Conciliación, conciliación y más conciliación

 

Los tiempos actuales son muy complicados de gestionar para las empresas. Por un lado, eclosionan generaciones con valores y objetivos distintos a sus antecesoras –que siguen trabajando en la compañía- y, por otro, estamos saliendo de una profunda crisis que ha dejado marcas profundas en muchas plantillas que se han visto diezmadas en estos años de austeridad y les han hecho replantear si valores como el compromiso siguen valiendo la pena, al ver que no hay contrapartida en los momentos difíciles. Unamos a ello el temor que concita la revolución digital a que se lleve por delante a muchas personas que serán sustituidas por  máquinas y tendremos un cuadro de mucho voltaje para los gestionadores de gente, así como de sus directores generales. Pero, en estas estamos y en esas plazas hay que lidiar.

Es lógico, que con este panorama, lo que la gente busque en la empresa se parezca poco o muy poco a lo de años atrás, salvando, claro, el salario,  cuya necesidad, en definitiva, es lo que la lleva a trabajar, salvando algunas excepciones. ¿Cómo ha cambiado esta gente? ¿qué pide hoy a la empresa? Algunas demandas clave del pasado van cediendo terreno, mientras afloran otras con fuerza. Este cambio interior no siempre se percibe con claridad en las empresas preocupadas por día a día y puede dar lugar a equívocos irreparables en su política de recursos humanos.

El pasado lunes Randstadt publicaba su informe anual, realizado a base de 160.000 encuestas en 26 países, de las que 7.200 en España. Pues bien en el  ‘Randstad Employer Brand Research 2017’ lo más destacado es que el salario ha alcanzado estabilidad en el ranking de factores más atractivos, pero va perdiendo peso, tanto a nivel nacional como internacional y otros motivos van adquiriendo mayor importancia.

Así, por ejemplo,  tras el salario se sitúa el equilibrio entre la vida personal y laboral, clave para un 55% de los profesionales españoles. La conciliación se erige así como el segundo factor más importante para los trabajadores españoles cuando están buscando una empresa en la que desarrollar su carrera profesional. Este factor, que había ido aumentando su importancia a medida que la crisis quedaba atrás, ha experimentado una subida de 10 puntos en el último año, posicionándose como el segundo indicador más demandado por los trabajadores. Tras él se sitúan el buen ambiente de trabajo (49%), la estabilidad laboral (45%) y un trabajo estimulante (43%).

En cambio, a nivel internacional el segundo factor más mencionado es la seguridad laboral a largo plazo, factor mencionado en un 46% de los casos. También este factor, como el salario, ha ido perdiendo peso en los últimos años a nivel internacional y dejando claro que los trabajadores valoran cada vez más otros aspectos.

¡Ojo!, el tercer factor más valorado a nivel internacional es la conciliación, mencionado por un 45% de trabajadores en el mundo. En este punto, se detecta una diferencia considerable entre los trabajadores españoles y los del resto del mundo. A nivel internacional, el equilibrio entre vida personal y laboral se sitúa en tercer lugar por importancia. El 45% de los profesionales considera que este requisito es indispensable para elegir una empresa, la cifra más alta de los últimos cuatro años, pero a diez puntos porcentuales del caso de España. Probablemente, en España vamos más retrasados que en otros países en este aspecto y ello explicaría la diferencia.

También pierden entidad otros aspectos antaño considerados claves y la ganan otros de nuevos. Así, en el resto de top 10 de factores a nivel internacional se observa que otros factores también han ido perdiendo peso en los últimos años, como el ambiente de trabajo agradable (43%) o la salud financiera de la empresa (33%), mientras que otros aumentan entre las prioridades de los trabajadores, como es el caso de formas flexibles de empleo (31%) y formación de calidad (28%).

Por último, están los jóvenes, analizados además, como segmento aparte. Así, otro de los factores que tiene en cuenta el Randstad Employer Brand Research es la prioridad de los profesionales en función de su edad. En esta línea, llama la atención que el equilibrio entre la vida personal y la vida laboral es el tercer motivo más importante para los jóvenes menores de 25 años para elegir una empresa, subiendo dos posiciones respecto al ejercicio anterior, sólo superado por el salario y el ambiente de trabajo. Es decir, los jóvenes ya no otorgan a la estabilidad laboral tanta importancia como en ediciones anteriores. Ahora buscan conciliación y un ambiente de trabajo agradable.

Si se analiza en función de la edad y el nivel de estudios, los menores de 25 con estudios superiores consideran las oportunidades de progresión de carrera como el segundo atributo más importante de un empleador futuro, solo por detrás del salario. La estabilidad laboral a largo plazo proviene de la empleabilidad de estos jóvenes profesionales, lo que se denomina “flexiseguridad”. Buscan la seguridad laboral en sí mismos más que en la empresa donde desarrollan su actividad. Este hecho es muy importante y merece análisis aparte.

