Ataquemos de una vez la FP Dual: solo tenemos un 6% de potenciales alumnos en Catalunya

En La Vanguardia de hoy, Miquel Puig hace una crítica a la Formación Profesional (FP)  tal como se desarrolla en Catalunya (“¿Competitivos sin formación?”), entre otros motivos, por depender su funcionamiento de dos departamentos (Enseñanza y Trabajo) sin que ninguno de ellos trabaje “por objetivos cuantificados y públicos”. Cita a la consellera Meritxell Ruiz cuando habla que hay 8.000 estudiantes de FP Dual en Catalunya, lo que representa un 6% de los potenciales, a lo que Puig replica que en Alemania la formación dual la siguen el 50% de alumnos que terminan la secundaria. Tiene toda la razón al recordar que cuando Catalunya se propuso convertirse en polo de excelencia en producción científica, lo ha conseguido y colige que “reducir la proporción de activos poco cualificados no debería ser más difícil de conseguir y no menos importante”.

Suscribo absolutamente estas palabras y la verdad es que cuesta comprender como el objetivo de la FP se esté demorando tanto. La división entre reglada y no reglada que llevan las dos conselleries debería haber encontrado una solución, cuando el problema viene de más de 20 años atrás. El porqué no se ha hecho es para mi un misterio que podemos pagar caro.

Sin embargo, creo que sería injusto cargar todas las tintas sobre la Generalitat, ya que intervienen otros elementos tangibles e intangibles que la rodean. La FP no es atractiva todavía para los alumnos, a pesar de que el nivel de colocación al acabar los estudios es muy alto y no lo es porque entre todos y durante muchos años no la hemos hecho “glamurosa”. Socialmente no se ha variado este estigma y ha quedado relegada en un segundo plano. Afortunadamente, parece que esto está cambiando, e incluso ha entrado al trapo alguna potente fundación internacional. Pero hay un tercer aspecto que resulta la guinda de este fallido pastel. Las empresas no tienen el mismo carácter “patriótico” aquí que en Alemania. Allí la empresa es consciente que aparte de hacer dinero está haciendo crecer el país y tiene una obligación con este objetivo. Por tanto, si un muchacho al acabar la FP dual en su empresa se quiere ir a otra, no pasa nada, forma parte del juego y se entiende que se ha invertido en el bien del país. Eso aquí no es así. El egoísmo manda sobre cualquier otro valor más generalizable.

Hace algo más de un mes, Francisco Belil, Vicepresidente de la Fundación Bertelsmann que centra sus esfuerzos en promocionar la FP dual en nuestro país, daba durante una conferencia ante empresarios en Sevilla, un tirón de orejas a los mismos “ante la falta de empujón por parte de las empresas en involucrarse en dicha formación”. La propuesta de Belil es interesante y consiste en la “colaboración entre grandes y pequeños para sacarla adelante. Por un lado, fomentando que los proveedores de la gran empresa, su cadena de valor, entre en la FP Dual.  Y, por otro, compartiendo aprendices. Compartir es un factor de éxito seguro”.

Además, continuó Belil, “pueden darse colaboraciones escuela-empresa, en una relación de apadrinamiento. Varias opciones, mismo resultado  exitoso. Si lo comparamos con la FP clásica, los alumnos se integran de manera natural y tienen más motivación, entienden que aportan valor”.

Y terminó su intervención animando a los empresarios a involucrarse e impulsar la FP Dual. “Se trata de una necesidad que beneficia a todos. Se necesita responsabilidad y compromiso por parte de las empresas y para ello es fundamental la remuneración económica de los jóvenes que se quieran formar. Porque lo que no cuesta no se valora realmente, y porque a fin de cuentas no se trata de un gasto, sino de una inversión. La FP Dual es una apuesta segura porque las empresas necesitan a gente bien preparada”, concluyó.

Comulgo totalmente con la idea y el trabajo que realiza Belil en estos últimos años. Esperemos que entre esto, un cambio de mentalidad en la Generalitat, también en que los alumnos y sus familias comprendan que el mejor glamur hoy por hoy es tener un buen trabajo y en que los empresarios dediquen un esfuerzo mayor en el bien general del país. Lo malo es que si no se dan estos pasos, nos vamos a quedar a medio camino de la excelencia de la que hablaba Miquel Puig. Sería una lástima… porque los mimbres están aquí.