Precariedad, desigualdad, pobreza, poco trabajo… son fantasmas que ya se han instalado en nuestra sociedad. La digitalización y la robotización son los dos vehículos que transportan a estos fantasmas y obligan a estrujarse el coco para tratar de buscar cohesión y una forma de vivir tranquilos en una sociedad en la que posiblemente no vaya a haber trabajo para todos los que lo necesitan. Los debates sobre la posibilidad de crear una renta universal –por el mero hecho de ser ciudadano- están a la orden del día y los planteamientos que se hacen acostumbran a ser antagónicos. Pero lo importante es que el temor existe y que el debate está en marcha, luego, lo que salga, ya lo veremos.
De momento, ya hay un país que ha dado un paso al frente en este campo: Finlandia, aunque queda lejos de la idea de universalidad. Desde el pasado uno de enero, ha lanzado un experimento que afecta a 2.000 personas, elegidas por sorteo entre parados de larga duración. A ellos se les pagará una renta mensual de base de 560 euros sin ningún tipo de condición y exonerada de impuestos. El asunto es que van a percibir esta renta hasta finales del año 2018, aunque durante este tiempo encuentren trabajo.
La idea se aparta un poco del debate citado (sobre todo por la universalidad) y se encamina más bien a ver qué hace la gente con este dinero. Se pretende que se espabilen y creen su propio modus vivendi o bien que acepten un trabajo precario que, en otras circunstancias no podrían aceptar.
Los que defienden el experimento –el gobierno que lo lanza es de centroderecha- esperan que sirva de motivación a muchas personas que están desmotivadas o en vías de exclusión, y que por esta vía puedan reintegrarse, aunque sea parcialmente en el mercado laboral. Los detractores –que también los tiene en ambos espectros ideológicos- piensan que se trata de una forma de flexibilizar aún más el mercado laboral y favorecer sueldos bajos para esta gente o también hay quienes piensan que es una forma de generar la vagancia (aunque la cifra mensual no dé para mucho en un país tan caro como Finlandia) en personas ya de por sí poco proclives a buscar trabajo.
De momento, el gobierno prepara un nuevo experimento de este tipo con jóvenes de 18 a 25 años con rentas muy bajas. De todos modos, no darán ningún paso más adelante sin antes ver los resultados del actual experimento. Es decir, que si las cosas no salen cómo se espera, y los registros de empleo no señalan una reintegración al mercado importante, lo más probable es que no haya segunda parte. Pero lo habrán intentado…




