El IPC de marzo en el 2,3%, pero, ¿a quién le importa ya?

 

Hace unos años, quizás no tantos, el IPC era un índice esperado porque había magnitudes clave que dependían de él. Hoy ya no es así. No se si es mejor o peor. Ni si son mejores los indicadores elegidos para sustituirle, siempre pensando en el ciudadano, pero la realidad es la que es. Lo que parece cierto es que ya no se volverá a encontrar un índice que funcione por consenso, porque en realidad el IPC no refleja la subida real del coste de la vida de una familia o individuo. Se toma a base a las encuestas de presupuestos familiares y al no reflejar la realidad de nadie se acepta que es la de todos. ¿Gastasteis en tu familia 27.420 euros en 2105? ¿no? Pues ya no estás en la media y ¿de tu gasto un 19% fue a la alimentación?, pues tampoco estás. ¿Y en vivienda un 12,5% o en transporte un 15,5%?, lo siento pero tampoco encajas. Estas son las ponderaciones que se revisan cada año en el importe total de la cesta de la compra, en función de la encuesta de presupuestos familiares que se realiza a 24.000 familias en España.

La realidad es que cada uno de nosotros tiene su IPC. Si eres capaz de ver lo que gastas y en que lo haces y eres capaz de repetirlo al año siguiente solo entrones podrás saber su propio IPC. Si gastas poco en comida, porque vas mucho a restaurantes, por ejemplo, puede que no te salgan los números con los oficiales o si gastas más de 12,5% en vivienda, tampoco. Y dirás lo que antes, cuando se seguía más, “el IPC no sirve para nada, me dicen un 0,1% de subida y yo gasto mucho más”… y tendrás razón. Tanta que te han escuchado.

Antes el IPC era esperado por los asalariados para ver cuánto subirá el convenio. Hasta los pactos de la Moncloa, si no recuerdo mal, se hacía a IPC vencido. Por ejemplo, si en 1975 los precios subieron un 14%, los convenios para 1976 se pactaban con referencia a esta subida, para recuperar el poder adquisitivo perdido. Cuando se llegó al 26.5% en 1977, se dijo basta y se hicieron por año adelantado, perdiendo los asalariados una cifra importante de poder adquisitivo, aunque eso sí, se añadía una cláusula de garantía salarial, por la que si la subida pactada era menor que el IPC real al final del año, se cobraba una compensación por la diferencia entre ambos. Pues bien, antes de la crisis el 66% de asalariados que tenían convenio estaban asegurados con esta cláusula, mientras en 2016, solo el 20% la tenían. Los salarios van cada vez más por subidas en base a otros parámetros, como la productividad, con lo que el IPC queda relegado a un segundo o tercer término.

El otro gran servicio del IPC era para las pensiones. Estas subían al compás de los precios. Pero al aumentar el número de pensionistas y bajar el de cotizantes, se cortó por lo sano, aprovechando años de IPC nulo o negativo para desligarlas del mismo. Y así será en el periodo entre 2013 y 2022. Tampoco, pues, aquí ya se espera a noviembre cuando se veía si habría cláusula de revisión, igual que pasaba con los salarios.

Y el tercer gran uso del IPC era en los alquileres. Y digo era porque ya no lo es para todos. Hoy, actualizar lo que se paga de alquiler según la variación anual del IPC es algo previsto por la Ley en todos los contratos firmados antes del 6 de junio de 2013. Y aunque todavía la mayoría de los firmados después también tiene esta cláusula, lo cierto es que ha dejado de ser obligatoria.

Sin estas cuatro referencias hasta hace poco claves: MI coste de vida, MI salario, MI pensión o MI alquiler, el IPC ya nos importa muy poco… o eso creo, sinceramente.