¡Todos queremos ser Bill Gates!

 

Acabo de leer en Dinero (La Vanguardia) una opinión -“El triunfo de los que no estudiaron”- de Fernando Trías de Bes sobre la importancia de estudiar, a pesar de que mediáticamente parezcan tener más tirón los ejemplos de grandes triunfadores que han dejado las aulas sin acabar lo que habían empezado o ni siquiera las han pisado. Pone ejemplos de triunfadores como Mark Zuckerberg, Steve Jobs o Bill Gates… y recuerda que son la excepción que confirma la regla…

Y tiene toda la razón. Siempre he pensado que los medios de comunicación tienen una tendencia a valorar más al triunfador  en el mundo de los negocios mal llamado “hecho a sí mismo” (¿quién no se ha hecho a sí mismo?) o que ha estudiado en la “universidad de la vida”, que al que ha pasado años previos de preparación y estudio. Quizás sea porque ejerce mayor empatía este tipo de persona al lector, quien en el fondo piensa  “para qué dedicar tanto esfuerzo en estudiar, si luego se lleva la pasta y las portadas de diarios quien ha tenido una idea, un golpe de ingenio y algo de suerte con el dinero para empezar”. Me parece que este es el peor ejemplo que se les puede dar a los jóvenes. A ellos hay que decirles que estos son casos excepcionales. Yo les invito a leer lo que dicen las listas de la EPA sobre la gente que trabaja y está en el paro, por niveles de formación y que vean los números. Valen más que mil palabras. Que vean como encontrar trabajo sin estudios superiores o formación profesional es mucho más difícil que al revés. Los triunfadores como Bill Gates o Steve Jobs surgen de vez en cuando, pero por el camino quedan miles, sí he dicho miles, por no decir millones de jóvenes que sin una sólida formación no van –y cada vez irán menos- a ninguna parte.

Sí, ya sé que todos queremos ser como Jobs o Gates. Y el camino nos lo está poniendo aparentemente fácil el mercado actual. Ojo, he dicho el camino, no el final. Y nos lo pone fácil porque no hay un  trabajo asalariado digno para todos –eso ya es otro tema-  y, en cambio, hay facilidades para emprender (y está un poco de moda). En el mismo ejemplar de Dinero, Blanca Gispert nos cuenta como Catalunya lidera el emprendimiento español. Cómo el 77% de inversión extranjera dedicada a este segmento empresarial viene a Catalunya. Es muy importante que se despierte este espíritu entre los jóvenes. Y lo digo sinceramente, porque el espíritu emprendedor se puede acabar mostrando en sí de una organización, donde también se necesita.  Pero han de pensar que no todos triunfarán, que muchos se van a quedar por el camino y han de pensar también que los emprendedores que más éxito tienen al final, en términos cuantitativos, son precisamente aquellos que han estudiado mucho y han trabajado mucho. Aquellos que aúnan estudio y experiencia y un día deciden dar el salto sin red a la emprendeduría. Son los que capitalizan intangibles acumulados durante muchos años de trabajo –en la mayoría de casos por cuenta ajena- y un día dicen ¡basta! y se independizan.

Pero lo que está claro es que si no hay un sustrato de conocimiento debajo de ellos, (casi) nunca harán nada. Por ello, creo que sería interesante que cuando en los medios se hace el recuento de la vida de gente de éxito en el mundo de los negocios, se hiciera hincapié, más allá de anécdotas fáciles, a los años que ha dedicado al estudio y de qué le han servido después. Aquellos que ya no aparecen en su vida más allá de un simple título. Porqué estudiaron eso o aquello. Qué sintieron y porqué cambiaron o no sobre la marcha de disciplina. Qué les hizo cambiar y, sobre todo, cómo les ha servido eso después en su despegue y triunfo. Cómo han aplicado lo que han aprendido. Qué mecanismos personales han empleado. A mi, siempre me ha importado muy poco saber que fulano es un crac del esquí o del golf en sus horas libres y me quedo con las ganas de saber cuál es de verdad la clave de su éxito, explicado en pocas palabras, cuánto ha significado el estudio para alcanzarlo, qué vericuetos personales ha seguido…

Quizás yo sea raro, pero creo honestamente que con ello se ayudaría mucho a los jóvenes. Les ayudaría, por ejemplo,  a ver y sentir que no “pierden el tiempo” estudiando mucho, que hay siempre una deriva profesional –difícil la mayoría de las veces- que, para acabar cuajando, necesita un sustrato sólido de formación y luego, toneladas de esfuerzo y sacrificio. ¡Ojo, y eso no se puede estudiar! Ahí juega la fuerza de voluntad de cada uno (y la necesidad que le aprieta). Ha de comprender que cuajar profesionalmente por esta vía es lo realmente importante. Ahí está su triunfo personal. Su éxito. Sí, ya sé que todos queremos ser Bill Gates, pero solo hay uno…