Randstad prevé que se firmen 162.500 contratos durante la temporada de Semana Santa en transporte y distribución, hostelería y entretenimiento. Esta cifra supone un crecimiento del 7,6% respecto a la cifra registrada el año anterior, de 151.000 contratos. El crecimiento acumulado de los últimos cuatro años se sitúa ya por encima del 64%. Si se analiza la serie histórica, Randstad detecta que 2011 fue el primer año en el que se superó la barrera de los 100.000 contratos realizados en Semana Santa. A partir de ese momento, los contratos firmados en este periodo experimentaron dos ejercicios de descenso constante hasta registrar los 98.830, la cifra más baja de toda la serie analizada.
Se trata de una muy buena noticia, ya que significa más empleo y generación de más riqueza, gracias al turismo… pero también significa más contratos temporales y, por tanto, una cifra que será criticada seguro en un momento posterior, cuando se hagan públicas las estadísticas. ¿Os fijáis que un hecho determinado como el que comentamos tiene dos caras? Hoy es la positiva, pero cuando salgan las cifras de empleo, será negativa, al aumentar la temporalidad. Forma parte de la hipocresía en que nos movemos en este país, también en el mundo de las estadísticas.
Veamos. El turismo en España aporta el 11,1% del PIB y el 13% del empleo (2,5 millones de empleos). Unas cifras muy superiores a las que ostentan países como Francia, por ejemplo, que hasta hace un par de años era el destino preferido en Europa. Tanto la participación en el PIB como en el empleo están creciendo estos años en España, gracias al desvío de personas que anteriormente iban a países hoy considerados de alto riesgo. A pesar de todo, se critica el turismo que tenemos, por masivo e invasivo, lo cual tiene su razón de ser, en lugares y ciudades determinadas. Sin embargo, también es cierto que en los peores años de la reciente crisis es el único sector que ha aguantado el tipo y que las cosas hubieran ido mucho peor si no hubiera sido por él. Fijaos. Según el INE, el sector turístico explicaría hasta un 44% del crecimiento que ha registrado el PIB desde 2010, es decir, casi la mitad del incremento de la actividad en los últimos seis años. ¡Poca broma!
A partir de estas cifras parece lógico que la tasa de trabajo temporal –tipo principal de trabajo que genera el turismo estacional- sea en España más alta que en el resto de países grandes de la UE. Así, España era en 2014 el segundo país de Europa con más presencia de trabajo temporal (casi el 25% de los trabajadores asalariados), solo superado por Polonia (28%), según la OIT. Y según la última EPA ya estamos en el 27% de nuevo, aunque todavía lejos del 35% que se registraba antes de la crisis. En Europa, la media de trabajadores temporales sobre el total está en el 14%, es decir, casi la doblamos.
Ahora bien, dicho esto, ¿qué parte es debida al mayor peso del turismo y qué parte a un mal funcionamiento del mercado laboral español? Esta es la pregunta del millón. Supongamos que unos 8-10 puntos de la tasa de temporalidad española se debieran al turismo, aun así seguiríamos por encima de la media europea, pero a una distancia menos escandalosa de la que dan las estadísticas que no valoran el fenómeno turístico y que sistemáticamente se tienen en cuenta sin valorar el fenómeno específico del país. En este sentido concreto, pues, estamos mal, pero no tanto…




