Hace dieciocho días el ministro Luis de Guindos indicaba que el Banco Popular era solvente. Tras venderlo por 1 euro al Banco Santander decía en una nota esta mañana: «Es una buena salida para la entidad, dada la situación a la que había llegado en las últimas semanas, ya que implica la máxima protección a los depositantes y la continuidad de la actividad». ¿Qué ha cambiado en menos de tres semanas? Eso sí, aseguró que la resolución no utilizará recursos públicos y no producirá contagio entre el riesgo soberano y bancario. Algo es algo… y eso es mucho.
El BCE tomó esa decisión, tras constatar que «la entidad no puede hacer frente al pago de sus deudas o demás pasivos a su vencimiento o existan elementos objetivos que indiquen que no podrá hacerlo en un futuro cercano».
De ahí que se hayan precipitado los acontecimientos. De ahí que se activara un procedimiento urgente de resolución y de que se haya articulado con unas condiciones extraordinarias con dos objetivos claros: «A través de esta decisión se garantiza la seguridad de los depositantes de Banco Popular y la ausencia de impacto para las finanzas públicas». Los depósitos quedan así protegidos al 100% y, desde ya mismo, los clientes del Popular operarán bajo el paraguas del Santander
Pero el final del Popular ha sido tremendo. Leed su epitafio, redactado por el FROB: «Como parte de la ejecución del proceso de resolución se ha llevado a cabo la amortización de la totalidad de las acciones ordinarias en circulación de Banco Popular, así como de las acciones resultantes de la conversión de los instrumentos de capital adicional de Nivel 1 (instrumentos híbridos de capital). Al mismo tiempo, se ha procedido a convertir la totalidad de los instrumentos de capital regulatorio de Nivel 2 (deuda subordinada) emitidos por Banco Popular en acciones de nueva emisión del propio banco, que han sido adquiridas por Banco Santander por el precio de 1 euro. La operación se realiza sin comprometer recursos públicos, ni afectar a ningún acreedor ordinario ni depósito».
Así de duro y escueto. Triste para el que fuera elegido dos veces el mejor banco del mundo en sus 90 años de historia. A raíz de esta decisión tomada durante la noche –y largamente estudiada- se me sugieren una serie de preguntas, antes de que el Santander diga la suya (está previsto que lo haga. si no se atrasa, a las 11,30 h de esta mañana) por si alguno de vosotros tiene respuestas.
- La primera es qué hubiera sucedido de no intervenir el BCE. La decisión ha sido europea y ejecutada por el FROB. ¿El Banco de España hubiera dilatado más la situación? ¿Qué hubiera hecho?
- En la escueta nota del BCE se da por hecho que el Popular no puede hacer frente a sus deudas y cita el deterioro de sus depósitos. ¿Cuánto dinero de depositantes realmente se fue del Popular? Eso no lo sabremos, solo lo saben sus directivos, el BdE y el BCE.
- Ayer comentaba en un tuit que un banco que cotiza al 13% de su valor contable, una de dos, o nadie cree sus cuentas o nos hemos “pirao”. Más bien ha sido lo primero. Y estamos en lo de siempre. Si a cada auditoría salen más pérdidas, ¿qué pintan los otros auditores y la propia inspección del Banco de España?
- Los accionistas saben que corren un riesgo siempre y en cualquier empresa. Pero un organismo superior (la CNMV) debe velar por la veracidad de las cuentas de las empresas cuyas acciones se compran. ¿Qué papel ha jugado en esta historia?
- Está claro que los accionistas fueron engañados en las últimas ampliaciones. Se dice que se forzó también a sus empleados a suscribir esas ampliaciones de capital, e incluso a empresas que necesitaban renovar pólizas de crédito o pedir préstamos. ¿Cuál será su reacción ante los gestores de la entidad que la han llevado a la nada? Por no quedar, no quedará ni su nombre. Por cierto, el Popular contaba con más de 300.000 accionistas, muchos de ellos invertidos cuando era una entidad considerada como ejemplo de rentabilidad en el pasado.
- Aplicando la nueva normativa europea no va a quedar títere con cabeza entre los que tuvieran algo que ver con el capital, llámense accionistas, tenedores de deuda subordinada o de otros títulos híbridos y veremos cómo acaban los “cocos” que vencen dentro de un mes.
- ¿Cuántas demandas van a caer? Una cosa son los minoritarios sobre los que se abalanzarán los despachos de abogados y otra los fondos internacionales. Y, el Santander con la ampliación de 7.000 millones ¿ya ha calibrado el riesgo a que se enfrenta?
- He leído las sinergias que supondrá para el Santander. Me suena a que se ha de argumentar “a posteriori” la venta de la moto, con los tintes mejores posibles. Pero el marrón está ahí. Y aquí no hay un seguro, como en el caso Sabadell-CAM y BBVA-Catalunya Caixa.
- ¿Podría haber una solución in extremis a base de canje de acciones? Difícil, porque, ¿cuál es el valor real del Banco Popular? Esta es una buena pregunta. Hace pocos días se decía que tenía un valor en libros de 7.000 millones, mucho más del euro simbólico que ha pagado Santander. No creo que hoy ni ellos lo sepan.
- ¿Cómo reaccionarán los accionistas del Santander que ven como su capital se va a diluir, a menos que todos vayan a la ampliación de 7.000 millones, cosa que hoy no está clara?




