En La Vanguardia de hoy, Carles Castro hace un examen de algunas de las desigualdades que hay en España y como algunas suponen un agravio comparativo para Cataluña, entre lo que aporta a España y lo que recibe de ella. Dedica una parte de su artículo al punto que más quema en Cataluña: las infraestructuras. Hablando del tren, comenta la existencia de un modelo radial que permite viajar en alta velocidad de Cuenca a Albacete o de Segovia a Zamora, pero no de Valencia a Barcelona (donde todavía queda algún tramo de vía única como ocurría en buena parte de las líneas entre Zaragoza y Barcelona antes de la apertura del AVE). Con todo, dice que el mayor agravio, el que más nota el ciudadano, es en las carreteras. Todos sabemos que habitualmente entras o sales de Barcelona, pagando. Así, dice que con datos del 2015, la correlación entre autovías libres y autopistas de peaje brinda la mejor imagen del agravio comparativo. Mientras Catalunya cuenta con la red de pago más extensa de España (633 kilómetros, cuatro veces más que Madrid, el triple que Andalucía y ambas Castillas o el doble que Galicia, cuya superficie es similar), sus kilómetros de autovía (815) suponen casi una tercera parte de los construidos en Andalucía o Castilla y León, la mitad que en Castilla-La Mancha y sólo un 30% más que en Madrid, pese a que Catalunya cuadruplica su superficie. Y otro ejemplo vistoso de la discriminación inversora se aprecia en el trato que recibe el aeropuerto de Barcelona en contraste con el de Madrid, pese a que El Prat registra un tráfico de pasajeros (44 millones anuales) muy cercano al de Barajas (50 millones) y unos resultados (339 millones de euros) muy por encima de los de Madrid (27 millones). La inversión en Barajas para los próximos cuatro años, en cambio, triplica la destinada a El Prat.
Siguiendo el hilo, me gustaría ir un paso más allá, desde un punto de vista estrictamente económico. Mirad, Cataluña ha realizado un enorme esfuerzo en un apartado vital para su economía: la internacionalización de sus empresas. Hoy las exportaciones son, sin duda, la bandera del éxito conseguido en este terreno. En el primer semestre han crecido un 9,5% respecto al mismo período del pasado año y desde el año 2000 hasta hoy, prácticamente se han doblado. Algunos apuntan que la pasada crisis –sobre todo en la demanda interna- ha obligado a salir al exterior a las empresas catalanas. Eso no es cierto. Desde el año 1995 al 2000 se doblaron y desde el 2000 al 2017 se han vuelto a doblar. Ha habido un crecimiento desde muchos años atrás, ya que desde hace mucho se había convertido en el objetivo principal, una vez alcanzado un nivel de calidad en los productos que era competitivo con los mejores. En estos años, las exportaciones catalanas ganan cuota de mercado en el mundo y entre los países adelantados desde 2014, indicativo de un aumento de la competitividad. Y un hecho que no puede ser pasado por alto, se está produciendo un proceso de sustitución de importaciones por producción interna derivada de una mejora de la competitividad.
Sin duda, el reto de la economía catalana es que crezca la base de empresas exportadoras regulares, que son las responsables del crecimiento de exportaciones del país y las que se acaban integrando en las cadenas de valor global. Durante el pasado año, más de 16.600 empresas catalanas han exportado de manera regular. Se trata de compañías que han vendido en el exterior durante los últimos 4 años de manera consecutiva. Actualmente hay 3.424 empresas exportadoras regulares más que el 2011, y un 34% de las compañías exportadoras regulares del Estado español son catalanas. En realidad, se ha alcanzado un número récord de empresas exportadoras regulares, que ha aumentado un 40% entre 2003 y 2016 y el 31% de ellas exportan más 500.000€. La base sigue creciendo y lo ha de hacer mucho más.
Bien, estos son datos que han sido conseguidos con un enorme esfuerzo. Para ser competitivos, el producto ha de ser muy bueno, el precio también, la gente ha de estar muy preparada y para amalgamar todo ello ha de haber existido una inversión en tecnología importante. Todos estos pasos se han hecho, incluso la inversión extranjera ha colaborado y no poco. Sabéis que no es correcto en este apartado comparar un año con otro, ya que una gran inversión puede desvirtuar la comparación. Por ello se han de tomar períodos. Pues bien si tomamos, por un lado, la media de 1993-2009 y la comparamos con la de 2010-2016 resulta que prácticamente se ha doblado, alcanzando un máximo histórico en 2016. Son datos de la Memòria Econòmica de Catalunya de les Cambres.
Y, por supuesto, queda otro elemento crucial. El poder sacar de fábrica el producto y hacerlo llegar a su destino de forma rápida y lo menos costosa posible. Y ahí es donde la empresa, por bien que haya trabajado su logística se encuentra con un elemento externo en el que no puede actuar: las infraestructuras de transporte. Visto lo que explicaba Carles Castro diría que hemos mejorado las exportaciones a pesar de un freno tremendo, los cuellos de botella en carreteras ferrocarriles y accesos al puerto de Barcelona. Sólo añadir que las inversiones públicas en infraestructuras de transporte el año 2015 (último que se conoce) ejecutadas en Cataluña, supusieron el 9,9% de las realizadas en España y que desde el 2013 han supuesto el 11%, frente a la aportación del 19% de Cataluña al PIB español.
Otro de los aspectos de los que se quejan con razón las empresas catalanas es el precio de la electricidad que deben pagar y es superior al de sus competidoras europeas. Pues bien, desde 2108 la cosa se complica, según advierte la Cambra de Comerç de Barcelona. Según la misma, en el acuerdo firmado entre PP y PNV por la aprobación de los Presupuestos del Estado para el 2017, el Gobierno español se ha comprometido a englobar las tensiones de 30kV en 36kV en la tarifa 6.2 a sufrir de 2018, hecho que supondrá una pérdida directa de competitividad para las empresas catalanas. La consecuencia de ello, es que una empresa industrial suministrada en tensión de 25kV (la más habitual en Cataluña) acabará pagando un sobrecoste del 45% para el concepto de “peaje de acceso” y, como consecuencia, su factura eléctrica será entre un 15% y 20% superior a la de otra industria de las mismas características pero suministrada a 30kV (mayoritariamente ubicadas en el País Vasco, pero también en Navarra, Andalucía, Castilla y León, Cantabria o Asturias).
Lo dicho, el esfuerzo para seguir creciendo en la exportación desde Cataluña es titánico.




