Con el IPC al 2.6%, ¿cuánto pierden ahorradores y pensionistas?

 

Hoy se ha confirmado el IPC del mes de abril y la tasa interanual -2,6%-sube tres décimas con respecto a marzo. Probablemente se relajará algo en los próximos meses, por la forma en que se calcula, pero parece que se va consolidando la subida de precios. Y me baso en un dato importante, la inflación subyacente, la total menos la energía y alimentos no elaborados, ha pasado del 0,9% al 1,2%. La vivienda está subiendo al 5% anual y este mes le ha tocado a los alojamientos turísticos, pero en general, el repunte en los precios parece un hecho.

La normalización de los precios, pone en aprietos a una serie de colectivos que difícilmente podrán conservar su nivel de poder adquisitivo. El más preocupante es el de los pensionistas, que en 2017 por cuarto año verán aumentadas sus pensiones al 0,25% (unos 2 euros al mes en promedio). La desvinculación del IPC procede de la reforma de 2013, años en los que se hablaba (de forma incorrecta) de deflación, con crecimientos negativos en el IPC por la caída del precio del petróleo.

Están los asalariados. El año 2016, la media de subida en los convenios colectivos fue del 1,06% y para este año la CEOE pide un tope del 2%, mientras para los empleados públicos, Montoro quiere un 1%. De todos modos, la desvinculación de subidas al IPC y su acercamiento a las ganancias de productividad hace difícil que las medias sean muy representativas, ya que las diferencias entre empresas pueden ser notables. De todos modos, no sería extraño que 2017 fuera otro año de caída de poder adquisitivo en los salarios, que desde que empezó la crisis lo han hecho alrededor del 9%, según el INE. Este es un aspecto que preocupa en Europa, ya que sin ganancia de poder adquisitivo, difícilmente mejorara el crecimiento de la economía que tienen en su vertiente doméstica la referencia. Según el BCE hay un paro encubierto que no revelan las estadísticas que estaría frenando las subidas salariales. Calcula el informe que para España la tasa real de paro estaría en el 30%, por ejemplo.

Y están también los ahorradores. Draghi ha vuelto a asegurar la laxitud de la política monetaria con tipos nulos, lo que lleva a los ahorradores a ver como inexorablemente sus ahorros pierden poder adquisitivo año tras año, ya que la remuneración que les ofrece el banco es prácticamente nula. En fondos monetarios y de renta fija, la rentabilidad puede ser perfectamente negativa y quedan las inversiones con riesgo, cuya decisión y gestión no es aconsejable a los profanos en la materia. Por supuesto queda la inmobiliaria, a través de la compra y posterior alquiler, pero aquí hay un problema para los particulares: la iliquidez de la inversión. Ayer lo explicaba muy bien en su blog Anna Gener, directora general de Aguirre Newman Barcelona: “habría que pedir cautela a los pequeños ahorradores que invierten gran parte de sus recursos en la adquisición de una vivienda con el objetivo de ponerla en alquiler, pues si cambia el ciclo y desean recuperar liquidez, se pueden encontrar sin posibilidad de vender ni en el momento ni en el precio deseados”. Más claro, el agua.

Ciertamente la inflación no es un problema en sí, pero sí lo es para segmentos de población como los citados en los que están perdiendo comba. Encontrar aquí el equilibrio no es fácil, porque hay factores contrapuestos en juego. Pero algo habrá que hacer