Acabo de leer en La Vanguardia un artículo de Eduardo Magallón en el que explica como dos de cada cinco empresas temen sufrir fugas de su mejor personal este año. Especialmente en sectores profesionales cualificados como el de la tecnología, las telecomunicaciones, la consultoría de negocio y la ingeniería. Una encuesta de la consultora Hays realizada entre 1.500 empresas y 8.000 empleados constata que si en el 2015 el 34% de las empresas temía perder a empleados cualificados, ese porcentaje ha saltado ahora al 43%. En definitiva, las empresas de los sectores punteros tienen miedo. Y es lógico que así sea porque en estos sectores que cita la encuesta, la demanda es mucho mayor que la oferta. Y es más, la especialización ha llegado a tal nivel, que para según qué puestos de trabajo incluso se cuentan por decenas los posibles candidatos… a nivel mundial.
Pero el problema creo que va más allá de estos sectores. Hay otros, menos más “normales” en los que posiblemente también haya miedo, aunque no lo expliciten. Porque digamos las cosas como son, el talento NO ha sido bien tratado en este país, más allá de las palabras en los discursos de los directivos. Durante la crisis lo hemos visto. A la hora de la verdad, el talento ha importado muy poco a la hora de adelgazar las empresas. Se priorizaba el sueldo y la edad. Y con ello las empresas han tirado durante la crisis mucho talento a la calle. En medio de la crisis, me comentaba un buen profesional que había sufrido los embates de los recortes, que pronto habría más talento fuera que dentro de las organizaciones. ¿Exageraba? Puede, pero no andaba muy lejos de la realidad que luego hemos ido viendo. Es lógico que a la hora de la recuperación haya necesidad de recuperarlo. Es difícil que nadie vuelva a donde lo han echado y tampoco tiene buen cartel la empresa que ha incurrido en ello, entre los nuevos aspirantes.
En el fondo es un problema de oferta y demanda. Durante muchos años, las organizaciones creían no necesitar talento, que lo más importante era su coste y que si se iba ya tendrían de nuevo. Con la recuperación se da lentamente la vuelta al calcetín y ya hay puestos en los que la demanda supera a la oferta. A medida que se normalice la actividad, cada vez más perfiles de trabajo se encontrarán en esta tesitura. Las empresas que hayan aprendido, van a tener las de ganar en esta guerra incruenta que se ha iniciado, las que no lo hayan hecho, tienen todas las de perder.
No me ha gustado leer en una nota de Randsatd que me ha llegado hoy, en la que se dice que uno de cada cuatro profesionales de menos de 30 años estudia y trabaja. Es una cifra que va a la baja, aunque se ha recuperado el último año. Sí me ha gustado leer, en cambio que el comportamiento de los profesionales de más de 45 años corre a la inversa y la cifra de los que se han puesto a estudiar ha crecido un 16% en 2016. Hay 600.000 trabajadores de este segmento que están en esta tesitura. El motivo no es otro que el de ponerse al día en lo que más demandan las empresas. La digitalización va a exigir nuevos conocimientos y en ello están si quieren optar a un puesto de trabajo –quizás el que tienen- que ya los requerirá. El cambio está aquí y ya no se irá, al contrario, se acelerará. Ellos lo saben y actúan en consecuencia. ¡Bien! Esperemos que los errores cometidos por RRHH y las direcciones durante muchos años no se repita. Alicia Pomares, fundadora de Humannova, me contestaba un tuit esta mañana en el que decía que estamos llegando tarde. ¡Ojala por una vez se equivoque!




