El nulo o muy bajo crecimiento del salario es un problema para la economía española, si bien el fenómeno va más allá de nuestro país. Así lo han hecho ver incluso diversos empresarios y organizaciones que saben que es hora de que la demanda interna tome el relevo de las exportaciones –o las ayude- para mantener la recuperación de la economía. Sobre este tema acaba de aparecer el último número de Cuadernos de Información Económica, publicación editada por Funcas, en el que se examinan diversos aspectos de los salarios durante la recuperación económica, tanto de forma directa como en conexión con otras cuestiones como las exportaciones o el consumo. Por su interés os paso algunos de los aspectos más interesantes que podéis encontrar –si tenéis interés en ello- en la publicación.
En un primer artículo se analizan los cambios en la distribución salarial y las características de los nuevos contratos de trabajo, dado que el mayor peso del ajuste ha recaído sobre los trabajadores que cambiaron de empleo entre 2008 y 2015. El resultado es apabullante, ya que los nuevos contratos firmados en 2015 conllevan una reducción de los ingresos, en términos reales, del 12% en comparación con los firmados en 2008. Esta menor remuneración no tiene que ver ni con la temporalidad (también existía antes de la crisis), ni con un supuesto sesgo hacia sectores de baja productividad. Las menores ganancias reflejan las nuevas condiciones del mercado de trabajo, que retribuye peor que antes el mismo tipo de empleo. Los jóvenes que se incorporan por primera vez al mundo laboral son los más perjudicados. Así, los salarios de los contratos de entrada firmados en 2015 acarrean una penalización de más del 14%.
Vincular la evolución de los salarios a la productividad es una recomendación extendida –la podéis leer en todos los manuales y escuchar en todos los foros- para lograr mejoras salariales sin dañar la competitividad de las empresas. Pero a veces se olvida que la productividad también va ligada a la gestión empresarial… Y que las empresas mejor gestionadas remuneran mejor a sus trabajadores y son más productivas. En otro artículo de la publicación, se asegura que, además, puede esperarse que el aumento final de los salarios, como resultado de las buenas prácticas de gestión, sea aún mayor como consecuencia del impacto indirecto de estas y la mejora de la productividad. Los autores de este artículo son duros con la situación en España y apuntan las deficiencias de la gestión empresarial en nuestro país -el 72% de las empresas industriales siguen pocas o ninguna de las buenas prácticas de gestión- y sostienen que existe un importante margen de mejora en este aspecto, lo que abre una oportunidad de subir los salarios sin dañar la competitividad de las empresas.
Por último, un tercer artículo examina la evolución de los principales indicadores de competitividad de precios y costes en las cinco mayores economías de la zona euro -Alemania, Francia, Italia, España y Holanda- y la relación con el comportamiento del sector exterior. La conclusión no es la que se podía esperar, ya que demuestra que el vínculo entre ambos indicadores parece bastante débil, lo que sugiere que existen otros factores, distintos del binomio precio/costes, más importantes para el crecimiento de las exportaciones. De esta forma, se subraya que las políticas de devaluación interna –basadas entre otras cosas en la reducción de los salarios- enfocadas a recuperar competitividad en países como España, tienen un límite, y recomienda que el foco de las políticas se desplace hacia el refuerzo de la capitalización de la economía y los incentivos y mecanismos de apoyo para que las empresas revisen su estrategia de exportación y pongan más énfasis en vender productos y servicio de alto valor añadido a mercados de alto crecimiento.
Interesante, muy interesante la publicación de Funcas, sobre un aspecto capital en estos momentos. Capital y urgente, que no siempre es fácil de entender… y menos de aplicar. En el fondo, es cuestión de cambiar las gafas de ver a corto plazo –que son las que habitualmente no nos quitamos- y cambiarlas por las de ver un poco más allá. Tampoco resulta sencillo, llevamos mucho tiempo de cortoplacismo en nuestra actuación.




