El caso Bankia o la confianza perdida

 

Leo esta mañana que el juez de la Audiencia Nacional Fernando Andreu ha dado por concluida la instrucción del caso Bankia. El magistrado considera probado que los administradores de BFA y Bankia “aprobaron unas cuentas maquilladas sobre la verdadera situación de las entidades que administraban, que no reflejaban la imagen fiel de las mismas, de manera que no mostraban la verdadera situación económica de la Entidad con el consiguiente perjuicio tanto para los que posteriormente suscribieron acciones de la mercantil cotizada, como para el Estado”.  Por todo ello, el juez Andreu considera que debe procederse contra los miembros del Consejo de Administración que adoptaron las decisiones y contra el auditor, como colaborador necesario.

En cambio, exonera al Banco de España y a la Comisión Nacional del Mercado de Valores. “No parece razonable -señala Andreu- exigirle que constatara por sus propios medios que los estados financieros incluidos en el folleto y avalados por el auditor representasen la imagen fiel de la entidad”. Respecto al Banco de España, el juez reitera que no fue decisión suya la salida a Bolsa, aunque no se opusiera a ella.

El primer paso en este proceso acaba con el Consejo y el auditor como imputados y CNMV y Banco de España, exculpados.

Creo que la primera parte es lógica, ya que quienes maquinaron la salida a bolsa y maquillaron las cuentas eran los de dentro y contaron con la aquiescencia del auditor. En cambio, no veo tan lógica la exculpación del Banco de España por “considerar que no participó en la ficción de aparentar solvencia donde no la había”. El Banco de España, como supervisor, es quien mejor debe conocer las cuentas de la entidad, para ello tiene a sus inspectores y más, en este caso, cuyo proceso debía haberse seguido con lupa. No se habla del Gobierno. Evidentemente, no entra en la cuestión directamente, pero podría haber presionado a todos para tirar adelante la salida a bolsa, en unos momentos convulsos para la economía española, donde las apariencias contaban tanto como los hechos.

A mi me preocupa de todo ello, la lectura que pueda hacer el ahorrador, primero, y el ciudadano, después. ¿Qué confianza puede tener en los números que le presenta una empresa –y ya no hablo de las que no están en bolsa- si entre consejeros y auditores le dan una imagen no real de lo que es? Y en el caso de los que entran en el mercado con acciones de bancos, ¿qué confianza pueden tener en el Banco de España? Parece que nos hemos olvidado ya del episodio que liquidó en un plis plas las cajas de ahorros de nuestro país. Allí es donde jugó un papel más que dudoso, ya que la autoridad del supervisor sobre ellas era total. Y hubo permisividad con unas inversiones inmobiliarias que debían llevar –a la mayoría- a la ruina, como así fue. Algún día se sabrá qué pasó realmente. Pero de momento, si consejos de administración, auditores y supervisor –en el caso de la banca- ofrecen dudas, no pidan mucha confianza. Más bien debería colocarse como el gran objetivo a recuperar por parte de todos. Casos como el que comentamos hoy, no ayudan precisamente a hacerlo