Las cláusulas suelo, ¿de verdad son una estafa?

Según comunicó ayer la banca a la Comisión Nacional del Mercado de Valores, gran parte del dinero que tendrán que devolver por las cláusulas suelo ya estaba provisionado. La suma de las provisiones para atender estas devoluciones supera los 2.000 millones de euros. Recordemos que se declaró su nulidad y carácter abusivo por sentencia del Tribunal Supremo de 9 de mayo de 2013,si bien limitaba la devolución de las cantidades ilegalmente cobradas por los bancos a la fecha de la sentencia. El revuelo sobre este punto creció cuando el Tribunal de Justicia de la Unión Europea dictó hace un mes que eran abusivas y había que devolver el dinero a los afectados, pero con efectos retroactivos. Como era de esperar, muchos bufetes de abogados –desde que pueden publicitarse andan muy despiertos- se han apuntado al carro para animar a los afectados a llevarles el asunto y que puedan cobrar el dinero que, según la sentencia, la banca les ha quitado. ¿Cuánto se van a llevar ellos? Eso no se plantea…

Lo importante es que el tema es mediático 100% -no en vano afecta a 1,5 millones de personas- y por ello se ha montado un gran alboroto alrededor de las cláusulas. Son abusivas y poco transparentes, es la argumentación que han utilizado las instancias máximas jurídicas española y europea para fundamentar su decisión. Y, aunque con lo que pienso y voy a decir soy consciente de que no haré amigos, ahí va. Mientras en asuntos anteriores como en las preferentes era clarísimo que se embaucó a muchos clientes sin saber lo que compraban –hecho que he denunciado a través de twitter repetidas veces- en este caso, no tengo tan claro ni que sean abusivas ni que no las conociera el cliente. No creo en lo primero, porque fijar un suelo en un 2% o 3%, por ejemplo, no es una cifra tan alta, cuando en el momento en que se fijaron el tipo que se pagaba era bastante superior. Y en cuanto a la transparencia, en los contratos hipotecarios que he visto quedaban definidas, de forma meridiana, junto a las cláusulas techo – no se podía cobrar más que lo que se determinara en este punto- a la hora de la firma. Se ha dicho que estas últimas eran absurdas, ya que se ponía el techo muy alto. Ello es cierto en algunas entidades, pero en otras no. Pero ahora no es el caso.

El asunto es que siempre el cliente tenía alternativa y podía escoger una hipoteca a tipo fijo que evita sorpresas de todo tipo. ¿Por qué no se hacía? Pues simplemente porque eran más caras. Al escoger una hipoteca a tipo variable –euribor más un fijo- el cliente y el banco afrontan –deben saberlo- el peligro de que se vayan muy arriba o la suerte de que bajen, cada parte en contraposición a la otra. Por ello la banca marcó un intervalo para evitar excesos en uno u otro lado. Ahora ha salido cara para el cliente, es decir, con la crisis los tipos se han derrumbado y han quedado muy por debajo de los “suelos” que se habían marcado. Y es cuando se acusa de abuso a las entidades bancarias.

Me pregunto si de no haber existido la imagen pésima que se ha ganado a pulso la banca en los últimos años, hubiera sucedido ahora lo mismo con estas cláusulas. Me atrevo a pensar que no. Pero de aquellos polvos vienen esos lodos. Ni los políticos ni las instancias jurídicas han querido echar más leña al fuego y han optado por el camino más fácil, en el pim pam pum generalizado contra la banca. La banca tiene muchos problemas, pero quizás el principal sea el de recuperar, no solo una imagen muy deteriorada, sino la confianza de los clientes. Hoy es el malo de la peli y quitarse este estigma de encima es algo que se me antoja muy complicado en estos momentos…

 

¿Merece la pena estudiar para encontrar trabajo?

Sí, desde luego que sí. Mil veces sí. Por eso hay que insistir en que los jóvenes perseveren, aunque como veremos sea lógico su desánimo. Pero veamos que ha pasado en estos últimos años. Desde que se inició la recuperación del empleo en España, en los inicios de 2014, se han creado hasta septiembre de 2016, más de 1,5 millones de puestos de trabajo, según la EPA. Si tenemos en cuenta que desde los inicios de la crisis hasta tocar fondo se perdieron 3,8 millones, significa que faltan todavía algo más de 2 millones para la recuperación. A pesar de ello supone un ritmo aceptable, aunque el nivel de actividad –en términos de PIB- haya alcanzado probablemente el nivel de precrisis en el pasado trimestre o en el presente. El desfase se debe en buena parte a que el sector de la construcción por sí solo destruyó 1,7 millones de empleos y ha recuperado apenas unos 175.000.

¿Y quién ha encontrado trabajo en estos dos últimos años?  Pues aunque pueda sorprender, 6 de cada 10 nuevos trabajadores tiene estudios superiores o formación profesional. ¿Eso quiere decir que tienen ventaja sobre el resto a la hora de optar a un empleo? Sí. ¿Y eso quiere decir que el puesto de trabajo sea acorde con sus estudios? No. ¿Quiere ello decir, pues, que en esta recuperación se agudiza el problema endémico de nuestro mercado laboral, que llamamos sobrecualificación? Sí. Según Eurostat, 3 de cada 10 empleados en España trabajan en un puesto inferior al que podrían aspirar según sus estudios. ¿Y los salarios? Pues, una pena, porque en este país nos hemos tomado tan en serio eso de la desinflación competitiva que somos capaces de cargarnos el poder adquisitivo de los trabajadores. Bueno, en realidad, aunque el Gobierno diga que no, ya lo hemos hecho.

Y, ¿a pesar de todo ello, me dices que debo estudiar? Sin duda alguna. Lo que sucede es que es necesario mirar qué carrera escogemos. Si con la vocación me llego a ganar bien la vida, perfecto. Pero no soñemos. Eso no va a ir por ahí. Hay carreras universitarias que son fábricas de parados o de frustrados. Hay que mirar de evitarlas, o si quieres, hazlas más adelante como “hobby”.  Hoy lo que mola son las STEM, acrónimo inglés  de ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas. Las empresas punteras van locas por esta gente. Dicen que no encuentran y están dispuestas a pagar lo que sea. ¿Sabías que el paro en ingenieros técnicos, por ejemplo, es de cero patatero? Y está la formación profesional, que afortunadamente parece que los padres ya no la ven tan mal para el futuro estatus social de la prole.

Y basta cosí. Lo único cierto es que con estudios quizás no basta, pero sin estudios el fracaso está más que asegurado.