Plan para fomentar vocaciones científicas y tecnológicas. ¿Sabéis que en 10 años se necesitarán 29.000 ingenieros más en Catalunya?

 

Leo en La Vanguardia una noticia que me gusta… y mucho. Se trata de que a partir del próximo curso se pondrá en marcha en las escuelas e institutos de Catalunya el plan STEMcat –que la Generalitat tiene previsto aprobar este mes- con el objetivo de fomentar las vocaciones científicas y tecnológicas, especialmente entre las chicas.

El plan parte de la constatación, por un lado, de que los estudiantes titulados en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas –o disciplinas STEM, por sus iniciales en inglés– no llegan a cubrir la demanda de puestos de trabajo de las empresas innovadoras instaladas en Catalunya. Por otro lado, que esta falta de personal cualificado afecta de manera desproporcionada a las chicas, especialmente en el campo de las ingenierías.

Me gusta que estas medidas vayan dirigidas a cuatro colectivos: profesores, para ayudarles a mejorar la enseñanza de las disciplinas STEM; alumnos, para que estas disciplinas les resulten estimulantes y romper prejuicios que les alejan de ellas; empresas, para que colaboren con el sistema educativo para promocionar las STEM, y el conjunto de la sociedad, para fomentar el interés por las STEM y desterrar estereotipos de género.

El plan cuenta con una previsión presupuestaria de unos diez millones de euros hasta el 2020, que se esperan financiar con una parte de los fondos europeos Feder que se han atribuido recientemente a Catalunya. El documento constata que “los estereotipos de género asociados a las profesiones científicas y tecnológicas se empiezan a formar desde la infancia y se consolidan entre los 10 y los 14 años”. Por ello, las medidas previstas para fomentar vocaciones en estas disciplinas no se limitan a estudiantes de secundaria y bachillerato, sino que se inician desde la etapa de primaria. ¡Me parece muy bien!

Una de las medidas, por ejemplo, consiste en fomentar que alumnos del bachillerato científico y el tecnológico accedan a la carrera de Educación Infantil y Primaria, ya que “en la actualidad el perfil de los futuros maestros está alejado de las materias STEM”, señala el texto. Francamente interesante y útil.

En el punto de partida de este plan se halla en un estudio específico sobre las diferencias de género, realizado en el 2013 por encargo de la Comisión Europea, en el que se advertía que sólo 29 de cada 1.000 mujeres europeas con estudios universitarios tienen una titulación del área de las TIC. Entre hombres, la tasa es de más del triple: 95 de cada 1.000.

“El sector de las TIC es uno de los que tienen más vitalidad dentro del ámbito de las STEM”, destaca el documento de la Generalitat. En estos momentos, el número de empleos en este sector está aumentando a un ritmo del 26,5% anual en Catalunya. Y la tasa de paro se sitúa en un 5,2%, más de tres veces más baja que la tasa de paro media, del 17,7%. Sin embargo, el número de estudiantes que eligen carreras del sector de las TIC en Catalunya se ha reducido a la mitad en trece años. Si en el curso 2001-2002 fueron el 10,1%, en el curso 2014-2015 habían caído al 4,9%. Y de ellos, sólo un 11% eran mujeres. El plan para tratar de corregir esta situación se desplegará a lo largo de dos años, con la previsión de mantenerlo por lo menos hasta el 2022.

Como casi siempre llegamos tarde, pero es bueno que empecemos a aplicarlo sin dilación. Precisamente la semana pasada, diferentes Colegios de ingenieros catalanes presentaron el Observatori de l’Enginyeria (lo podéis encontrar en Google), en cuya primera entrega se hacía un exhaustivo análisis de cómo está la profesión en Catalunya: número, dedicación por ramas, actividad, género… Lo que más llama la atención es la estimación que se hace sobre los ingenieros que se necesitarán y llega a la conclusión de que en 10 años se van a necesitar unos 29.000 más que sumar a los 107.000 existentes en la actualidad. Una cifra que puede quedar corta con la progresiva introducción de la tecnología en cada vez más ramas de la producción.

Debe destacarse que el incremento principal se prevé en el área industrial, con un 51%, seguido de la informática, con un 13%. Llama la atención el  capítulo de “otros” que presenta una cifra muy alta, el 20%. Este dato debe entenderse no solo desde la perspectiva de una mayor necesidad de ingenieros con titulaciones menos tradicionales, sino también desde la visión de la evolución tecnológica, que irá generando nuevas necesidades y oportunidades de negocio. Este hecho implica disponer de perfiles tecnológicos adaptados e innovadores de tipo polivalente o muy especializado.

