¿Ven bien muchos empresarios que el empleado trabaje desde casa?

 

Hace muchos años que se viene hablando del teletrabajo, pero probablemente ahora, después de la crisis, con una mentalidad más abierta por parte de los empleados y la normalización del freelance sea cuando empieza de verdad esta nueva etapa.

Lo cierto es que desde el punto de vista del trabajador las ventajas son muchas, aunque no adaptables a todo tipo de negocio, para las empresas también, ya que se ahorran dinero y espacio físico en las oficinas, reuniendo solamente a la gente de forma periódica para que vean el desarrollo del trabajo, algo que ya podrán hacer desde sus pantallas correspondientes. Sin embargo, el contacto físico, darse la mano y hablar, seguirá siendo clave, porque a pesar de todos los adelantos tecnológicos, hoy en día quienes trabajan son las personas, las máquinas solo obedecen. La inteligencia artificial y su llegada, ya será otra cosa, pero estamos en el primer paso.

Acabo de leer un artículo en el Magazine de la Mediolanum Universidad Corporativa que incide en el tema y habla de empleados en la nube, en el sentido de que cada vez habrá más trabajadores que podrán realizar su labor desde cualquier sitio, simplemente condicionados por la conexión, un problema cada vez menor, sobre todo en las ciudades.

En el mismo se enumeran una serie de ventajas que implicarán sentirse más competitivos a quienes trabajen desde su casa, más baratos para las empresas y mucho más productivos, siempre, claro está, que sea esta la opción laboral que ellos han escogido voluntariamente. La publicación afirma que la lista de ventajas es muy larga y escoge ocho de ellas:

 

  1. Ahorrar tiempo en los transportes .sobre todo en las grandes ciudades- y optimizar los costes;
  2. Gestionar y disponer el propio espacio de trabajo de forma autónoma y que más se adapte a sus necesidades
  3. Gestionar autónomamente la organización del trabajo marcando los ti9empos que más interesen;
  4. Invertir el tiempo ahorrado en formación, deporte y actividades culturales y recreativas que más interesen;
  5. Poder dedicar más tiempo a uno mismo y al propio crecimiento personal;
  6. Poder atender, cuidar y disfrutar de los hijos que todavía no van a la escuela;
  7. Cuidar de la casa y el trabajo doméstico en las pausas laborales que se decida;
  8. Cocinar y comer en casa, ahorrando dinero y comiendo mucho más sano y mejor;

El articulista afirma que tantas ventajas frente a unos pocos puntos débiles, sin embargo, chocan fuertemente con ellos. Estos puntos se concentran sobre todo en el poder, materializado en los límites de la visión de las empresas y de los empresarios, que todavía en gran mayoría siguen convencidos que lo importante es tener a la gente a la vista para poder vigilarla, ya que piensan que así la organización es más  productiva, ya que lo pueden controlar todo.

“Por supuesto que esta mentalidad es ya caduca, porque el futuro de la humanidad pasa también a través de esta revolución, que llevaría al business a representar una parte importante de la vida de la persona, pero no su única brújula”

¿Sabías que el 42% del gasto en ocio y cultura lo realiza el 20% de familias con mayores rentas y solo el 5% el 20% de familias de renta más baja?

 

Esta mañana el INE ha hecho pública la Encuesta de Presupuestos Familiares correspondiente al año 2016. Lo que vais a leer en todas partes es que el gasto medio por hogar ha sido de 28.200 euros y que ha subido en términos constantes un 3,5%. Una cifra que no está nada mal y que en cierta forma viene a confirmar lo que ya había adelantado la Contabilidad Nacional, en términos generales.

Pero prefiero centrarme en uno de sus apartados, que me parece muy interesante: cómo se distribuye el gasto entre los hogares con mayor y menor renta, medido por quintiles, es decir por el 20% que más renta tiene y el 20% que menos.

Las diferencias son notorias, ya que en el 20% de rentas bajas, casi el 61% de su gasto se destina a bienes de primera necesidad, es decir, alimentos, bebidas no alcohólicas, vivienda, agua, electricidad, gas… mientras que en el 20% de rentas más altas dedican a estos bienes un 37% de su gasto total. La diferencia es muy grande y deja a los menos favorecidos con un remanente para el resto de gastos realmente muy bajo. Hay que tener en cuenta, que la encuesta no nos indica si este gasto proviene de los ingresos corrientes, de desahorro o de crédito. Ese es un dato que es importante matizar.

En gastos que no son de primera necesidad, lógicamente, las diferencias son también muy grandes. Así, en transporte (combustible y coche, sobre todo), ocio y cultura y restaurantes y hoteles, los “ricos” gastan casi un 34% de su presupuesto, mientras los menos favorecidos dedican a estos apartados solo algo más del 15%.

Concretamente, el porcentaje de gasto que dedican los hogares de mayor renta a transporte, ocio y cultura, enseñanza y restaurantes y hoteles duplica el que dedican los de renta más baja. Las diferencias se agudizan en estos apartados y en alimentación, donde los “ricos” gastan un porcentaje de presupuesto que es la mitad de los otros.

Es importante esta encuesta, además, ya que supone la base del IPC para el próximo año. Quizás a partir de esas cifras que he dado se entienda que muy a menudo cuando sale el IPC, nadie se sienta identificado con él, porque no se corresponde con la evolución del coste de los productos que acostumbra a comprar. Fijaos que los bienes de primera necesidad que he mencionado, en el gasto medio por hogar representan el 43,7%, muy lejos del 61% de unos y del 37 de los otros. Eso significa que una subida fuerte en los alimentos, en la vivienda o en la electricidad, por ejemplo, repercutirá más duramente en los hogares de baja renta que en el IPC. Se quejarán con razón de que el índice no va con ellos.

Otra forma de ver la desigualdad, quizás más chocante, que no aparece en la nota de prensa del INE, es la horizontalidad del gasto, es decir, qué porcentaje del gasto total en alimentación, por ejemplo, realiza el 20% más rico y el 20% menos favorecido.

Bien pues en alimentación el 13% lo gasta el 20% menos favorecido y el 26% los más “ricos”. Las diferencias en la vivienda son del 12,3% al 30,4% respectivamente. En transporte, la cosa va a más, ya que casi la mitad del gasto (47%) lo hace el 20% más rico frente al 5,8% del 20% menos favorecido. En ocio y cultura, así como en hoteles y restaurantes las diferencias son parecidas. El 20% de renta más baja gasta un 5% en cada uno de estos apartados mientras el 20% más rico realiza un gasto superior al 40%.