Ayer Forbes lanzaba la noticia y todos los medios rápidamente se han hecho eco. Hace menos de dos meses Jeff Bezos, CEO y fundador de Amazon, se convirtió en el segundo hombre más rico del mundo, dejando atrás al genio detrás de la firma de inversión Berkshire Hathaway, Warren Buffett, y este jueves destronaría a Bill Gates como la persona con la cartera más poderosa del planeta.
Cuando los mercados abrieron este jueves, Bezos tenía una fortuna neta de 90.6 mil millones de dólares (mdd), colocándose 500 mdd por delante de Gates. La acción de Amazon abrió en 1.6%, agregando 1.4 mil mdd a la fortuna de su CEO, suficiente para ponerlo por delante del filántropo multimillonario. Amancio Ortega, Warren Buffet, Carlos Slim… son personas habituales que se van alternando en ese ranking curioso que se publica desde los ochenta y que ha aumentado la notoriedad de la revista Forbes.
En realidad, en el fondo, nos importa un pito quien sea más rico hoy o mañana, pero pica la curiosidad, porque estamos en el tiempo de los rankings para todo. El libro más vendido, la canción más escuchada, la película más taquillera, el mayor “share” de una tele… Parecería que el primero fuera el mejor, cosa que ni en libros, ni en música, ni en tele, ni en pelis es verdad. Pero nos gustan los ranking, ¡qué le vamos a hacer! Quizás por aquello de que nos han hecho competitivos.
De todos modos este ranking concreto de los ricos tiene trucos. Por ejemplo, ¿sabíais que Donald Trump hace un par de años se enfadó mucho con la revista porque le daba una fortuna de solo 4.000 millones? “Me estoy postulando para ser presidente. Valgo mucho más de lo que me habéis calculado. Para ser honesto, así no me veo bien. Quiero decir, que tengo mejor pinta si valgo 10.000 millones que si valgo 4.000 millones”, dijo el hoy presidente a la revista en 2015.
O el enorme mosqueo que pilló hace tres años el príncipe saudí Al-Walid ben Talal, porque le colocaban en el puesto 26º con solo 20.000 millones de $, cuando el afirmaba tener mucho más… la lista de agravios es larga.
Lo que sorprende, como hace un tiempo ponía de relieve Oxfam, es que en esta lista no aparezcan reyes, ni dictadores, ni capos de la droga… ni algunas de las familias más poderosas del mundo, como los Rothschild y los Rockefeller. Algunas razones tendrán… y es que como dijo John D. Rockefeller “el único problema que tiene la riqueza es, ¿qué haces con ella?”.
El gran asunto es a quien ponen y a quien, no, y porqué. No lo sabemos, como tampoco las riquezas escondidas que los millonarios tengan en paraísos financieros o los bienes a nombre de testaferros. La revista dedica 6 meses en buscar los datos, antes de publicarlos, pero no siempre la forma de calcularlos, sobre todo en empresas que no están en bolsa, son excesivamente acertados, al decir de los millonarios de todo el mundo que protestan por considerar que están demasiado atrás en el ranking.
Bien, olvidemos los “fantasmas” y centrémonos en la publicación. Para ello es bueno recordar el análisis que publicó “el País” hace un tiempo sobre las cinco lagunas que existían a la hora de calcular las fortunas de Forbes:
- Solo patrimonio empresarial. A la hora de calcular la fortuna, Forbes tiene en cuenta las participaciones (como acciones), fondos (por ejemplo, sicavs) y otros activos empresariales. Pero ni las inversiones privadas (casas, joyas o yates) ni el dinero en cuentas corrientes se incluyen.
- Fuentes limitadas.Forbes solo dispone de la información accesible de manera pública, como el regulador bursátil (la CNMV) o el Registro Mercantil.
- Cuentan los activos, pero no los pasivos.Si un empresario posee parte de una empresa, se le atribuye a su fortuna el precio de esas acciones, pero no la deuda de la empresa.
- ¿Familias o individuos?Forbes no incluye 100 millonarios, sino 100 fortunas. En ocasiones se las atribuye a una persona, y en otras a una familia. ¿Con qué criterio? Bastante aleatorio. Los Albertos, primos (Alberto Cortina y Alberto Alcocer) aparecen como una sola fortuna. Esther y Alicia Koplowitz, hermanas, son dos…
- Valor en libros contra valor en Bolsa.Cuando las empresas no cotizan —como Mango, Mercadona o El Corte Inglés—, ¿cómo calcula Forbes su precio para asignárselo a las fortunas de sus dueños? Con el valor en libros, que en general no refleja el valor real o actual de la empresa.
En definitiva, una caída fuerte en la bolsa, por ejemplo, borraría de la lista a muchos de los que hoy la encabezan. Contar también el endeudamiento y hacer el neto de la riqueza, también provocaría cambios. Y no hablemos si se pudiera hurgar en las cuentas escondidas. Podría cambiar totalmente. Pero parece que nos gusta o quizás al editor le interese que estén en la cima personas hechas a sí mismas (Bezos, Gates, Ortega…) y con arrebatos filantrópico-fiscales para glorificar el sistema y le interese menos explicar dónde está de verdad la riqueza heredada, el poder…




