¡O creamos más valor… o tiramos la toalla!

Sí, me ha gustado mucho la entrevista que hoy le hace en la contra de La Vanguardia Lluis Amiguet a Dan Levy, profesor e investigador de Políticas Públicas en la Universidad de Harvard. Habla de la futura desaparición de muchas universidades, dónde solamente quedarán los líderes de cada segmento de conocimiento, los que llamamos de referencia. “Cuando la mejor clase de cualquier asignatura está al alcance de cualquiera en cualquier momento y lugar, los docentes y las universidades tienen que replantearse qué están aportando”. Y yo añado que las universidades… y todo lo demás y todos. Es la dictadura de las redes, las normas que rigen la sociedad digital. Y, por supuesto, habla de algo tan importante como la creación de valor. 

Me gusta especialmente cuando reflexiona sobre este punto que nos concierne tanto a todos: la creciente necesidad de crear valor para sobrevivir. Más allá de las máquinas, que a buen seguro nos van a quitar mucho protagonismo… y trabajo, solamente nos quedará esta capacidad.

Levy asegura que “La pregunta que todos los profesores nos estamos haciendo en Harvard ahora es: ¿qué puedo enseñar yo mejor que nadie?” Y cada maestrillo tiene su librillo, le replica Amiguet. “Pero los maestrillos que no sean los mejores en algo, como las universidades que no sean las primeras en un segmento, desaparecerán. Porque la sociedad digital y su coste cero para la copia y transmisión de contenidos está generando a diario esas dinámicas de “el ganador se lo lleva todo”.

Y pone un ejemplo muy concreto en un mundo que he conocido bien. “Los periodistas que repiten como loros lo que pasa también van a desaparecer. Sólo quedarán los que aporten valor. Dar la noticia y redactarla ya lo pueden hacer los robots. El Pulitzer Thomas Friedman nos lo ha explicado con detalle en Harvard: sólo quedarán los actores de referencia –diarios y periodistas– en cada segmento de la información y la opinión de los contenidos de actualidad”. En esta profesión concreta, siempre lo he pensado. Es cuestión de tiempo.

Y, lo que son las cosas, también recibo –sobre un aspecto tangencial al que toca Levy-  una entrevista que le hacen en la publicación moda.es a Alberto Gimeno, que es profesor de Dirección General y Estrategia en Esade y uno de los mejores expertos que tenemos en empresa familiar. En ella, Gimeno opina que “la venta de una compañía familiar es una buena opción cuando la familia ha perdido la capacidad de asumir riesgos -“sin riesgos, no hay empresa”, asegura-; y que la figura del fundador puede ser un lastre si no aprende a convivir con las nuevas generaciones”. Es decir, si se pierde la capacidad de crear valor, de estar delante, más vale retirarse o vender…

Insiste en ello al afirmar que “lo importante para una familia empresarial es la creación de valor. Hay momentos en que las familias se agotan en términos de su capacidad para emprender, y es un error pensar que esa compañía tiene que seguir en manos de esa misma familia, porque acabará destruyendo valor. Es importante que las familias tengan esa capacidad para continuar siendo emprendedoras, seguir disfrutando asumiendo riesgos y orientándose hacia lo nuevo. Cuando se agota esa capacidad, porque se han acomodado o porque les interesan otras cosas, ceder la propiedad es absolutamente válido y a veces necesario. La venta puede ser una magnífica opción. Cada generación tiene que plantearse conceptualmente la posibilidad de venta, y que si no lo hacen es porque son capaces de crear algo nuevo”.

Quizás me digáis que no son aportaciones extremadamente novedosas. Que ya llevamos muchos años hablando de la creación de valor. Es cierto, llevamos muchos años, pero no se ha avanzado tanto ni ha penetrado en el ADN de empresarios, directivos y profesionales en la medida que debía haberlo hecho. Lo novedoso es que el escenario ha cambiado mientras discutíamos de ello. Hoy es como si el futuro se hubiera presentado de golpe. Y ahora hay prisa en adaptarse, reinvertarse, ser capaz de diferenciarse, ser de los mejores o… hacer las maletas. Es bueno tener presente que sin creación de valor casi nada del entramado económico-social tendrá sentido en muy poco tiempo, si es que lo tiene todavía.