Reducir el pago en efectivo a mil euros, ¿para qué?

El presidente del Colegio Oficial de Joyeros, de Orfebres, de Relojeros y de Gemólogos de Catalunya, atacaba ayer la medida de limitar el pago en efectivo a 1.000 euros, asegurando que “el planteamiento de bajar el límite de pagos en efectivo de los 2.500 euros actuales a 1.000 euros, que el Gobierno pretende llevar a cabo este año es una medida que se ha planteado de forma alejada de la realidad de las actividades económicas que diariamente tienen contacto con el consumidor”. De esta manera, el sector joyero se suma a la disconformidad manifestada ya por otros colectivos como la Asociación Nacional de Grandes Empresas de Distribución (ANGED) y la Confederación Española de Comercio.

Lo cierto es que las explicaciones que da tienen su razón de ser. Afirma que las propuestas deberían coordinarse con países de nuestro entorno cercano, cosa especialmente relevante en el marco de la Unión Europea. Y en ausencia de un marco común, dice que cuando menos deberían ponerse en el contexto de las acciones de nuestros vecinos. Y recuerda que hoy tan solo Francia tiene un límite tan bajo para las transacciones en efectivo, y el resto de países o bien establecen límites sustancialmente superiores, o sencillamente no ponen límite alguno, en base a sus propios criterios.

Pero a mi el argumento que veo más lógico entre los que aporta, es lo que ha sucedido en Italia. Allí estaban como ahora en España, desesperados por el fraude fiscal y la economía sumergida y decidieron rebajar las cantidades de pago en efectivo a 1.000 euros. Pues bien, les salió el tiro por la culata y tuvieron que dar marcha atrás al cabo de 4 años. Lo explicaba muy bien Piergiorgio Sandri en La Vanguardia del pasado 27 de noviembre.  En el 2008 el techo máximo era de12.500 euros. En el 2012, con el gobierno Mario Monti cayó hasta 1.000. Hoy, bajo la batuta de Matteo Renzi, ha vuelto a subir a 3.500 euros. Una marcha atrás en toda regla con el objetivo de reactivar el consumo. De alguna manera se llegó a la conclusión de que no era muy eficaz ser tan rígidos. Y por varios motivos. No sólo porque los italianos empezaron a viajar a Suiza, Francia y otros países vecinos para realizar sus compras o disfrutar de su tiempo de ocio en hoteles y restaurantes. Otros empezaron a fraccionar pagos en algunos servicios (al electricista o al dentista se le hacían dos pagos en efectivo de 600 euros en lugar de un transferencia de 1.200). “En cuanto al dinero fruto de actividades criminales, que se trataba de pillar, se ocultaba antes y siguió oculto después”, dice.

En España, el año 2007, en el pico de la especulación inmobiliaria, fue el de máxima circulación de billetes de 500 euros. El BCE calcula que uno de cada cuatro en circulación estaba en nuestro país, en forma de depósito de valor. Lo cierto es que en estos años la situación ha cambiado mucho. Hoy se ha bajado desde los 57.000 millones que había en el año 2007 a 32.000 millones.

Cuando el BCE decidió la paulatina desaparición de los billetes de 500 euros –se dejarán de producir en 2018- en mayo del año pasado, Draghi aseguró que “el billete de 500 euros es un instrumento para actividades ilegales”. No deja de ser curioso, sin embargo, que el país que más defiende que no desaparezcan estos billetes sea Alemania, donde el fraude, por cierto,  es menor.  “No conozco ningún estudio que pruebe claramente que las limitaciones a los pagos en efectivo sirvan realmente para luchar contra la criminalidad organizada, la evasión de impuestos y el terrorismo internacional», dijo su presidente Jens Weidmann.  En Alemania temen que sea el primer paso para eliminar el dinero en efectivo. Y no lo quieren. Algún día hablaremos de ello en el blog. No en vano es el país donde más se utiliza. Hoy, el 80 % de las transacciones se realiza en efectivo, aunque la tendencia es a la baja.

No creo, en definitiva,  que sea esta una medida efectiva. Hoy se estima que más del 50% de los billetes de 500 euros se encuentran en el extranjero, especialmente en zonas de conflicto, como Ucrania, u otros países como Rusia y Turquía donde se prefieren por el miedo a la inflación. Lo cierto es que en tiempos de monedas virtuales como el bitcoin -que permiten el traslado instantáneo de dinero fácil- guardar fajos de 500 euros suena ya a viejuno, ¿no?.  Creo que sería bueno aceptar la lección de Italia…