La economía crece un 3,2% en 2016 y los salarios bajan un 0,3%. ¿Hasta cuándo?

 

El coste laboral por trabajador en términos brutos fue de 30.528,20 euros en 2016, según los resultados de la Encuesta Anual de Coste Laboral (EACL), que completan los obtenidos trimestralmente a partir de la Encuesta Trimestral de Coste Laboral (ETCL). Este coste es un 1,1% inferior al registrado el año anterior. Por su parte, el salario bruto anual fue de 22.771,03 euros, un 0,3% menos que en 2015. Eso se lee en la nota del INE del pasado viernes.

En síntesis, nos anuncia que  los salarios han vuelto a bajar. En realidad, lo que no dice es que con este descenso se han colocado al mismo nivel del año 2011. En valores corrientes, claro. Pero aunque la inflación ha sido baja en estos años, algo ha erosionado el poder adquisitivo, concretamente un 6,1% entre estas dos fechas. Así pues, en términos de poder adquisitivo, los salarios pierden un 6%, por término medio, con respecto al 2011. No es poco para una economía que necesita de una demanda interna fuerte para no perder el tren de la recuperación.

El asunto quizás es más grave si lo miramos desde otro punto de vista. Mientras la economía española ha crecido un 3,2% en 2016, los salarios han bajado un 0,3%. O si queréis, desde que ha empezado la recuperación, entre 2013 y 2016, el PIB ha subido un 8% y los salarios lo han hecho en un 3%. Es cierto que el crecimiento de los salarios siempre lleva un decalage con respecto al crecimiento de la actividad, pero lo que está sucediendo en estos últimos años en nombre de la deflación competitiva es muy fuerte. Y sería hora de que se normalizase. Así lo han pedido voces representativas de sindicatos y patronales en los últimos tiempos. Pero, cuesta. ¿Qué pasa?, ¿con un crecimiento tan fuerte no pueden pagarse mejores salarios? ¿esperamos a 2018? ¿hay miedo a la productividad? ¿o a la competitividad?… ¿o simplemente se quieren aumentar beneficios?

El problema es que con esta cifra de salario que da el INE no tenemos bastante, ya que cabe suponer que la desviación sobre la media es tan grande que la hace poco menos que un número virtual. Veamos porqué. “El sueldo más habitual en España se ha estancado en unos 16.500 euros brutos al año en 2015”, daba a conocer hace un par de meses la encuesta anual de estructura salarial del INE, mientras el sueldo medio del 2015 era de 22.850 euros, según la encuesta que aquí comentamos. Ello quiere decir que las medias tienen un considerable sesgo al alza, por lo que quizás hace necesario añadir siempre al salario medio el más frecuente (modal). (Ambos proceden del INE pero el modal del presente año va con más retraso y se conocerá a mediados de 2019).

Pero aparte de la dispersión, las diferencias entre sectores, tamaños de empresa y comunidades son también muy altas. Por comunidades, si comparamos la que más paga, Madrid (27.300 €) con Extremadura, que es donde se paga menos (18.700 €), la diferencia es del 46%.

Por sectores, entre el de la energía (56.126 €) y la hostelería (13.501 €) la remuneración media es más de cuatro veces superior.

Por tamaño de empresas, la grande (>200 trabajadores) paga mejor que la micro y pequeña (1 a 49), 28.378 € frente a 18.314 €, lo que supone un 55% más.

Las diferencias que se intuyen con las medias son grandes, luego, probablemente, la realidad las superará. De todos modos, lo más urgente es remediar en lo posible este goteo a la baja en una magnitud clave para el futuro de la actividad económica del país.

