Ayer conocimos las cifras de la Contabilidad Nacional correspondientes al cuarto trimestre del año pasado y, por tanto, del ejercicio completo. Sobre los datos que había aportado el avance –crecimiento del PIB del 3,2%- no hay novedades, pero si resulta interesante observar como, en términos corrientes, casi se alcanza el nivel de 2008, que es la referencia antes de la crisis.
Me interesa especialmente un aspecto de la comparación, el cálculo del PIB por rentas, para ver qué ha sucedido con los salarios a lo largo de estos años, en comparación con los beneficios de las empresas. Vaya por delante que los salarios en la Contabilidad Nacional aparecen como “remuneración de los asalariados” y comprenden tanto el salario que recibe el trabajador como las cotizaciones a la Seguridad Social. Es decir, no es tanto la renta real del empleado como el coste de la empresa. Y por lo que se refiere a los beneficios, aparecen como excedente de explotación bruto, que es el saldo de explotación de las empresas.
Dicho esto, lo primero que se puede observar es que –en términos corrientes, es decir, euros de cada año- mientras la masa salarial global sigue por debajo de la registrada en 2008 (un 7%), los beneficios ya superan (un 2%) este nivel. Ello quiere decir que los beneficios han tenido una recuperación del bache más rápida que los salarios.
Ello queda reflejado en términos de participación en el PIB, ya que los salarios han perdido 3 puntos porcentuales entre 2008 y 2016, mientras los beneficios han ganado uno, y los otros dos puntos los han ganado los “impuestos netos sobre la producción y las importaciones” –los que se pagan sin referencia a los beneficios-. Dicho de otro modo, la composición del PIB ha cambiado con la crisis y el peso que han perdido los trabajadores lo han ganado las empresas y las administraciones.
Por grandes sectores, solo la masa salarial de los servicios está por encima del nivel alcanzado en 2008, mientras la correspondiente a la construcción se halla un 56% por debajo y la de la industria manufacturera, un 18%.
Si damos un salto y aplicamos la depreciación por la inflación, para ver el poder adquisitivo de la masa salarial global, las cosas empeoran, ya que en estos años el IPC ha subido un 10,1%. Aplicando este índice, resulta que la masa salarial global, en términos de poder adquisitivo, estaba en 2016 un 15% por debajo de la registrada en 2008. Eso sí nos afecta a todos directamente. A unos más que a otros, claro.




