Desde que estudiaba economía siempre me ha fascinado la idea de la economía sumergida y su cálculo. Han pasado muchos años y la tecnología ha aumentado una barbaridad, sin embargo, calcular la economía oculta, cifrarla, sigue siendo si no tan difícil como entonces, sí muy difícil de atinar. Siempre recuerdo el ejemplo que me explicaban en clase de Nápoles, donde en su puerto se cargaban cajas y cajas de guantes de piel, mientras no había ninguna empresa registrada en los alrededores. Sí, ya sé que Italia es el paradigma de la economía oculta, pero esa no es la cuestión. Cómo averiguar qué valor tenían, esa sí es la cuestión. O el de circular hace unos cuantos años por calles con poco alumbrado de alguna ciudad del Vallès por la noche y oír telares en marcha tac-tac-tac-tac sin que hubiera fábrica alguna a la vista. Quien sabe cuánto producían…
Hoy Piergiorgio Sandri publica un interesante artículo sobre el tema en La Vanguardia. Comenta estos problemas a raíz de un estudio del IAW de la Universidad de Tubinga, en Alemania, uno de los institutos más reputados a la hora de calcular el peso de la economía en la sombra en los distintos países. El Foro Económico Mundial de Davos esta semana acaba de hacerse eco de sus resultados, que recogen datos recopilados entre los años 2014 y 2016. Los tres grandes países del área del Mediterráneo –Italia, España y Grecia– pueden presumir de tener el porcentaje más elevado de transacciones económicas sin declarar. En este caso, un 21,5%, un 19,8% y un 17,2% del PIB, respectivamente.
Evidentemente, la economía sumergida es un fenómeno complejo y difícil de estimar, tanto por la controversia existente respecto a las actividades que en ella se recogen, como por su deliberada ocultación por parte de quienes desarrollan este tipo de actividades. Estas circunstancias provocan que su medición sea costosa y que existan divergencias muy grandes en los resultados obtenidos. En España, va desde este 17,2% al 24,6% que estimaban los miembros de GESTHA hace un tiempo. Lo cierto es que no lo sabemos, por ello hay que ser humildes al respecto.
Me ha interesado un trabajo de grado realizado en la Universidad de Valladolid a finales del pasado año, en el que su autora -Clara Peiret García- exlica muy bien los métodos actuales de cálculo, ya sea directo, indirecto, por encuestas o por modelos y examina de una forma rigurosa y académica los pros y contras de cada uno de ellos, concluyendo que entre todos nos pueden ayudar a aproximarnos a la realidad, pero no a saberla. En España, cabe destacar que el nivel de economía sumergida ha descendido en los últimos años aunque la crisis económica de 2008 afectó de forma negativa e incrementó su volumen. Peiret desgrana por sectores y territorios las diferencias que hay en España. Actualmente, dice, las cifras rondan el 20% del PIB. Por comunidades autónomas, es notable la relación directa que existe entre desempleo y economía sumergida, siendo Andalucía, Extremadura y Canarias (entre el 27 y el 30% de economía sumergida) las regiones peor situadas. La situación de estas comunidades contrasta con la de otras regiones como la Comunidad de Madrid (16%), Cantabria o Aragón, lo que implica que existen grandes divergencias interregionales. Aquí estaría apuntando algo que siempre se ha dicho en voz baja y es de sentido común: que el paro que da la EPA al no tener en cuenta esta realidad, estaría sesgado al alza.
Luego, analizada por sectores, afirma que la economía sumergida se concentra en determinadas actividades, entre las que destacan la construcción, el comercio, los servicios de reparación y la hostelería. La importancia de estos sectores sobre el PIB de la economía española puede explicar el elevado número de puestos de trabajo en el sector irregular que se han generado en los últimos años, superando en 2008 los 4 millones de trabajadores. Cabe destacar que, igual que en los mercados de trabajo oficiales existe dualidad, en el mercado laboral sumergido no todos los trabajadores se encuentran en las mismas condiciones. Sin embargo, todos ellos tienen en común que parte o la totalidad de su sueldo no es declarado a las autoridades y que por tanto, perderán derechos sociales.
Por último, recuerda aquello tan manido de que la economía sumergida, supone un colchón para quienes sufren situaciones de desempleo y sobre todo, desempleo de larga duración –algo que se ha esgrimido en multitud de ocasiones para justificar la vista gorda de las autoridades- afectan al conjunto de la sociedad y a quienes defraudan, por la pérdida de derechos que ello les supone y al resto de ciudadanos, a través de la merma en el volumen y/o en la calidad los servicios públicos.
Añade un dato que me ha parecido interesante, ya que desmiente otro de los tópicos que se usan a menudo: el de la correlación entre presión fiscal y economía sumergida. A pesar de que suele afirmarse que a mayor nivel de presión fiscal, mayor será el volumen de economía sumergida, el análisis de los datos disponibles para los 28 países que conforman la Unión Europea revela que los países con niveles de presión fiscal más elevados cuentan, precisamente, con niveles de economía oculta muy inferiores a la media. Esto significa que la presión fiscal por sí sola no determina el volumen de economía sumergida, sino que intervienen otros factores como el uso que se haga de los recursos fiscales, la progresividad del sistema, o la propia moral fiscal de los ciudadanos.
Creo que en España se unen tres factores que ayudan a la economía sumergida en estos momentos. Por un lado, el cultural. En España aún no estamos convencidos de la moralidad de pagar impuestos. Ciertamente ha mejorado en los últimos años, pero no pagarlos no ha estado mal visto socialmente, sino a veces, todo lo contrario. Que hemos de superar la moral del Lazarillo de Tormes, vaya. Un segundo punto es que viendo el nivel de corrupción entre los políticos que existe en el país, mucha gente lo tome como excusa para autojustificar su ya de por su laxa moral en este sentido. Digamos que no ayuda a moralizar en este sentido a la gente, el comportamiento de muchos de sus dirigentes. Y hay un tercero, muy real, que es el de aquellas empresas marginales –y son muchas- que no podrían sobrevivir en la economía actual al aire libre. A causa de sus bajísimos márgenes. Solo pueden hacerlo a base de trabajar en falso. Aquí tenemos un problema grande, desde hace muchos años.




