Siguiendo con el relato de ayer (ver post del día 24 junio) sobre qué carrera deberían elegir nuestros hijos para asegurarse mínimamente el futuro (a corto plazo), viendo las tasas de paro de diferentes graduados en carreras distintas, resulta interesante ver lo que decían al respecto no hace mucho tiempo, dos instituciones de prestigio: Randstad e IESE. Randstad, por ejemplo, ha detectado un aumento del desajuste entre la oferta profesional del mercado laboral y las necesidades empresariales desde hace ya unos años. Esta situación ha sido denominada “déficit del talento” y la previsión es que siga aumentando en el futuro.
Desde Randstad se anuncia un déficit de profesionales con determinadas habilidades, perfiles muy especializados que las empresas van a demandar, pero que no van a poder cubrir completamente ante la falta de trabajadores que cumplan estos requisitos. Y no solo en España…
Las previsiones de Randstad apuntan a una falta de profesionales con perfiles STEM (acrónimo de Science, Technology, Engineering & Mathematics). De hecho, la demanda de estos trabajadores aumentará en Europa un 14% hasta el final de la década.
Sin embargo, a pesar del aumento de oportunidades laborales de este perfil de profesionales, la UE no cuenta con suficientes para cubrir la demanda prevista. Como ejemplo, mientras en EE.UU. el 16% de los científicos proceden de otros países, en la UE esta tasa sólo alcanza el 3%, lo que supone una carencia que aumentará con el paso de los años. El fomento de la movilidad internacional será uno de los principales retos para reducir al máximo este déficit de talento a lo largo de las próximas décadas.
En Europa, España, Italia y Polonia son los países europeos con mayor tendencia a un elevado déficit de talento en las próximas dos décadas. Esto también ocurrirá en Francia o Alemania, aunque en menor medida, gracias a las políticas llevadas a cabo en la formación de profesionales enfocada a la adecuación a las necesidades de las empresas.
En el caso nacional, las previsiones de Randstad apuntan a que en 2020 faltarán 1,9 millones de profesionales altamente cualificados, una situación que coincidirá con elevadas tasas de desempleo en otros perfiles de menor formación académica o con especializaciones con menores salidas profesionales.
Por su parte, hace tres años, el IESE publicó un informe titulado “Armonizar educación con empleo en España: un reto a 5 años», donde señalaba que existe un gran desajuste entre la oferta y la demanda de talento joven. Cada año reciben si título 220.000 licenciados españoles, quienes obtienen una formación demasiado teórica, y no responde a las necesidades del mercado laboral.
El estudio aseguraba que casi la tercera parte de los ejecutivos encuestados tenían dificultades para encontrar el talento -debido a cambios radicales del mercado laboral- que ha llevado a la demanda de nuevos perfiles para poner en marcha negocios en sectores del futuro (tecnologías, sector verde, sanitario y atención), asegurando una mayor competitividad y sostenibilidad en las empresas.
Asimismo, reconoce que el sistema educativo español se basa en la teoría, es muy estructurado y rígido, y basado en la transmisión de conocimientos con un fin puramente académico, y que esto ha generado una elevada tasa de abandono escolar, ya que 1 de cada 3 abandona la universidad (540.000 estudiantes). Asimismo, genera alumnos pasivos, con falta de iniciativa y ganas de emprender, competencias claves para las empresas hoy en día, y no han desarrollado su inteligencia emocional
En España, por lo tanto, existe un importante “gap” entre la cualificación con la que cuentan los profesionales y las habilidades que demandan las empresas. Las políticas en materia de educación y de formación deberían encaminarse a la reducción del déficit de talento previsto para los próximos años. ¿Seremos capaces de hacerlo? Hasta el momento, ni familias, ni escuelas ni Estado han estado a la altura de las circunstancias –cada una en su cometido- y no es una señal demasiado esperanzadora…




