La CEOE pide que no se haga boicot a los productos catalanes. Eso lo ha pedido hace un par de días la patronal de patronales, intuyendo lo que puede venir. En cierto modo continuaría la secuencia -en otro terreno de juego- que empezaron los bancos y siguieron las empresas con los cambios de sede social que siguen hoy, lunes, a la orden del día, en la víspera de la aparición del presidente Puigdemont en el Parlament. El decreto exprés del Gobierno, permitiendo que sean los consejos de administración quienes puedan tomar esta decisión en todos los casos –incluso en los casos en que los estatutos de la empresa señalen la necesidad de que haya la conformidad de la Junta de Accionistas- ha facilitado esta corriente, que, de momento, no ha supuesto en la realidad más que papeleo, pero no afecta ni a la producción, ni al personal, ni a los centros de decisiones, ni prácticamente a la fiscalidad de la comunidad. Hay que repetirlo una vez más.
Sin embargo, la explosión mediática que la ha acompañado ha afectado sin duda a muchos catalanes y ha acrecentado su temor. ¿Nos quedaremos sin empresas? No, por supuesto, insisto en que, a pesar de la tormenta mediática, NO se han ido. Sin duda, el tratamiento catastrofista que han hecho muchos medios ha ayudado a que el temor haya hecho mella en mucha gente. Lo cierto es que si uno no está avezado en este mundo, ha habido palabras muy duras que pueden hacer temer lo peor. Se han utilizado palabras como fuga, salida, traslado e incluso se ha llegado a invocar al “corralito”, palabra tremenda donde las haya, que solamente se usa en situaciones extremas. No, tampoco va a haber corralito.
Otro de los temores –y ese sí es cierto- es lo que pueda suceder en caso de proclamarse la independencia con los productos catalanes en el mercado español. Ya lo dice la CEOE. Podéis ir a internet y veréis que hay llamadas al boicot, algunas, por cierto, muy rancias, porque empezaron hace muchos años, con el cava como producto más emblemático. Es probable que las ventas ya hayan bajado un poco en algunos bienes de consumo –Cataluña es un gigante en la industria alimentaria- pero ningún empresario catalán con sentido común va a admitirlo y, menos, cuantificarlo. Y es lógico que así sea. Los boicots son muy mala cosa, porque a veces tienen efectos boomerang no deseados por quien los ha puesto en marcha. Cierto son más emocionales que racionales y por ello los más perjudicados son los bienes de consumo, ya que los bienes intermedios que se venden a otras empresas son harina de otro costal y en ellos impera la racionalidad. A ver, ¿qué sentido tendría no comprar productos Nestlé fabricados en Cataluña? ¿O coches Seat que se fabrican en la Zona Franca? ¿o los Nissan…? No tiene sentido, pero hay mucho troglodita que insiste en ello.
Bien, supongamos que a pesar de todo ganan los trogloditas. ¿Qué puede pasar? “Un boicot por parte de los consumidores españoles en los productos catalanes en caso de independencia de Cataluña tendría un impacto de 1,7% en el PIB catalán, cuando en el 2005 se calculaba que podría afectar hasta el 2%. De hecho, el mercado español ya no es, ni de largo, el gran comprador de los productos catalanes en el exterior”. Esto son dos de los datos más destacados del Estudio Económico sobre las consecuencias de una reducción de los flujos comerciales entre Cataluña y España –basado en las tablas Input-Output- que realizaron en 2015 los economistas Xavier Cuadras i Modest Guinjoan que se incluyó en la Revista Econòmica de Catalunya del Col·legi d’Economistes. Un estudio que hoy sigue siendo referencia.
Pero hay más, las cosas han cambiado mucho, aunque los trogloditas no quieran verlo. Mirad. Al margen de lo que se produce y se consume en Cataluña, las ventas fuera de la comunidad han variado el destino de forma muy importante. Hace 20 años, el 63,5% de estas ventas iba al mercado español y el 36,5% al extranjero. Hace 10 años, estas cifras eran del 51,5% y 48,5% respectivamente y en el 2016, eran del 37,3% y 62,6% (datos de Acció). Es decir, que a este ritmo, pronto podrían doblarse. A partir de estos datos se puede certificar que la dependencia de Cataluña del mercado español ha disminuido considerablemente.
Ello no quiere decir, sin embargo, que miles de pymes están en una situación diferente de la que indican estas macrocifras en la que pesan mucho las grandes empresas y que su dependencia sea mucho mayor del mercado español. Y, por ello, hay preocupación. Sería estúpido negarlo. Sin embargo, es precisamente la patronal de las grandes empresas –Fomento- la que ha tomado una posición más dura y catastrofista ante esta eventualidad, mientras tanto Pimec como Cecot –micro, pequeñas y medianas empresas-, por ejemplo, avalaron el pasado martes el “paro de país”. Es más, el presidente de la Cecot declaraba hace unos meses que “hay empresarios españoles que quieren la independencia para instalarse en Catalunya”.
Y eso es lo que hay, de momento. Pero, ojo más que nunca, con las informaciones interesadas, que están creciendo como la espuma.




