¡Peligro! El gasto en I+D hace aguas en España

La tasa de crecimiento del gasto en I+D ejecutado por el sector privado fue mayor en 2016 que en 2015, pero es preocupante que el gasto ejecutado por el sector público haya pasado de crecer en 2015 a contraerse en 2016. De hecho, la crisis ha tenido impactos muy distintos en las cuatro principales economías de la eurozona en términos de inversión en I+D. Mientras que en España se produjeron recortes importantes, las otras tres economías siguieron aumentando su inversión en I+D. España es uno de los tres únicos países del grupo de los quince países de la eurozona que pertenecen a la OCDE, en los que la inversión en I+D en 2016 es inferior a la de 2008. En relación con la ejecución presupuestaria de la Administración General del Estado, la tasa de ejecución se ha desplomado a partir de 2008 llegando a ser en el año 2017 tan solo del 30%, partiendo de niveles que hasta 2007 estaban cercanos al 90%. En la esfera privada, el número de empresas que realizan actividades de innovación tecnológica se ha reducido de forma ininterrumpida entre el año 2008 y el 2016, resultando que el número de empresas activas en 2016 es menos de la mitad (43%) que en 2008. Por todo ello, es vital un cambio radical en la política de apoyo a la I+D+i en España que consiga detener la divergencia con la Unión Europea.

Este texto es la introducción de un interesante artículo que acaba de aparecer hoy en los Cuadernos de Información Económica de Funcas, titulado  “La inversión en I+D y la innovación después de la crisis: sector público y sector privado” y del que es autor el profesor Ramón Xifré. Seguimos mal en este campo, tanto desde el punto de vista nacional, como en la comparativa con nuestros vecinos y competidores. Ved las conclusiones a que llega.

En primer lugar, en un plano puramente metodológico, sería deseable disponer de una nueva generación de datos sobre I+D e innovación que capturen mejor la situación real y permitan tomar mejores decisiones en relación a las políticas de apoyo a la I+D+i. Por un lado, sería útil disponer de indicadores que tengan un menor retraso temporal, ya que en la actualidad para algunos fenómenos (especialmente relacionados con la actividad empresarial o las fuentes de financiación) la información más reciente se refiere a tres años atrás. Por otro lado, sería deseable disponer de indicadores más ricos sobre la innovación que cubran de forma más apropiada realidades complejas como son la innovación que realiza el sector público, la innovación social y las innovaciones internacionales, interregionales y, en general, las colaborativas.

En segundo lugar, el análisis de los datos disponibles sobre la inversión en I+D muestra claramente que España, en comparación con las otras grandes economías de la eurozona, no solo tiene un problema de dedicar menores recursos a estas actividades, sino de hacerlo de forma mucho más volátil, lo cual es una dificultad añadida. En los momentos de bonanza económica, se dispara la inversión probablemente más allá de los límites de lo razonable, mientras que en los momentos de crisis se recorta en exceso. En cualquier caso, el hecho de que España sea uno de los tres únicos países de la eurozona miembros de la OCDE que en 2016 no había recuperado el nivel de inversión en I+D de 2008 es obviamente preocupante; y lo es todavía más, teniendo en cuenta que países que sufrieron también una grave crisis económica (como Grecia o Irlanda) invierten más en conocimiento en 2016 que en 2008.

En cuanto a la actividad innovadora que realizan las empresas, a pesar de que por el lado de las innovaciones no tecnológicas ha habido un cierto repunte de actividad desde 2014, es muy preocupante que el número de empresas que realizan actividades de innovación tecnológica en España siga en caída libre desde 2008. A este dato hay que añadir las señales de preocupación debidas al desacople entre la inversión pública y privada en España que se ha producido por primera vez en 2016. Históricamente, ambas se habían movido en la misma dirección pero, según los últimos datos disponibles referidos a 2016, se ha producido la desagradable novedad de que mientras la inversión privada aumentó, la inversión pública se redujo. Asimismo se constata con preocupación que la tasa de ejecución presupuestaria por parte de la Administración General del Estado se viene desplomando desde 2008.

Por todo ello, lamentablemente, a día de hoy el diagnóstico sobre la I+D+i en España no puede ser mejor que el que se realizaba cuatro años atrás; en la mayoría de aspectos, de hecho, refleja una situación todavía más delicada. La posibilidad de ofrecer un modelo económico y social de progreso a los ciudadanos depende en buena parte de si el país es capaz de revertir la trayectoria de divergencia que le aleja cada vez más de la UE en lo que se refiere a inversión en ciencia y conocimiento.

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