El ministro Luis de Guindos, en una entrevista en “El País” de hoy dice que sí. Que selectivamente, pero que sí. Que algunas empresas -las que ya están en pleno despegue- ya pueden subir salarios. Sabe que han caído durante la deflación competitiva que hemos tenido que aplicar en este país y que el consumo no va a seguir tirando de la economía, como hasta ahora, si no se hace algo y con urgencia. No olvidemos, que una parte del consumo familiar de estos últimos años de recuperación, ha venido de dinero que hemos embalsado durante la crisis, por lo que Keynes llamaba “motivo precaución”, es decir, cuando las cosas no pintan claras en un futuro inmediato. Ahora, este desembalsamiento parece estar llegando a su fin y es hora de afrontar la realidad. Sin más salarios, no habrá más consumo.
¿Y qué ha pasado con los salarios hasta ahora para hacernos más competitivos? Según los datos del INE, el salario real cayó un 1,5% en los tres años que van de 2011 a 2014. Sin embargo, este dato nos dice mucho, pero bien poco, al mismo tiempo, ya sabéis, por aquello del reparto. Pues bien, ese deterioro ha estado claramente mal repartido, en detrimento de los trabajadores que cobran menos: mientras que para el 10% de los asalariados que gana más el sueldo real creció un 0,7% en esos tres años —y un 10,4% en los tres años anteriores— para el 10% que menos gana la pérdida de poder adquisitivo acumulada desde el inicio de la crisis ha sido de un durísimo 27,6%.
Según otras fuentes la cosa ha ido aún peor. Por ejemplo, los datos de la agencia Thomson Reuters muestran que, desde que estalló la crisis, el salario real en España se ha reducido en una cuarta parte, mientras que en Estados Unidos y Alemania ha subido un 5% y en Reino Unido ha caído un 7,5%. La oficina de estadísticas europea, por su parte, Eurostat recuerda que, en apenas ocho años, el sueldo anual del español medio –otra vez el medio- ha bajado en 2.000 euros.
Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), los sueldos en nuestro país han bajado de forma consecutiva a lo largo de los últimos ejercicios: en 2010, por ejemplo, bajaron un 1,1%, mientras que un año más tarde descendieron un 1,9%. Ya en 2012 cayeron un 3% mientras que en 2013 cedieron otro 1,5%, lo mismo que en 2014.
Y a nivel global, está la Contabilidad General de 2016 que conocíamos hace un mes, donde se explica el PIB según las rentas obtenidas por los agentes, veíamos la evolución de las grandes magnitudes. Lo primero que se puede observar es que –en términos corrientes, es decir, euros de cada año- mientras la masa salarial global sigue por debajo de la registrada en 2008 (un 7%), los beneficios ya superan (un 2%) este nivel. Ello quiere decir que los beneficios han tenido una recuperación del bache más rápida que los salarios.
Ello queda reflejado en términos de participación en el PIB, ya que los salarios han perdido 3 puntos porcentuales entre 2008 y 2016, mientras los beneficios han ganado uno, y los otros dos puntos los han ganado los “impuestos netos sobre la producción y las importaciones” –los que se pagan sin referencia a los beneficios-. Dicho de otro modo, la composición del PIB ha cambiado con la crisis y el peso que han perdido los trabajadores lo han ganado las empresas y las administraciones.
¿Se va a arreglar para el trabajador este cambio de peso relativo? A corto plazo, seguro que no. Y ello por tres razones principales. La primera es que los mismos trabajos que se hacían en 2008, hoy se pagan menos y esta cifra será referencia todavía durante un tiempo, mientras siga el paro alto. La segunda es que los convenios colectivos tienen menos peso y la individualización de la negociación, no acostumbra a jugar a favor del trabajador y la tercera es que incluso en aquellas empresas que vayan bien, les va a costar subir salarios –y aceptar menos beneficios- a menos que se enfrenten a la pérdida de talento irrecuperable, algo que solo sucede en sectores muy puntuales.
Por otro lado, en estos años la inflación ha actuado como espejismo al situarse en el lado negativo de la balanza (por la caída del petróleo), pero ello no debe hacernos olvidar que hemos dado un paso atrás en toda la economía, en el sentido de que hoy priva el low cost en casi todo y, donde no llega, nos hemos sacado de la manga la economía colaborativa. Todo ello lo hemos hecho para adaptarnos, pero nos ha quedado una situación difícil para vivir el día a día, a nivel individual, aunque las grandes magnitudes nos digan que vamos mejor (lo que también es cierto). En definitiva, aunque no tengo muchas esperanzas, sería bueno que hubiera una ruptura de esta espiral infernal que nos lleva a ver como normales salarios que son tercermundistas o, por lo menos, impropios de un país desarrollado de la UE.




