“En cuanto a los riesgos que rodean a las proyecciones de crecimiento del PIB, en el plano interno, las tensiones políticas en Cataluña podrían afectar eventualmente a la confianza de los agentes y a sus decisiones de gasto y condiciones de financiación”. Esto es exactamente lo que dice el Boletín Económico del Banco de España -aparecido ayer- sobre Cataluña y el riesgo que supone. Ni una palabra más en 47 páginas de texto. A partir de ahí, extrapolar que el Banco de España dice que Cataluña hoy supone una amenaza al crecimiento de la economía –como hacen algunos diarios- va un buen trecho. Que luego el texto desmienta al titular, cosa que sucede a menudo, ya es otra cosa. Lo malo es que al lector normal –el que lee solo los títulos de los artículos en las secciones que menos le interesan- la idea que le queda es que hay una amenaza clara sobre la economía con nombre propio. Y con lo que lleva ya leído los últimos meses, le acrecienta la preocupación.
No se lo que pasará el domingo y menos todavía las próximas semanas, pero pase lo que pase no tengo esa sensación de amenaza directa, entre otras cosas, porque no se va a parar la máquina económica. En los últimos meses hemos tenido ocasión de comprobar como las principales magnitudes de la economía catalana registraban cifras muy estimulantes, con un crecimiento económico importante, por su mayor industrialización y el mayor tirón exterior de las ventas, desde una eurozona que sale del túnel. También hemos visto como las inversiones extranjeras seguían acudiendo a Cataluña,y en no poca cuantía. Hasta el momento, pues, ni se ha perdido la confianza de los agentes, ni se han frenado las decisiones de gasto-inversión, ni han variado las condiciones de financiación, léase prima de riesgo.
En realidad el propio Banco de España lo reconoce. Simplemente se remite a un riesgo futuro. ¿Pero dónde no hay riesgos? ¡Estamos rodeados de ellos! ¿O no lo hay en Corea del Norte? ¿En Oriente Medio y el Daesh? ¿En los grandes bancos mundiales que han crecido y son más sistémicos que en 2008? ¿En los derivados, o es que ya nadie se acuerda de los CDS, que ahí siguen sin que nadie haya dicho ni hecho nada? ¿En la bolsa de Estados Unidos que está en records históricos tras años y años de subida ininterrumpida? ¿En el mar de liquidez con el que los bancos centrales han inundado los mercados y la problemática- sin referencias previas- de retirarla ordenadamente? ¿O en lo que pueda suceder –léase déficit- con la reforma fiscal que Trump acaba de poner en marcha?…
Hay muchos más riesgos. Y los empresarios lo saben mejor que nadie. Ellos son los que día a día los van trampeando. Por ello en Cataluña, no hay unanimidad –ni mucho menos- entre el empresariado de que el futuro afronte un riesgo mayor, suceda lo que suceda el domingo. Por número de organizaciones empresariales que se han definido, es superior el de las que ven en el futuro una oportunidad. Pero, de momento, lo único cierto es que el Banco de España anuncia que el país está entrando en el tercer trimestre en una fase de crecimiento menos fuerte, en una desaceleración en la economía. Pero eso es algo que ya se preveía para 2017 y luego fue aplazado, vista la mejora de las exportaciones y la fortaleza de la demanda interna. Eso obligó a revisar al alza las previsiones para este año.
Y no solo es el Banco de España quien lo dice. El panel de expertos de Funcas repetía la semana pasada previsiones para 2017 y 2018 –en los meses anteriores las había mejorado- lo que indica que el ritmo de crecimiento puede haber tocado techo… con meses de retraso. Vamos a crecer a un ritmo más sosegado, nos vienen a decir los especialistas, pero vamos a seguir creciendo, que es lo más importante. Eso sí, ceteris paribus, que es el latinajo que utilizan los economistas para decir “siempre que se mantengan las condiciones del entorno”. Honestamente, creo que esta indicación de inflexión en el ritmo de crecimiento de la economía es lo más importante que apunta el Banco de España.




