“Me conformo con ganar al mes un minuto de su vida”

El titular no es mío. Me lo sugirió ayer -al responder un tuit en el que comentaba las ganancias por dividendos de Amancio Ortega que se elevarán este año a 2.379 euros por minuto- una estudiante que está acabando la carrera de comunicación e industrias culturales en la UB. Amanda decía “yo me conformaría ganando al mes un minuto de su vida”, . Me hizo pensar que muchos jóvenes no ganan ni medio minuto de vida del todopoderoso dueño de Zara y, por supuesto, aún menos, 20 segundos. Diréis que es una exageración compararse con el hombre más rico de España y uno de los más ricos del mundo, lo acepto. Pero podría hacerse, por ejemplo, con otra gente menos conocida, como los directivos de TMB, cuyos salarios se han conocido en días pasados –muy por encima de los 100.000 euros- y extrapolando la relación que hacía Amanda, saldrían un par o tres de días de ellos por un mes de trabajo de un joven.

Lo peor del caso es que hablamos mucho de ello pero la tendencia se mantiene desde que entramos en la deflación competitiva en los salarios, al estar amarrados exteriormente por la rigidez del euro. Hoy hemos sabido que el coste laboral medio por trabajador y mes (que incluye las remuneraciones y las cotizaciones sociales) ascendió a 2.649,9 euros en el cuarto trimestre de 2016, lo que supone un descenso del 0,8% respecto al mismo periodo de 2015, según el INE. Con este recorte interanual, el más pronunciado desde el primer trimestre de 2013, el coste laboral encadena cuatro trimestres consecutivos en negativo después de caer un 0,2% en el primer trimestre de 2016, un 0,1% en el segundo y un 0,5% en el tercero. ¿Hasta cuando?

Cierto que ya hay voces empresariales que piden una reversión de esta tendencia –porque atenta directamente al consumo futuro de sus productos- pero nadie acaba de dar un primer paso con firmeza…

Con las diferentes caídas de salarios según niveles de remuneración –los menores caen más-, las desigualdades de rentas entre los españoles se están ampliando. Eurostat coloca a España como el país de la UE-15 donde más han crecido estas desigualdades en los años de crisis (2008-2015) y donde más altas son. La diferencia entre el 10% que más gana y el 10% que menos gana, superamos las 5,5 veces, frente a las 5 de Gracia o a las 4,8 de Portugal que nos siguen, pero muy lejos del 3 de Dinamarca u Holanda. Con la crisis también somos el país donde más ha crecido la desigualdad (más de un punto). Eurostat utiliza también otro método para medirla, el índice de Gini, que sigue colocándonos en el furgón de cola europeo en la desigualdad.

¿Que les espera a Amanda y sus amigos cuando el curso que viene afronten la realidad del mercado laboral con el título bajo el brazo? Pues una situación complicada. Al margen de los problemas propios del sector  deberán enfrentarse a otra tendencia que está tomando cuerpo entre los directores de recursos humanos de grandes empresas mundiales. En el pasado Foro de Davos, el CEO mundial de Adecco, una de las compañías de recursos humanos más importantes del mundo, aseguraba en una entrevista que “dada la rapidez con la que se producen los cambios, el viejo paradigma de estudiar una carrera seguida por una trayectoria en ese campo ya no funcionará. Hoy aprender a lo largo de toda la vida es una obligación, y está en las manos de los empleadores y de los gobiernos invertir en formación, y en la de los empleados comprometerse para actualizar constantemente sus habilidades”.

No menos tajante fue el jefe de recursos humanos de Google, una compañía que era famosa por pedir a todos sus candidatos un brillante expediente académico y una puntuación elevada en determinadas pruebas, al asegurar que “una de las cosas que hemos aprendido tras analizar todos los datos de nuestro proceso de selección es que el expediente académico y la puntuación de los candidatos en los tests son inútiles como criterio de contratación”. Lo que nos están diciendo es que los tiros van por otro lado: por el de primar las habilidades. El CEO de Adecco apuntaba la clave: “Las habilidades duras son fundamentales, pero es incluso más importante que los estudiantes aprendan a aprender y se centren en habilidades blandas cruciales como la flexibilidad y la capacidad de adaptarse al cambio”.

Puede que Amanda y sus amigos no acaben de entender porque se les dice que debían aplicarse en estudiar cada vez más. Por cierto, ¿dónde enseñan a adaptarse al cambio? A mi no me extraña, tengo unos cuantos años más que ellos… y también me cuesta de entender.