de los hogares está en 102,5% sobre la renta disponible y que la tasa de ahorro ya ha caído del 10,1% (2008-2013) al 7,7% en 2016. Todo apunta pues a que vamos a gastar más pausadamente  en el próximo trimestre.