¿Rentabilidades del 5 y 6%? ¡No me cuentes chistes!… pues no, no lo es

 

Vivimos unos tiempos en los que la banca no anda precisamente falta de liquidez. Más bien todo lo contrario. Cuando entras en la web de tu banco lo primero que te sale en la pantalla es una oferta de crédito. Señal inequívoca de que es su punto a potenciar. Por ello, la oferta en el mercado es abundante y barata. Sin embargo, ello no es óbice para que, paralelamente, las plataformas de crowdlending -canalización de ahorros de particulares como inversión para financiar proyectos de empresas privadas sin la intermediación de entidades financieras- sigan creciendo a gran velocidad. Es cierto que su punto de partida es casi cero y que desde ahí, los dígitos de crecimiento siempre son muy altos. Sería absurdo negarlo, tanto como que en términos absolutos su volumen es bajo en España. Sin embargo, es una pieza a tener en cuenta en el puzzle del mercado financiero y cada vez más.

El secreto de su crecimiento no está precisamente en el coste para el usuario del crédito. Para ser exactos, la banca está ofreciendo tipos para financiar circulante incluso algo por debajo a lo que hacen las plataformas, aunque luego en el coste total se deban sumar las compensaciones que puedan pedir, no siempre fáciles de cuantificar…

¿Dónde está, pues, la clave? La clave, me cuenta gente del sector, está en la agilidad de las decisiones. “En operaciones de circulante de 40.000 o 50.000 euros la decisión se toma en un par de días y el empresario dispone del dinero en 4 o 5 días”, me aseguran. Esa es la gran ventaja. En un banco es todo más lento, el tiempo se cuenta por semanas, no por días. Me ponen un ejemplo muy gráfico. “Mire, es el partner ideal para ser el tercer banco de una pyme, es decir, un financiador complementario”. Eso, que hace unos años podía sonar a chiste, cuando, por ejemplo en Cataluña teníamos 10 cajas de ahorros dispuestas a prestar, ahora no lo es, cuando queda una y los bancos se cuentan con los dedos de una mano.

La competencia se ha reducido y las reglas que antaño funcionaban, como la de no poner todos los huevos en el mismo cesto, hoy no es que no funcionen, ¡es que casi no hay cestos!  Ah!, por supuesto, también se piden garantías para asegurar a los prestamistas. En la seriedad en este punto está la clave su pervivencia. Es obvio. En este sentido, una particularidad de las empresas españolas dedicadas a facilitar financiación alternativa a la de la banca, según muestra el reciente estudio elaborado al respecto por la Universidad de Cambridge en colaboración con KPMG y CME Group Foundation, es que su rango de automatización en la selección de proyectos a los que apoyar es bastante más alto que el que se aplica en otros países europeos.

En definitiva, las empresas de Crowdlending saben que ahí está el pilar de su credibilidad, por este motivo deben ofrecer información diaria online de cuales son su fallidos, el importe de los mismos, así como del volumen total de préstamos concedidos, los tipos de interés a los que han sido concedidos, que importe de préstamos está en vía judicial, los ratios de morosidad en tiempo real… Todo el proceso debe ser transparente y la información posterior, también.

Y hablando de la otra cara de la moneda. ¿Quién presta el dinero? Mayormente se trata de inversores particulares e institucionalizados, como family offices. Y, puestos a saber, ¿cuánto rinde la colocación de dinero? Me aseguran que se pueden obtener rentabilidades medias del orden del 6%, que en créditos de muy alta calidad bajan al 4% y en los de riesgo alto, suben al 9%. Realmente a la vista del nivel de tipos existente y de lo que remuneran las entidades los depósitos, estos porcentajes suenan a prehistóricos, o precrisis, para ser más exactos.

Un consejo, por supuesto no todo es color de rosa en esta inversión. ¡Claro que hay riesgo! Por ello, hay que invertir en aquellas empresas de Crowdlending que estén autorizadas con licencia de la CNMV para operar como Plataformas de Financiación Participativa (PFP) y en aquellas que cuenten con un sistema de cobertura, fondo de garantía o con garantía de recompra en caso de impago, todo esto minimizará el posible riesgo de pérdida total de la inversión.