En el Mobile World Congress (MWC) un periodista de televisión preguntaba ayer a empresarios de distinto tamaño, si su presencia allí obedecía a un efecto escaparate o iban para hacer negocios. Todos ellos, sin excepciones, daban por descontado el efecto escaparate, pero afirmaban que ellos iban allí a hacer negocio, ya fuera directo o a establecer contactos con empresas extranjeras que les supusieran negocio (o capital) en poco tiempo. Y realmente los realizaban, como manifestaron, tras su experiencia de años de asistencia al MWC.
Tras escucharles, no pude por menos que recordar anécdotas puntuales, como el rechazo inicial que mostró la alcaldesa Colau hacia el Congreso –hoy es presidenta de la Fundación Mobile World Capital Barcelona- o realidades tangibles, como los casi 500 millones que se espera van a dejar los 100.000 congresistas en Barcelona y su entorno o incluso el peldaño de más en valor añadido a la marca Barcelona que supondrá el evento. Luego, me dio por pensar porque para un mundo esencialmente virtual como el que encierra este Congreso sigue resultando tan interesante y lucrativa una reunión presencial como esta de Barcelona.
Hace años que se discute sobre si las nuevas tecnologías podrán acabar con encuentros como este y sustituirlos por plataformas digitales. Ciertamente en las diferentes web empresariales está todo expuesto en 3D y se puede obtener la misma información (o superior) que en L’Hospitalet. Sin embargo, la gente –los profesionales- parece que todavía prefiere venir para ver, hablar, escuchar y tocar las novedades. Quizás este sea el motivo. Las novedades, no tanto los productos de las grandes sociedades que gastan millones en publicidad, como de las que presentan pequeñas empresas que nadie conoce y resultan muy difíciles de conectar vía internet, porque no se sabe de su existencia. Sin duda, las grandes beneficiadas deberían ser estas, que pueden realizar contactos directos -para venta de producto, de ideas u obtención de socios- que de otra manera, a pesar de todas las plataformas digitales existentes, resultaría mucho más complejo poder realizar.
En el certamen hay 2.000 empresas del sector procedentes de unos 200 países. Más de 100 son catalanas –un record de participación- la mayoría pequeñas, que esperan mucho del certamen. Lo veo y me tranquilizo. Compruebo que el mundo virtual todavía sigue necesitando al presencial. Menos mal. La suma de ambos parece augurar el éxito final. Que sea por muchos años.




