El endeudamiento todavía es uno de los principales factores de riesgo de la economía española. El sector privado aún presenta una ratio de deuda sobre PIB del 166%, claramente por encima del umbral del 133% a partir del cual la Comisión Europea considera que existe un desequilibrio económico. La razón es que una subida de los tipos de interés aumentaría de forma sustancial la carga financiera, restando recursos de las actividades productivas. Para que esta siga cayendo es necesario que continúe el proceso de desapalancamiento y que el coste de financiación (tipos de interés) se mantenga en niveles razonables. De lo contrario, volverá a empeorar la vulnerabilidad financiera.
Y ello, a pesar del esfuerzo de desapalancamiento realizado por las familias y empresas españolas, que se ha traducido en una reducción del nivel de deuda de casi 50 puntos en términos de PIB desde 2010, unos 482.000 millones de euros. Joaquín Maudos analiza en el último número de Cuadernos de Información Económica, editado por Funcas, el intenso proceso de desendeudamiento del sector privado, un empeño que se ha visto favorecido por la reducción de los tipos de interés. Desde 2008, solo en intereses pagados, empresas y familias han reducido en 83.000 millones de euros la carga de su deuda.
Si en 2007 el servicio de la deuda (intereses más amortizaciones respecto a la renta bruta disponible) hipotecaba la cuarta parte de la renta bruta disponible de las empresas y familias, en la actualidad el porcentaje ha caído al 15%, nivel similar al de Reino Unido e inferior al de Francia (17,1%) aunque aún por encima de Alemania (9,7%) e Italia (11,2%). Hemos mejorado mucho, pero, ¡cuidado!
En otro artículo de la publicación mencionada, José Luis Raymond explica que el proceso de desendeudamiento de las familias se ha frenado notablemente en 2016. En primer lugar, porque los hogares han vuelto a consumir por encima del aumento de sus ingresos, con lo que ha caído la tasa de ahorro y, en segundo lugar, porque ha crecido la compra de vivienda con hipotecas, aprovechando los tipos bajos. Advierte que el nivel de endeudamiento de las familias es todavía alto- de un 98,5% de su renta bruta disponible- supone un 61.6% del PIB está por encima del umbral que plantea un riesgo de sostenibilidad el Banco de Pagos Internacionales, que es del 60%. “Los hogares se exponen al impacto de la normalización de la política monetaria sobre sus cargas financieras, sobre todo teniendo en cuenta el peso importante de las hipotecas a tipo variable”, dice Raymond.
Veamos, la deuda de las familias cerró 2016 con un descenso del 1,7% en tasa interanual (en 2014 y 2015 había bajado al ritmo del 4%), hasta los 713.005 millones de euros, según datos del Banco de España. Lo que teme Raymond es evidente. Un aumento del 1% en los tipos supondría –grosso modo– un aumento de la carga financiera superior a los 7.100 millones de euros, lo que a nivel macroeconómico afectaría negativamente al consumo, pero sobre todo afectaría seriamente la capacidad de gasto de las familias que están más endeudadas.
Hoy es muy importante hilar fino en la situación del presupuesto familiar al animarse a comprar a crédito y sobre todo a medio plazo. Los créditos al consumo en las familias, que suponen 168.000 millones, han repuntado un 3,4% en 2016. Ello significa que el señuelo de los bajos tipos ha funcionado… y lo sigue haciendo en el 2017.
A pesar del descenso de la inversión de los hogares en vivienda durante los últimos años, el importe que las familias destinan a su hogar sigue ocupando la mayor parte de su endeudamiento, ya que supone en torno al 76,3% del mismo. Y las hipotecas a tipo variable, pueden llevar a engaño al hacer cálculos a futuro, ya que una subida de tipos –que llegará- puede aumentar las cargas financieras hasta niveles insostenibles para la economía de algunas familias. Este es un riesgo creciente y no se si todas las familias son conscientes de que está ahí. Por ello, está bien recordar os riesgos en que puede incurrir. Por cierto, no perdamos la memoria, que eso ya pasó en la crisis…




