La robotización afectará menos en términos de empleo a España, por su estructura

He asistido en el último mes a un interesante seminario sobre “Los trabajos del futuro”, auspiciado por el CEES (Centre d’Estudis Económics i Socials), que se ha desarrollado en el Palau Macaya a lo largo de cuatro sesiones y en el que han intervenido ponentes de primer nivel académico y empresarial. Vaya por delante algo que para todos debe ser muy importante, el quasi consenso de que en nuestro país la transición digital y la entrada en liza de robots e inteligencia artificial serán menos dañinas, en términos de empleo destruidos, que en otros países, dada la estructura que tenemos del empleo.

En la jornada de conclusión, el catedrático Antón Costas afirmó que “los temores ante el internet de las cosas y la Inteligencia Artificial me recuerdan los que existieron en anteriores épocas. En el siglo XIX y principios del XX, el ferrocarril y la electricidad provocaron entusiasmos muy grandes. Hoy los vuelvo a ver con la economía digital y en el otro lado, veo desencanto y temor. En la medida en que se exagera el entusiasmo se genera miedo en la sociedad”.

Lanzó el mensaje de que tenemos que ver la tecnología con optimismo. “Creo que sobre la tecnología digital hay mucha ideología y muy pocos datos. Muchas ansiedades actuales vienen de la economía digital cuando es una parte muy pequeña en nuestra economía. Lo que sucede es que, siendo pequeña, tiene una influencia ideológica cultural sobre las personas muy grande. Hemos de aprender a movernos con ella sin perder la vida en el intento”.

Lo cierto es que después de asistir a las cuatro sesiones del seminario y escuchar lo que han dicho los ponentes, he pensado que en algunos aspectos, quizás el fondo de la situación en nuestro país es peor del que habitualmente se nos dice. Y no porque los ponentes hayan exhibido un talante pesimista de cara al futuro -ni mucho menos- sino más bien por lo que quedó detrás de algunas intervenciones. A modo de ejemplo, os comentaré uno. A mí desde hace mucho tiempo hay un hecho que me preocupa. Hace más de 30 años que venimos hablando del desajuste que hay entre la educación que impartimos y las necesidades profesionales en las empresas. Y, por lo visto, continuamos poco más o menos igual. Con una diferencia, que hoy la situación ha llegado al límite, porque el cambio va a toda prisa, el lastre acumulado es excesivo, mandan las necesidades científicas y tecnológicas y los alumnos siguen haciendo caso omiso.

Fijaos. Hace un par de años, según datos del Gobierno, en España estudiaban ciencias sociales y jurídicas 108.000 jóvenes, mientras que en el ámbito de las ciencias sólo había 13.000, cuándo la demanda laboral se dirige cada vez más a estos últimos. ¿El problema es de la escuela? ¿De la familia? ¿Del Gobierno? Un poco de todos, pero creo que la escuela y la familia tienen mucho que decir y no lo han hecho. El Gobierno español, sí que lo ha hecho, pero mal y de manera reiterada.

Doy un salto. Hace casi 20 años, Jeremy Rifkin, en su libro El fin del trabajo, llamó la atención sobre los problemas que comportaría la sustitución de mano de obra por la automatización. No era nada de nuevo, dado que eso ya se hablaba desde el siglo XVIII, desde la introducción de las máquinas. Pero ahora de lo que se trata es de desplazar no sólo mano de obra, sino también talento. Y eso lo pone de relieve, entre otras cosas, en su libro más reciente La sociedad del coste marginal cero. A finales de los noventa, Rifkin fue criticado de catastrofista porque hubo mucha creación de empleo con las burbujas de la construcción y financiera. ¿Pero qué pasaría si hiciéramos una relectura con los problemas que tenemos en el 2017? Quizás nos llevaríamos una sorpresa, aunque, cuando lo escribió, internet no era más que un embrión…

Rifkin alertaba sobre aquello que cambiaría, pero hoy hablamos desde un mundo de que ya ha cambiado. Mirad, hay cuatro vectores en que se basan los cambios que se están operando en organizaciones y empleo. Tenemos la globalización, la demografía (envejecimiento), los valores (se pide a las empresas más cosas, como el con respecto al medio ambiente…) y, sobre todo, la tecnología. A la carrera con las máquinas que hemos empezado, hay muchas profesiones hoy asentadas, que están en peligro. El Informe McKinsey es el más completo y detallado al respecto, de los que se han realizado hasta ahora.

Yo diría que, como conclusiones del seminario, podríamos resumir en dos las claves del futuro del trabajo en nuestro país. La primera es que estamos inmersos en un cambio como no había visto el mundo desde la revolución del neolítico, con todo lo que eso arrastra. Y la segunda, que en nuestro país las consecuencias de la revolución tecnológica serán menos violentas que en otros lugares, a la vista de la estructura de nuestro empleo. Tengo que decir que me ha tranquilizado la falta de pesimismo que he notado en todos los ponentes. Eso no quita que hubiera acuerdo total en que hará falta mucha ayuda para los trabajadores, empresas y educadores y mucho apoyo para las personas que queden desplazadas por la transición digital.

