Frenazo en el número de trabajadores por cuenta propia, ¿qué pasa?

 

Los trabajadores por cuenta propia están perdiendo peso en el mercado laboral. Puede que las cosas vayan mejor y sea más fácil encontrar empleo asalariado, pero también que la euforia vivida en los últimos años se empiece a tomar un respiro, o simplemente que sea un fenómeno complejo de registrar en la EPA. Según la EPA del 2T del aumento de 512.000 ocupados en el último año, solo 9.000 son trabajadores por cuenta propia, una cifra que no llega al 2%. Sin embargo hay que distinguir que la EPA separa los empleadores (empresarios con trabajadores) de empresarios sin asalariados o trabajadores independientes (autónomos). El comportamiento de ambos es completamente distinto, ya que mientras los empleadores aumentan en 52.000, el otro grupo baja en 44.000. ¿Hay un trasvase entre ambos grupos? Cabe pensar que los emprendedores estén en ambas categorías. Una posibilidad es que una parte de ellos haya tenido éxito, tras iniciar su andadura como autónomo y haya contratado personal. O simplemente, que predominen quienes empiecen ya con alguien en nómina. Lamentablemente, de la EPA no sacamos más información. Por cierto, bueno sería que se plantease una clarificación como en otros apartados de la Encuesta, ya que es un fenómeno muy importante y creciente y hoy no tiene apenas reflejo.

Lo único cierto es que la Asociación de Autónomos, ATA. Puso el grito en el cielo en la anterior EPA, al considerar que los autónomos están infrarrepresentados en la misma, en una cifra que estiman en 100.000, basados en las altas en el régimen de autónomos de la SS. En cualquier caso es un aspecto (más) confuso en la EPA y lo único que puede añadirse a lo que dice ATA es que parece sorprendente que con la cantidad de start-ups que están saliendo, la cifra de trabajadores por cuenta propia tenga un reflejo tan bajo en las cifras finales. O quizás sea yo quien está equivocado que baso mi percepción en Cataluña y que sea un fenómeno que esté tirando fuerte en Catalunya y menos en otras comunidades. Lamentablemente, tampoco el Idescat aclara la situación de este apartado en el informe que realiza para Cataluña a partir de la EPA. Quizás sea esta la realidad y si fuera así aún estaríamos  más “colgados” estadísticamente sobre lo que pasa de verdad en este campo.

Y lo digo porque recuerdo lo que me comentaba no hace tanto tiempo un consultor al asegurarme que “Catalunya se ha convertido en una verdadera fábrica de start-­ups”,  y me recitaba una retahíla de entidades e instituciones que se preocupan de que la innovación individual prospere. Pero, a pesar de ello, se mostraba inquieto y preocupado. El consultor en cuestión es una persona con mucha experiencia práctica y académica a sus espaldas –da clases en Boston, entre otras universidades– y me aseguraba que, a pesar de todo lo que se hace, en Catalunya sigue habiendo un talento enorme que está desaprovechado.

 Me decía que hay una confusión inicial muy grande entre el concepto de emprendedor, autoempleado y autónomo. El emprendedor, explicaba, es una persona que crea una empresa, la hace crecer y luego la vende. No le gusta gestionar, le gusta crear algo nuevo. Lo lleva en su ADN. El autónomo y el autoempleado son cuestiones muy diferentes, producto de situaciones específicas. Decía que en Catalunya hay buenos emprendedores. Hemos sabido cómo despertar talentos, pero luego somos incapaces de hacer algo tan importante como ayudarles a que tengan continuidad.

Y es que, en el fondo, se olvida que cristalizar la idea es una cuestión necesaria pero no suficiente para crear empleo. “Lo único que crea empleo es el crecimiento. Y no parece que aquí lo queramos ver”, proseguía. Y, otra cosa, el emprendedor puede estar fuera pero también dentro de una empresa. El que está dentro es un motor de innovación y nuevas ideas, pero aquí, “los directores generales siguen siendo buenos gerentes pero muy malos estimuladores”, concluía. Y eso no es bueno.

¿De verdad Jeff Bezos es la persona más rica del mundo? ¡Ojo con los cálculos de Forbes!

Ayer Forbes lanzaba la noticia y todos los medios rápidamente se han hecho eco. Hace menos de dos meses Jeff Bezos, CEO y fundador de Amazon, se convirtió en el segundo hombre más rico del mundo, dejando atrás al genio detrás de la firma de inversión Berkshire Hathaway, Warren Buffett, y este jueves destronaría a Bill Gates como la persona con la cartera más poderosa del planeta.

