Las escuelas, los padres y las empresas conforman un triángulo clave para mejorar la fluidez del mercado laboral y hacer que sea más factible el desarrollo profesional -y personal- de los jóvenes. Y mucho más en unos momentos de enorme cambio tecnológico como los actuales. Me comentaba esta semana un catedrático catalán de Economía, que lleva muchos años estudiando los problemas del mercado laboral español, que las “universidades de nuestro país son muy buenas para las ciencias sociales, pero que eso poco o nada tiene que ver para satisfacer las demandas actuales de las empresas”. Las empresas piden más ciencia y tecnología. Sin embargo, pese a que los perfiles profesionales relacionados con la ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas, o STEM por sus siglas en inglés, son los más demandados desde hace ya algunos años, las empresas e industrias reconocen que siguen teniendo problemas para encontrar candidatos que puedan cubrir sus necesidades, ya que los profesionales que cumplen con estos requisitos son escasos, un problema que se debe abordar tanto por parte del ámbito educativo como desde el empresarial, según ponen de relieve los expertos de Hays.
Es interesante la reflexión que se hace desde la empresa líder mundial en reclutamiento especializado y os la comento. Parten de la base de un solapamiento problemático. La falta de talento a la que se enfrentan un gran número de compañías junto al envejecimiento de la fuerza laboral, que se acerca cada vez más a la edad de la jubilación, lo que aumenta la presión por encontrar nuevos candidatos cualificados para ir supliendo las vacantes. Por ejemplo, sustituir la mitad de las 75.000 jubilaciones que habrá en la industria catalana en los próximos 10 años se ve ya como un problema que tenemos encima y que va a requerir una formación profesional específica, como destaca un estudio de la Cambra de Comerç (ver post del 7 agosto 2017), pero nos cuesta cambiar, las estructuras del país son poco flexibles. Y, ¡ojo! porque esa formación necesaria debe desenvolverse con un modelo muy diferente al actual.
Según Hays, por ejemplo, se debe incluir la enseñanza de asignaturas vinculadas a las ciencias e ingenierías en edades más tempranas, mencionando todo el abanico de nuevos empleos que existen hoy en día, y con los que los niños están más en contacto de lo que se piensa. Como nativos digitales que son, tienen más capacidad de entender a qué se dedica un programador, o un ingeniero de coches autónomos, profesiones que hace unos años no existían. Para la directora comercial de la empresa en España, “involucrar a los alumnos en secundaria es demasiado tarde. A esta edad los niños ya están eligiendo sus asignaturas optativas y pueden tener ya una idea sólida de qué carrera quieren estudiar basada sobre todo en profesiones más tradicionales a las que seguramente se dedican sus padres”. Creo que ahí, las directrices emanadas desde la familia son muy importantes para la decisión que se va formando en el adolescente.
Por ello, concienciar a los niños acerca de las carreras STEM disponibles es uno de los puntos esenciales para abordar el problema de raíz, pero también es necesario involucrar a otros actores, como las empresas y los padres. Las empresas, por experiencia propia, conocen qué sectores están más necesitados de talento. Si comunicaran esta información a los padres y educadores, éstos estarían más preparados para aconsejar a los estudiantes a la hora de escoger carrera.
Para la directiva de Hays, “no es sólo a los niños a quien hay que informar sobre los empleos vinculados al ámbito STEM, sino también a los padres. La ingeniería es un término muy amplio, que normalmente se vincula a la Industrial o de Caminos, pero en los últimos años han aparecido muchas otras carreras adaptadas a las necesidades del futuro, como ingenierías de tecnología, Big Data, de materiales, ciencias ambientales, o del coche autónomo, entre muchas otras. Tanto alumnos como padres y profesores deberían ser informados de todas las opciones de carrera a su alcance y qué tipo de puestos abarcan”. Ciertamente se debe hacer un esfuerzo común por parte de todos: profesores que inspiren y eduquen, empresas e industrias que se relacionen con colegios, y un gobierno que siga fomentando la inclusión de materias STEM en el currículo escolar.
Y queda la tercera pata de la que se habla poco en este aspecto concreto, casi siempre más volcado en la enseñanza y la familia. Para Hays, las empresas también deben planificar el futuro, asegurándose de que hay una estructura de talento preparada, así como previendo los tiempos de mayor demanda mediante la detección de futuras tendencias de crecimiento y contratando recursos extras como empresas de selección en caso de que sea necesario.