Las microempresas tomarán la delantera en la tasa de crecimiento de afiliaciones en el 2018

 

En 2018 la creación de empleo en las microempresas podría verse acrecentada, elevando hasta el 3,2% interanual su tasa de crecimiento. Este avance representa un cambio del comportamiento observado en los dos ejercicios precedentes, al superar los crecimientos estimados en las pequeñas y medianas empresas. Son datos del último Boletín Trimestral de Empleo en las pymes correspondiente al tercer trimestre de 2017, que han presentado hoy Randstad Research y Cepyme.

Las afiliaciones en las pymes crecieron un 0,3% intertrimestral durante el periodo de junio a septiembre, lo que situó a la variación interanual en el 4,0%, esto es, tres décimas porcentuales inferior al aumento del trimestre anterior. Esta desaceleración del empleo en las pymes muestra dos hechos significativos. Por una parte, en 2017 el crecimiento de las afiliaciones se está produciendo en los segmentos de mayor tamaño, fundamentalmente entre las empresas de 10 a 49 trabajadores y entre las de más de 250 trabajadores. Adicionalmente, el empleo crecerá de forma más atenuada durante los próximos trimestres, de tal forma que en 2018 el promedio de la tasa anual se desacelerará hasta situarse en el entorno del 2,0%. Estos resultados se explican por una mayor aportación de las microempresas al crecimiento total de la afiliación que, sin embargo, no logra compensar el crecimiento más moderado de los segmentos empresariales de mayor tamaño.

Por su interés, incluyo seguidamente la segunda parte del estudio donde se hace una previsión del comportamiento de las pequeñas y medianas empresas por sectores y tamaños. De entrada, la estimación para el conjunto de 2017 y 2018, en promedio anual, es que la afiliación en las pymes aumentará en más de 580.000 trabajadores.

El sector de los servicios acumulará el 81,5% de las nuevas afiliaciones registradas en 2018. Destaca en el mismo la evolución del empleo en actividades tales como la información, la consultoría, las telecomunicaciones, la actividad inmobiliaria y los servicios administrativos, entre otras. De igual forma, la construcción seguirá contando con un importante peso en la afiliación, aunque el crecimiento del empleo en estas actividades podría producirse a ritmos más modestos de lo esperado para 2017. Esta evolución iría acompañada de un mayor protagonismo del sector industrial que, con una variación anual prevista del 2,6% en 2018, haría que la participación del empleo industrial se fuese ampliando, en tan sólo un año, desde el 3,6% al 7,5% del total de las afiliaciones estimadas.

La notable ralentización esperada en las tasas de crecimiento del empleo generado en las pequeñas empresas a lo largo de 2018 estaría justificada por una drástica merma en el número de nuevas ofertas de empleo en construcción y servicios. Con respecto a la construcción, podría truncarse la extraordinaria trayectoria positiva que, de cumplirse las previsiones, le posicionarían en 2017 como una de las actividades con mayor crecimiento. En los servicios, el número de afiliaciones que previsiblemente se generen a lo largo de 2018 se cifra tan sólo en un avance del 1,8%, 3,4 puntos por debajo de los de 2017. Este sector aglutinará, no obstante, más del 76,6% del empleo esperado para el próximo año. En cuanto al sector industrial, la reparación de maquinaria y equipo y la fabricación de material eléctrico y maquinaria serán los principales frenos al proceso de desaceleración industrial que podría iniciarse el próximo año. En este menor crecimiento de los afiliados destaca el notable descenso de coquerías, la estabilidad prevista en la industria química, en la de fabricación de minerales no metálicos o en el sector de la automoción.

La afiliación en las medianas empresas experimentará, al igual que en el caso de las pequeñas, una importante desaceleración de sus tasas de crecimiento anual durante 2018. Todos los sectores de actividad estarán afectados por esta evolución, sin embargo, destaca la pérdida de dinamismo del sector de la construcción y de las actividades relacionadas con los servicios. Las actividades relacionadas con la construcción de edificios marcarán el registro negativo del sector de la construcción en el próximo año, mientras que las actividades del comercio al por mayor y las de las Administraciones Públicas son las que ocasionarán un menor crecimiento de los registros de afiliación en el sector de los servicios. En este comportamiento se acumula también la moderación anticipada en la generación de empleo industrial, fruto de notables reducciones en su componente energético y de la marcada estabilidad anticipada en la mayor parte de las industrias manufactureras y especialmente de aquellas ramas de actividad en mayor medida vinculadas con el sector de la construcción.