Las plataformas digitales dan alas a la lacra de los falsos autónomos

 

En la prensa de hoy podemos leer una noticia sobre los falsos autónomos. Se afirma que los falsos autónomos hacen que la Seguridad Social (SS) deje de ingresar una cantidad aproximada a los 562,3 millones de euros al año, según datos recopilados por la Unión de Autónomos Uatae a partir de las últimas Encuestas de Población Activa (EPA) publicadas por el INE. La organización ha puesto de relieve que este tipo de fraude ha proliferado en los últimos años de crisis porque reduce notablemente los gastos de empleabilidad de las empresas defraudadoras. Además, según las estimaciones de Uatae, cotejados con los datos del INE, en España existen unos 210.000 falsos autónomos.

 Recordemos que se trata de trabajadores en una situación falsa, ya que cotizan como autónomos, pero no poseen autonomía en su trabajo, sino que dependen de las directrices que se impongan por parte del empresario o la dirección de la empresa y actúan como empleados.

Aquí hay dos aspectos importantes que resaltar. Uno es la cifra de dinero que se escatima a la SS en unos momentos en que la financiación a las pensiones es más necesaria que nunca. Por cierto, tanto esta cifra como el número de falsos autónomos son muy difíciles de calcular. Fijaos que la propia Uatae hace un par de meses decía que había 300.000 falsos autónomos y otra organización, la Upta (Unión de Profesionales y Trabajadores Autónomos) los cifraba hace poco en 240.000, mientras el INE los estimaba en 150.000 hace un poco más de tiempo. No me parece serio. No se sabe y punto. Este es el otro aspecto importante, que los falsos autónomos existen en número indeterminado y castigan a personas con necesidad de trabajar, favorecen a empresarios con pocos escrúpulos y merman las arcas de la SS.

Este tipo de relación laboral es un fenómeno antiguo y que hace unos años se trató de delimitar con el Estatuto del Trabajo Autónomo. A partir de ahí hay que diferenciar entre la figura del falso autónomo y los llamados autónomos económicamente dependientes (TRADE). Estos últimos están reconocidos por ley y tienen unas características especiales: facturan solo para una empresa o bien el 75% de toda su facturación depende de solo un cliente. Son un híbrido entre el asalariado y el autónomo, pero se les reconoce como autónomos. Por su situación particular el Estatuto del Trabajo Autónomo les reconoce más protección. Los TRADE tienen, por ejemplo, derecho a 18 días de vacaciones pagadas. Los autónomos puros, por decirlo de alguna manera, pueden coger vacaciones pero no tienen derecho a que sean pagadas. Las empresas están obligadas a registrar con estas personas un contrato de autónomo económicamente dependiente que sirva para reconocer su situación y sus derechos.

La fórmula, sin embargo, no funciona: actualmente hay solo unos 10.000 registrados. Evidentemente resulta más cómodo coger el atajo, como siempre se ha hecho. Pero empiezan a aparecer los primeros problemas. Hasta ahora las empresas han jugado con la ventaja de que sus autónomos falsos no tenían contacto entre sí, pero con las nuevas formas de comunicación eso ha cambiado.

Recordad que hace poco los repartidores de Deliveroo han celebrado su primera huelga para pedir mejoras laborales, como un mínimo de pedidos y horas garantizadas al mes. De fondo, sin embargo, late otro conflicto, el de si en lugar de ser autónomos deberían ser trabajadores asalariados contratados por la empresa. Los falsos autónomos están a la orden del día, también en sectores tradicionales, como los de seguros, diseño gráfico o transporte.

Pero es la tecnología, a través de las plataformas digitales, la que va a dar alas a esta modalidad ilegal. El mercado laboral está sufriendo una profunda trasformación con la aparición de estas plataformas virtuales de prestación de servicios, la citada Deliveroo o Uber, por poner solo dos ejemplos. Este tipo de empresas ofrecen servicios -transporte por ciudad, mensajería, limpieza- descentralizando completamente su actividad y subcontratando trabajadores autónomos individuales para que presten los servicios a sus clientes.

En definitiva, la nueva economía digital opera en un marco de desregulación que no solo cercena los derechos de los trabajadores, sino que pone en peligro el sistema contributivo español. Así lo han visto en Unidos Podemos que este verano han registrado una moción en el Senado por la que se insta al Gobierno “a desarrollar nuestra normativa laboral para evitar que se desarrollen relaciones laborales encubiertas bajo la modalidad de contratos de prestación de Servicios amparados en la denominada economía digital o colaborativa”. Veremos en qué acaba.

Lo que nadie puede dudar es que los autónomos están sometidos a una fuerte presión y están haciendo un enorme esfuerzo. Fijaos en un dato. Durante la crisis, el número de afiliados al RETA (su régimen específico de la SS) bajó en un 11%, mientras los trabajadores del régimen general tuvieron unes bajas del 20%. Ello significa que en su gran mayoría la capacidad de resistencia y readaptación es enorme, ya que conocen bien sus desventajas respecto a los trabajadores por cuenta ajena. Hoy son algo más de 3 millones los afiliados al RETA y entre ellos hay autónomos puros, TRADES y falsos autónomos. No creo que la instancia de Unidos Podemos prospere, pero es una lacra que afectará cada vez más a personas con necesidad de trabajar a la que las plataformas digitales van a dar ales. En las cifras de nuevos afiliados en el régimen de  autónomos todavía no se nota, pero esto empieza a despegar. Bueno sería que la Ley lo contemplara antes de que sea demasiado tarde.