Acabo de leer un artículo que ayer publicó el Banco de España (BdE) sobre el comportamiento del consumo privado en España entre 2006 y 2015. (http://www.bde.es/bde/es/secciones/informes/boletines/articulos-analit/). Confieso que esperaba algo más. Por cierto, ¿por qué resulta tan aburrido leer los textos del BdE? Es algo que siempre he pensado –y expresado- y no acierto a comprender como no se ha corregido. Como siempre (lo cortés no quita lo valiente) el trabajo de análisis es impecable, pero echo en falta alguna conclusión más clara, más evidente.
Una de las cosas que me han sorprendido del texto es que “la evidencia muestra que el consumo ha presentado en la recuperación reciente un crecimiento más intenso en los hogares en régimen de alquiler con respecto a los que tenían una vivienda en propiedad y, dentro de estos últimos, en aquellos que tenían préstamo o hipoteca relacionado con la vivienda principal”. Es decir, vienen a concluir que el consumo está tirado fundamentalmente por quienes tienen el hábito de endeudarse, aprovechando los tipos de interés más bajos que hay en la actualidad. ¡Ojo que eso ya lo hemos vivido y parece que no aprendemos!
Advierte, de entrada, que “el consumo de los distintos tipos de bienes y servicios ha evolucionado de manera muy heterogénea durante el último ciclo económico. Esta evolución es coherente con la evidencia disponible, que muestra que, ante perturbaciones en el nivel de renta, existen distintos factores que provocan que los hogares ajusten de forma desigual su gasto en los diferentes tipos de bienes y servicios”. Desafortunadamente no queda excesivamente clara esta heterogeneidad, si acaso que “en relación con los bienes duraderos, existe un mayor grado de ajuste de las compras a lo largo del tiempo, ya que el gasto en estos se puede posponer sin afectar proporcionalmente a la utilidad que se obtiene del uso de esos bienes”.
Quizás pueda sorprender la distribución del gasto. En términos nominales, la categoría con mayor peso dentro del total de gasto, de acuerdo con la Contabilidad Nacional, es la de bienes y servicios no duraderos no esenciales, que representa un 43,5 % del promedio del gasto entre 2002 y 2015 mientras que los de primera necesidad, los no ajustables y los duraderos representaron en dicho período un 18 %, un 23 % y un 15 %, respectivamente. Me parecen muy bajos los de primera necesidad, pero la fuente es buena, la Encuesta de Presupuestos Familiares. Sin duda, variará sustancialmente según el nivel de renta que se analice.
También se observa que los hogares suelen mostrar pautas diferenciadas de consumo en función de sus características. La situación económica y laboral -diferencias significativas en el nivel de consumo de distintos bienes, dependiendo de si los individuos estaban empleados o desempleados-, así como las restricciones financieras a las que se enfrentan, afectan tanto a su propensión a consumir como a su respuesta ante las perturbaciones económicas, como, por ejemplo, los estímulos de política fiscal.
En síntesis, concluye que “la recomposición del consumo hacia bienes de primera necesidad y no ajustables (vivienda, gas, agua…) durante la crisis provocó un estrechamiento de los diferenciales de gasto entre los distintos tipos de hogar, movimiento que tuvo un carácter marcadamente cíclico, ya que se explica principalmente por el aplazamiento del gasto en bienes duraderos, y que, por tanto, estaría revirtiendo en la fase de recuperación”. Es decir, que la gente dejó de comprar bienes duraderos durante la crisis –más de lo que tocaba- y en la recuperación, desde 2014, ha desempolvado este dinero para comprar también más de lo que tocaba. Aunque, todo sea dicho, aún está un 6% por debajo del nivel precrisis (ver post del día 17 de junio).
Lo dicho, esperaba mucho más.