Cuando los mercados abrieron este jueves, Bezos tenía una fortuna neta de 90.6 mil millones de dólares (mdd), colocándose 500 mdd por delante de Gates. La acción de Amazon abrió en 1.6%, agregando 1.4 mil mdd a la fortuna de su CEO, suficiente para ponerlo por delante del filántropo multimillonario. Amancio Ortega, Warren Buffet, Carlos Slim… son personas habituales que se van alternando en ese ranking curioso que se publica desde los ochenta y que ha aumentado la notoriedad de la revista Forbes.

En realidad, en el fondo, nos importa un pito quien sea más rico hoy o mañana, pero pica la curiosidad, porque estamos en el tiempo de los rankings para todo. El libro más vendido, la canción más escuchada, la película más taquillera, el mayor “share” de una tele… Parecería que el primero fuera el mejor, cosa que ni en libros, ni en música, ni en tele, ni en pelis es verdad. Pero nos gustan los ranking, ¡qué le vamos a hacer! Quizás por aquello de que nos han hecho competitivos.

De todos modos este ranking concreto de los ricos tiene trucos. Por ejemplo, ¿sabíais que Donald Trump hace un par de años se enfadó mucho con la revista porque le daba una fortuna de solo 4.000 millones? “Me estoy postulando para ser presidente. Valgo mucho más de lo que me habéis calculado. Para ser honesto, así no me veo bien. Quiero decir, que tengo mejor pinta si valgo 10.000 millones que si valgo 4.000 millones”, dijo el hoy presidente a la revista en 2015.

O el enorme mosqueo que pilló hace tres años el príncipe saudí Al-Walid ben Talal, porque le colocaban en el puesto 26º con solo 20.000 millones de $, cuando el afirmaba tener mucho más… la lista de agravios es larga.

Lo que sorprende, como hace un tiempo ponía de relieve Oxfam, es que en esta lista no aparezcan reyes, ni dictadores, ni capos de la droga… ni algunas de las familias más poderosas del mundo, como los Rothschild y los Rockefeller. Algunas razones tendrán… y es que como dijo John D. Rockefeller “el único problema que tiene la riqueza es, ¿qué haces con ella?”.

El gran asunto es a quien ponen y a quien, no, y porqué. No lo sabemos, como tampoco las riquezas escondidas que los millonarios tengan en paraísos financieros o los bienes a nombre de testaferros. La revista dedica 6 meses en buscar los datos, antes de publicarlos, pero no siempre la forma de calcularlos, sobre todo en empresas que no están en bolsa, son excesivamente acertados, al decir de los millonarios de todo el mundo que protestan por considerar que están demasiado atrás en el ranking.

Bien, olvidemos los “fantasmas” y centrémonos en la publicación. Para ello es bueno recordar el análisis que publicó “el País” hace un tiempo sobre las cinco lagunas que existían a la hora de calcular las fortunas de Forbes:

  1. Solo patrimonio empresarial. A la hora de calcular la fortuna, Forbes tiene en cuenta las participaciones (como acciones), fondos (por ejemplo, sicavs) y otros activos empresariales. Pero ni las inversiones privadas (casas, joyas o yates) ni el dinero en cuentas corrientes se incluyen.
  2. Fuentes limitadas.Forbes solo dispone de la información accesible de manera pública, como el regulador bursátil (la CNMV) o el Registro Mercantil.
  3. Cuentan los activos, pero no los pasivos.Si un empresario posee parte de una empresa, se le atribuye a su fortuna el precio de esas acciones, pero no la deuda de la empresa.
  4. ¿Familias o individuos?Forbes no incluye 100 millonarios, sino 100 fortunas. En ocasiones se las atribuye a una persona, y en otras a una familia. ¿Con qué criterio? Bastante aleatorio. Los Albertos, primos (Alberto Cortina y Alberto Alcocer) aparecen como una sola fortuna. Esther y Alicia Koplowitz, hermanas, son dos…
  5. Valor en libros contra valor en Bolsa.Cuando las empresas no cotizan —como Mango, Mercadona o El Corte Inglés—, ¿cómo calcula Forbes su precio para asignárselo a las fortunas de sus dueños? Con el valor en libros, que en general no refleja el valor real o actual de la empresa.

En definitiva, una caída fuerte en la bolsa, por ejemplo, borraría de la lista a muchos de los que hoy la encabezan. Contar también el endeudamiento y hacer el neto de la riqueza, también provocaría cambios. Y no hablemos si se pudiera hurgar en las cuentas escondidas. Podría cambiar totalmente. Pero parece que nos gusta o quizás al editor le interese que estén en la cima personas hechas a sí mismas (Bezos, Gates, Ortega…) y con arrebatos filantrópico-fiscales para glorificar el sistema y le interese menos explicar dónde está de verdad la riqueza heredada, el poder…