El resumen parece claro. Un salario digno para vivir y poder tener una vida digna de tal nombre. Lléguese a ella por la vía de la flexibilidad, del cambio de horarios o el trabajo en parte desde casa. Pero la importancia de sentirse satisfecho uno mismo gana terreno, ello a costa probablemente de otros factores como la sensación de pertenencia a una comunidad laboral determinada. El individualismo gana terreno. ¿Hasta dónde será compatible con el necesario trabajo en equipo de la empresa? Ese ya es otro tema… De momento, la demanda que crece día a día es la conciliación.

 

 

 

 

 

 

¡Ojo al pedir un crédito nuevo! Calcular bien la carga financiera porque los tipos deben subir en un futuro cercano

 

El endeudamiento todavía es uno de los principales factores de riesgo de la economía española. El sector privado aún presenta una ratio de deuda sobre PIB del 166%, claramente por encima del umbral del 133% a partir del cual la Comisión Europea considera que existe un desequilibrio económico. La razón es que una subida de los tipos de interés aumentaría de forma sustancial la carga financiera, restando recursos de las actividades productivas. Para que esta siga cayendo es necesario que continúe el proceso de desapalancamiento y que el coste de financiación (tipos de interés) se mantenga en niveles razonables. De lo contrario, volverá a empeorar la vulnerabilidad financiera.

Y ello, a pesar del esfuerzo de desapalancamiento realizado por las familias y empresas españolas, que se ha traducido en una reducción del nivel de deuda de casi 50 puntos en términos de PIB desde 2010, unos 482.000 millones de euros. Joaquín Maudos analiza en el último número de Cuadernos de Información Económica, editado por Funcas, el intenso proceso de desendeudamiento del sector privado, un empeño que se ha visto favorecido por la reducción de los tipos de interés. Desde 2008, solo en intereses pagados, empresas y familias han reducido en 83.000 millones de euros la carga de su deuda.

Si en 2007 el servicio de la deuda (intereses más amortizaciones respecto a la renta bruta disponible) hipotecaba la cuarta parte de la renta bruta disponible de las empresas y familias, en la actualidad el porcentaje ha caído al 15%, nivel similar al de Reino Unido e inferior al de Francia (17,1%) aunque aún por encima de Alemania (9,7%) e Italia (11,2%). Hemos mejorado mucho, pero, ¡cuidado!

En otro artículo de la publicación mencionada, José Luis Raymond explica que el proceso de desendeudamiento de las familias se ha frenado notablemente en 2016. En primer lugar, porque los hogares han vuelto a consumir por encima del aumento de sus ingresos, con lo que ha caído la tasa de ahorro y, en segundo lugar, porque ha crecido la compra de vivienda con hipotecas, aprovechando los tipos bajos. Advierte que el nivel de endeudamiento de las familias es todavía alto- de un 98,5% de su renta bruta disponible- supone un 61.6% del PIB está por encima del umbral que plantea un riesgo de sostenibilidad el Banco de Pagos Internacionales, que es del 60%. “Los hogares se exponen al impacto de  la normalización de la política monetaria sobre sus cargas financieras, sobre todo teniendo en cuenta el peso importante de las hipotecas a tipo variable”, dice Raymond.

Veamos, la deuda de las familias cerró 2016 con un descenso del 1,7% en tasa interanual (en 2014 y 2015 había bajado al ritmo del 4%), hasta los 713.005 millones de euros, según datos del Banco de España. Lo que teme Raymond es evidente. Un aumento del 1% en los tipos supondría –grosso modo– un aumento de la carga financiera superior a los 7.100 millones de euros, lo que a nivel macroeconómico afectaría negativamente al consumo, pero sobre todo afectaría seriamente la capacidad de gasto de las familias que están más endeudadas.

Hoy es muy importante hilar fino en la situación del presupuesto familiar al animarse a comprar a crédito y sobre todo a medio plazo.  Los créditos al consumo en las familias, que suponen 168.000 millones, han repuntado un 3,4% en 2016. Ello significa que el señuelo de los bajos tipos ha funcionado… y lo sigue haciendo en el 2017.

A pesar del descenso de la inversión de los hogares en vivienda durante los últimos años, el importe que las familias destinan a su hogar sigue ocupando la mayor parte de su endeudamiento, ya que supone en torno al 76,3% del mismo. Y las hipotecas a tipo variable, pueden llevar a engaño al hacer cálculos a futuro, ya que una subida de tipos –que llegará- puede aumentar las cargas financieras hasta niveles insostenibles para la economía de algunas familias. Este es un riesgo creciente y no se si todas las familias son conscientes de que está ahí. Por ello, está bien recordar os riesgos en que puede incurrir. Por cierto, no perdamos la memoria, que eso ya pasó en la crisis…