¡Remad, remad, malditos!

 

Hace pocos días se me quejaba un estudiante, de que le parecía injusto que en un trabajo en equipo que habían presentado se llevaran una alta puntuación una serie de compañeros que no habían pegado ni golpe en su elaboración. ¡Que lo había hecho el, vaya y se aprovechaban los demás! Siempre hay alguien a tomar apuntes por los demás y  luego pasarlos, y en el trabajo, sucede algo parecido, excepto en aquellos casos en que es imposible, ya sea por la individualidad –ventas- o formar parte de una cadena.

Pero pongamos un ejemplo. Si tú eres empresario y tienes que dar un encargo de responsabilidad a alguien de tu equipo, ¿a quién se lo vas a dar? ¿Al que sabes que es un despistado, al que disimula pero es un vago, al que se escaquea, al que coge muchas bajas o al que es responsable? Sin duda, irás al último.  Sabes que no te va a fallar. Si pasa una vez, no sucede nada, pero si la historia se repite una y otra vez, el tipo, por más buena persona que sea se va a acabar cansando y te dirá ¡hasta luego Lucas! Eso en las empresas, aun siendo absurdo, es algo bastante habitual. Siempre hay alguien que carga con el pato, simplemente “porque hace las cosas bien”. Lo peor del caso es que a esta persona casi nunca se la tiene en cuenta a la hora de los premios y recibe un trato similar al de sus compañeros menos eficientes.

Eso me recuerda una anécdota que me contaron y escribí hace algún tiempo en La Vanguardia. Era ejemplarizante. Cuentan que había dos pueblos que hacían una vez al año una carrera por el río en la que contendían dos embarcaciones con ocho remeros cada una. Sucedía que siempre ganaba el mismo pueblo hasta que la gente, mosqueada por ello, decidió ir a ver al alcalde para que tomara cartas en el asunto. El hombre, preocupado, nombró una comisión municipal para que analizaran cuales eran las causas de las derrotas. La comisión se puso manos a la obra y muy pronto vieron lo que pasaba y fueron al alcalde. “Señor alcalde, ya sabemos lo que pasa”, le dijeron. “¿Y pues?”, respondió. “Pues muy sencillo, porque los del otro pueblo reman todos y en el nuestro solo rema uno”, explicaron. El alcalde, muy enfadado al saberlo, quedó pensativo y vio la solución enseguida. “Pues, nada,  hay que incentivar a este chico y hacer que reme más deprisa”.,.