Caso Popular, cada día crecen las sospechas y las preguntas sin respuesta

 

A medida que vayan pasando los días iremos sabiendo más cosas sobre el Popular. Por lo menos, crecerán los interrogantes, que, de momento, quedarán sin respuesta. Es algo habitual en situaciones tan graves como esta, y, sobre todo, porque se trata de la primera vez que se aplica el sistema europeo en el que deja a cero el valor de la entidad. De entrada, uno se pregunta, como puede valer cero con el patrimonio que tiene. ¿Qué las deudas lo superaban? Está por ver. Una respuesta si hay y la ha dado el BCE: se tumba al banco no por solvencia sino por liquidez. Luego no era insolvente. Las retiradas de depósitos fueron tan importantes que incluso los partícipes de fondos, que no entran en esta guerra, también se fueron. Y contra eso no cabe hacer nada. Si acaso tomar dinero del Banco de España y tratar de que amaine la tormenta devolviendo la confianza a los clientes. Pero desde el banco se lanzaron mensajes más bien en sentido contrario.

Pero el dato que hace levantar todas las sospechas es que se moviera una tercera parte del capital en las cinco últimas sesiones antes de la intervención. Eran esos días en que caía un 18% por sesión y las posiciones a la baja alcanzaban unas cotas astronómicas sobre el capital. Alguien, deliberadamente, estaba hundiendo el banco y buscaba esta solución final. Podía ganar muchos millones a costa de la liquidación de la entidad. ¿Quién prestaba las acciones para las operaciones a la baja? Ya lo sabremos. ¿Quién operaba a la baja? Ya han salido algunos nombres, pero acabarán saliendo más.

Se dice que quienes compraban estos últimos días estaban convencidos que el banco no entraría en disolución. Evidente, si no, no hubieran comprado. Estaban convencidos que compraban una verdadera ganga. No entraba en sus cálculos y han quedado retratados y sin un duro en el bolsillo.

Otra de las preguntas que se irá haciendo grande es cuál ha sido el papel real de Emilio Saracho y del magnate mexicano Antonio del Valle que le colocó al frente del banco tras defenestrar a Angel Ron durante los últimos meses. Se habla de que se lleva 15 millones de recompensa por unos meses de trabajo, sin que hubiera comprado, por cierto, ni una acción del Banco, lo mismo que su número dos, Sanchez Asiaín.  Hubiera sido un gesto… ¿Y por qué se rechazaron algunas propuestas de compra de otras entidades? Siendo mal pensado uno puede llegar a imaginar que porque se esperaba ganar mucho más con la jugada que se tenía en mente. ¿Estamos ante una confrontación entre accionistas de élite contra la propia entidad y una masa de minoritarios que ni pincha ni corta nada?

Ahora vendrá un alud de demandas. La que han presentado un grupo de minoritarios ante anticorrupción a través del bufete Cremades & Calvo Sotelo apunta cosas gravísimas. Veamos algunas.

Javier Cremades expresó ayer que le resulta «muy llamativa» la decisión de Emilio Saracho de designar a JP Morgan, «entidad bancaria de la que provenía», para «realizar una operación ya contratada». «Queremos saber qué ha pasado. Las acusaciones no van dirigidas contra el Santander. Le han dado un banco vacío de contenido patrimonial y queremos saber quién lo ha destruido. Estos son los que tienen que pagar», subrayó.

Según la querella presentada por la agrupación, los gestores del banco tenían un plan «perfectamente urdido», «destinado a la entrada en el capital social del Banco Popular y en su consejo de administración para depreciar maliciosamente y a su favor la cotización de las acciones mediante el filtrado de información«. Gravísimo!!!!!!

«Se pretendía crear una situación insostenible que ha conducido a la destitución del que fuera presidente del consejo, y nombramiento del posterior, y que ha concluido con su venta al Santander por decisión de la Junta Única de resolución del Banco Central Europeo, ejecutada por el acuerdo del FROB -primera vez que sucede-«, añade el documento.

La denuncia, en fin, plantea dos líneas de investigación. Por un lado, la agrupación pide que se estudie si ha habido o no una «manipulación del precio de la acción» y, por otro, que analicen la administración que han llevado los gestores en los últimos meses. «Han generado (los administradores) una auténtica manipulación para alterar el precio de la acción y creemos que ha sido una administración temeraria, sobre todo, desde la última junta general», apuntó Cremades.

Esto es solo el principio. Hay más grupos y habrá más querellas. Y saldrán más argumentos. La liquidación de un banco de este tamaño no es algo habitual, más bien lo contrario y la forma en cómo se han hecho las cosas en el Popular, desde la pésima gestión de Ángel Ron, hasta el “extraño” papel desarrollado por Emilio Saracho en los últimos meses, con unas actuaciones difíciles de explicar, sobre todo en forma de mensajes lanzados al mercado, abren todo tipo de sospechas. Por cierto, ¿a qué venían las palabras de Guindos diciendo que no pasaba nada? ¿Y el Banco de España, no veía algo raro en todo lo que pasaba? ¿Y la CNMV, no vio los movimientos de capital extraños? Y si lo hizo, porque no suspendió la cotización mientras se aclaraban? El culebrón no ha hecho más que empezar. Y habrá sorpresas, porque hay 300.000 accionistas muy enfadados, dispuestos a todo, porque ya no tienen nada que perder, además de un número importante de tenedores de productos híbridos que también lo han perdido todo.