Acabo de leer con cierta sorpresa las conclusiones de un estudio que ha realizado Hays sobre el interés que despiertan para trabajar entre los empleados las empresas familiares. Resulta que en la encuesta, su principal resultado determina que casi un 63% de los trabajadores españoles no forjarían su futuro profesional en una empresa familiar en caso de poder elegir.
Y no solo eso, la aversión a trabajar en empresas familiares por parte de los españoles, aumenta a medida que crece el nivel de estudios, ya que entre aquellos empleados que disponen de un doctorado, la negación a trabajar en este tipo de empresas crece diez puntos, hasta alcanzar casi un 73%. Según comenta el análisis de la encuesta, este dato está directamente relacionado con la capacidad de atraer talento que tienen las compañías familiares. En este sentido, tres cuartas partes de los encuestados consideran que este tipo de empresas no tienen ningún tipo de ventajas a la hora de atraer talento, por lo que lanzarían un llamamiento para que siguieran políticas que las hicieran más atractivas frente a otras compañías.
Entre los encuestados que declararon trabajar o haber trabajado en una empresa cuya gestión queda al mando de una misma familia, las conclusiones fueron similares. Preguntados acerca de las principales ventajas que percibieron en esta etapa, un 32% aseguraron que las relaciones personales son más cercanas y afables, mientras que casi un 23% de ellos declararon no encontrar ninguna ventaja respecto al resto. Por el contrario, entre los principales inconvenientes destacaron de manera muy significativa la dificultad a la hora de progresar profesionalmente y el hecho de que los conflictos familiares trasciendan a la evolución del negocio.
Otro dato relevante se encuentra en una de las principales estrategias que están siguiendo las empresas: la digitalización. Un 60% de los encuestados declararon percibir que las empresas familiares no apuestan lo suficiente por este tipo de procesos, cosa que las hace menos atractivas. A pesar de todo, las conclusiones del estudio realizado por Hays se perciben tan solo como áreas de mejora, ya que preguntados acerca de su experiencia a nivel global con empresas familiares, un 58% de los encuestados declara estar satisfecho con su paso por estas compañías. A mi me resulta curioso ese 58% de satisfechos, junto al 75% que afirma que no tienen ventajas para atraer talento. Cosas de las encuestas.
Y me sorprende todavía más, porque en el informe TheRole of Family Business in the European Economy, realizado por Ernst & Young en plena crisis, se analizaban seis países europeos, incluido España, y su principal conclusión era que su modelo de negocio las sitúa en buena posición para salir fortalecidas de la crisis. En concreto, destacaba cuatro puntos clave: su perspectiva a largo plazo, su flexibilidad, el talento de su dirección y una relación más cercana con sus clientes. El socio director de la firma en Barcelona, subrayaba que, con respecto al talento, “el estudio demuestra que el tópico de que en las empresas familiares están al frente personas de la familia, al margen de sus aptitudes, no es cierto, sino que la empresa familiar es capaz de captar y retener talento, sin un coste más elevado”. “La razón hay que buscarla en que se crea un vínculo emocional que hace que el directivo vea el negocio como suyo. Eso no sucede en las multinacionales. La motivación no es sólo monetaria, también juega el sentirse tratado como persona y no como número”.
Este último punto lo he podido comprobar personalmente hablando a lo largo de los años con empleados que habían estado en los dos tipos de empresas y la balanza se decantaba hacia esta motivación no dineraria, en el vínculo emocional y en el trato, que en las multinacionales es impersonal y lejano.
En la encuesta de Hays, no se parece valorar tampoco –como interesante para el empleado- el esfuerzo que han realizado las empresas familiares en la crisis con el empleo. Así, por ejemplo, las empresas familiares catalanas sacrificaron parte de su rentabilidad y competitividad durante la crisis a cambio de mantener las plantillas. Esa es una de las conclusiones que expusieron los autores del informe Empresa Familiar a Catalunya (2017) que muestra como de media las empresas familiares aumentaron ligeramente el número de trabajadores contratados por cada millón de euros de facturación (de 8,5 a 9) en el periodo que va del 2007 al 2014. Durante esos años de crisis las empresas privadas no familiares redujeron ligeramente el número de trabajadores por cada millón de facturación: de 7,3 a 7,2.
Tampoco hay que dejar de lado que las empresas familiares crean hoy el 68,9% de toda la producción de la comunidad (medida en términos de valor añadido bruto, VAB) y el 75,8% del empleo. En total son 1,6 millones de trabajadores los que están en nómina de empresas de propiedad familiar. Estas cifras muestran como este tipo de empresas son más intensivas en mano de obra que las empresas privadas.
En resumen, parece que la dificultad a la hora de progresar profesionalmente y el hecho de que los conflictos familiares trasciendan a la evolución del negocio son los dos frenos mayores para que los empleados prefieran una multinacional. En parte, lo que dicen es cierto, pero también lo es que muchas empresas familiares han dado pasos de gigante para saltar estos escollos, mediante una buena planificación del negocio y una adecuada política en el tratamiento de la relación entre familia y empresa. Es cierto que han de hacer mucho más, entre otras cosas para mejorar la percepción que se tiene de ellas. Falla, probablemente la comunicación. De todos modos, en la encuesta de Hays, percibo el riesgo de sobrepuntuar los puntos débiles de las empresas familiares y, a la vista de lo que ha sucedido durante la crisis y al enorme esfuerzo de superación, no me parece justo generalizar.
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