¿Por qué la confianza empresarial es mayor en Catalunya?

El índice de confianza empresarial que trimestralmente publica el INE no acostumbra a merecer una gran atención por parte de los medios de comunicación y se acaba matando con un breve y el corto titular que permite el espacio. Lo cierto es que los propios destacados de la nota de prensa del INE enviada hace una semana rezaban que “El Índice de Confianza Empresarial Armonizado (ICEA) sube un 0,3% en el primer trimestre de 2017 respecto al cuarto trimestre del año anterior y  “El 17,0% de los establecimientos empresariales son optimistas sobre la marcha de su negocio y el 20,1% prevén un trimestre desfavorable”. Ello significa que en el 1T se ha mantenido la inercia positiva, pero que en el segundo, aunque no se puede decir que pintan bastos, los empresarios prevén hay una cierta inflexión negativa.

Sin embargo, alrededor de esta apreciación a nivel nacional general  hay diferencias sustanciales que resulta necesario explicar porque nos ayudarán a tener una idea mucho más clara de las expectativas reales de cara al 2T.

Por sectores, por ejemplo, el saldo de opiniones pesimistas sobre las optimistas, predomina sobre todo en la construcción (-11,2), mientras en el resto de sectores -en menor grado- sucede lo mismo, con particular énfasis en transporte y hostelería (-7,6), mientras el único sector donde ganan los optimistas es en la industria (+3,7). Es un primer punto a tener en cuenta y no poco importante, por las ramificaciones indirectas que tiene en los servicios a las empresas.

Por tamaños de empresas, también las  diferencias son muy grandes. Así, donde ganan con más fuerza las previsiones de los optimistas es en las que tienen más de mil trabajadores (+15,4) y en las de más de 200 (+9,0), mientras en el otro lado de la balanza, las de menos de 10 asalariados los pesimistas superan a los optimistas en 15,4 puntos. ¿Qué está pasando con la recuperación? ¿No llega con la misma intensidad a las pymes (la inmensa mayoría) que a las mayores? A juzgar por lo que dicen los empresarios, así es. Otro punto a tener en cuenta.

Pero donde las diferencias son mayores, es en el aspecto geográfico. En general domina -también con diferente intensidad- el pesimismo sobre el optimismo en 10 comunidades autónomas. Donde los empresarios peor lo vislumbran es en Cantabria (-16,3), Asturias (-13,7) y Extremadura (-13,5), mientras en Madrid, con un 0,9 hay paridad entre las opiniones positivas y negativas. La mayor diferencia aparece en Catalunya donde los optimistas superan con claridad meridiana a los pesimistas, hasta el punto de alcanzar una diferencia de 10,2. ¿Qué pasa en Catalunya? ¿Va este punto ligado a la mejora de la industria que veíamos en el primer apartado?  ¿Se cumple una vez más que dónde hay más industria las recesiones son más fuertes pero las recuperaciones también? ¿Pero no decían que había miedo…?

Para responder a estas preguntas hemos de ir al Idescat donde se trabaja con algo más de profundidad esta encuesta para la comunidad. Y nos dice que -en lo que a la marcha de los negocios se refiere- hay tres sectores que ven el 2T con franco optimismo. La industria,  con una diferencia a favor de los optimistas de 14,2 puntos, el resto de sectores (cajón de sastre), con 11,4 y el comercio con 9. En realidad, solo la hostelería aparece con expectativas más negativas que positivas con  -2,2, porque hasta entre los empresarios de la construcción ganan las opiniones positivas por 4,2 puntos.

Vistas así las cosas, sorprenden aún más las «noticias» como la que ayer circuló, proveniente del Círculo de empresarios según la cual, “los empresarios huían de Catalunya como de la peste”. De momento, las cifras y las propias opiniones de los empresarios dejan en muy mala posición de credibilidad a declaraciones de este tipo, que, en realidad, parecen no expresar más que un «desiderátum».

Las suecas son las mejores. ¿Hablemos de pensiones?

 

Esta mañana nos hemos desayunado con dos sustos. Por un lado, el pago de pensiones en enero ha vuelto a suponer un máximo histórico, con un crecimiento interanual del 3,5% y se ha publicado una nota de Fedea en la que se decía que ni con el pleno empleo es sostenible el sistema de pensiones actual en España. Como el pleno empleo va para largo, la sostenibilidad de las pensiones irá para corto… Puro lógica. A estas alturas ya sabemos todos que la hucha va a desaparecer este año, que la insostenibilidad del sistema viene de que vivimos más años, de que empezamos a cotizar más tarde, de que las cotizaciones –más bajas- de los nuevos empleos son insuficientes para pagar unas pensiones que no bajan, que el Gobierno habla de pasar viudedad y orfandad al presupuesto general, que el Gobierno no quiere oír hablar de crear un impuesto finalista… También sabemos que se ha conminado al Pacto de Toledo a decir algo al respecto a mediados de año. Sabemos muchas cosas, pero ninguna solución. Eso sí, cada día que pasa, la situación financiera de la Seguridad Social (SS) se complica un poco más.

Lo que propone Fedea no está mal y se basa en el modelo sueco que es el que mejor funciona en todo el mundo. Desde que los suecos decidieron que debían cambiarlo y crearon una comisión hasta que se cobraron las primeras pensiones con el nuevo sistema pasaron 17 años.  Da idea de la magnitud del problema, ¿no? Y ¿que hicieron los suecos? Pues decidieron crear un sistema mixto de reparto y de capitalización. A cada trabajador le asignan una cuenta individual (la llaman nocional) en la que le apuntan –y le detraen- un 16% del salario , mientras otro 2,5% (puede ser mayor, es voluntario) adicional del salario se coloca en un fondo individual que escoge el trabajador con el nivel de riesgo que cree oportuno. La clave está en que el dinero de su cuenta individual es solamente un apunte contable, ya que el dinero real que le detraen sirve para pagar a los pensionistas, como en el sistema de reparto. Su cuenta individual se revaloriza cada año en función del aumento de los salarios y cada año recibe notificación del dinero que tiene (virtualmente) en su cuenta. El fondo de pensiones variará cada año según la evolución del mercado.

En el momento de solicitar la prestación por jubilación, el importe de la misma se determinará en función del capital aportado en la cuenta individual, al que se aplicará un factor de conversión para transformarlo en renta vitalicia, en función de la esperanza de vida que se le calcule (por grupos, no la media general). Asimismo, dispondrá del fondo de pensión individual en el que ha colocado parte de su salario.

El sistema lleva 15 años y está funcionando bien. He aquí porque es un modelo que seguir. A diferencia del nuestro, por ejemplo, en Suecia, hay una elevada proporcionalidad entre las contribuciones y las prestaciones y, algo muy importante: independientemente del número de años cotizados o de que las cotizaciones se hayan concentrado en un determinado número de años. De hecho, la pensión se calcula en función de las contribuciones hechas desde los 16 años y durante toda la vida laboral. El derecho a pedir una pensión contributiva empieza a los 61 años, pero no hay límite máximo para la edad de jubilación.

Para ponerlo en marcha hubo un periodo de transición en el que los nacidos antes de un año determinado no podían acogerse al nuevo sistema y los nacidos a partir de una fecha posterior estuvieron cubiertos por el nuevo. No se si la adaptación aquí –con los retoques pertinentes requeridos por nuestra idiosincrasia- de este sistema sería muy complicada, pero aunque  lo fuera, deberíamos inventar poco y sabríamos que funciona… Ya lo dije, este año oiremos hablar mucho de pensiones, ¿qué os jugáis?