Por último, recordar que hoy la actividad del ingeniero en cada organización es diversa, así como su responsabilidad. Sobresalen especialmente: diseño y planificación de proyectos, producción y operaciones, y desarrollo o diseño. Cabe destacar que en un 79% asumen funciones de gestión.

Es bueno para la sociedad catalana avanzar en este camino. El Plan STEMcat me gusta y también el trabajo que han realizado los ingenieros aunando esfuerzos en las distintas ramas, cosa que no siempre había sucedido. Ahora a esperar que fructifique el Plan de la Generalitat y que el Observatori vaya dando más frutos.

 

¿Por qué la tasa de empleo de recién graduados en España está en la cola de la UE?

En España, la  integración de los recién graduados en el mercado de trabajo no es buena. La cifra española se sitúa  en un 68% en 2016. La caída de la tasa española durante los últimos años ha sido muy acusada,  pasando de un 82,1% en 2008 a un mínimo del 59,9% en 2013 para volver a subir gradualmente a continuación. Por detrás de España sólo quedan Italia (52,9%) y Grecia (49,2%). Lo dicen las estadísticas que acaba de publicar Eurostat para el año 2016, Según las mismas, los recién graduados en la  UE cuentan, en promedio, con una tasa de empleo del 78,2%. Al comienzo de la crisis –en 2008- la tasa alcanzaba un 82% y fue bajando hasta un mínimo del 75,4% en 2013.

Esta es la nota escueta que ha pasado esta mañana el IEE. Por supuesto, induce al pesimismo. Pero ¿por qué estamos a la cola de Europa? ¿fallan las empresas que no generan suficiente trabajo de calidad? ¿fallan los estudios? Debo reconocer que pienso que buena parte proviene de lo último, si bien las empresas deberían hacer mucho más por implicarse en la cuestión. Y no hablo solo de la formación dual que indudablemente sería lo mejor. Y lo pienso por dos aspectos que me parecen importantes. Uno, se refleja en el testimonio de lo que se hace en las escuelas y otro, por la falta de conciencia existente de la realidad que nos circunda.

Hace cosa de un mes me sorprendían las declaraciones de Laura Cercós, una joven de Tarragona que hoy estudia periodismo y políticas y que tuvo la segunda mejor nota de selectividad en el año 2016. En una entrevista al diario Ara decía que “en el bachillerato te están formando de una manera enfocada a pasar un examen. Tú no eres consciente de lo que estás aprendiendo, solo buscas la nota”. Es decir, no la enseñaron a aprender. Malo, porque luego en la universidad lo vas a notar. Ni tampoco te ayuda a enfocar lo que vas a ser ni a ser demasiado consciente de lo que el estudiante tiene por delante.  A  la escuela o al instituto no vas a sacar notas. Vas a formarte, a ver como enfocarás tu vida en el futuro. Vas a que te expliquen que la vocación, con ser importante, no lo es todo. Vas a que te expliquen que más allá de lo que te gusta hay una cosa que se llama mercado laboral y que aquello es como una selva en las de estar preparado para moverte. Vas a que te expliquen que para vivir –a menos que seas millonario en la familia- debes trabajar y que has de procurar adecuar tu vocación con el trabajo, pero que no es siempre fácil de lograr. Vas a que te expliquen que se debe luchar mucho y esforzarte mucho más y que deberás estudiar para estar al día el resto de tu vida. ¿Qué tiene que ver esto con una nota como objetivo?…

Eso queda claro en una reciente encuesta que Adecco ha realizado a los 1.800 jóvenes que formaron parte de la Redgeneración17 el pasado 26 de abril para preguntarles acerca de su visión sobre el mundo laboral, sus aspiraciones y sus preocupaciones. Pues bien, según la misma, ocho de cada diez jóvenes creen que encontrarán un trabajo en menos de seis meses, el 57,3% de ellos cree que lo conseguirá en un plazo de tiempo entre tres y seis meses y casi un 30% espera tenerlo «inmediatamente». Y no solo eso, sino que de aquí a cinco años, la práctica totalidad de los encuestados (el 95,6%) no solo cree que tendrá trabajo, sino que, además, está convencido de que estará relacionado con su formación. Optimismo no falta…

Parecen acercarse un poco más a la realidad, cuando el  24,6% de los encuestados considera que encontrar un empleo hoy en día depende «en gran medida» de tener contactos, aunque también tener experiencia es «un aspecto clave», según el 22,8%. No deben extrañar pues, las conclusiones de una encuesta realizada por la  Comunidad Laboral Trabajando y Universia a más de 1.100 personas, donde se indica que el 47% de los casos de renuncia al trabajo, sin tener recambio, se produjo antes de finalizar el primer año de actividad profesional. No encajaron, simplemente, quizás no se lo habían explicado bien…