La confianza del consumidor está en máximos históricos. ¿La tuya también?

 

La confianza del consumidor está en máximos históricos. Si, si, la mía, la tuya y la suya. Eso nos decía ayer el CIS al presentar el Índice de Confianza del Consumidor (ICC) del mes de julio, que  se sitúa en 108,3 puntos, 2,5 puntos por encima del dato del mes anterior. Debemos recordar que el índice va de 0 a 200 y por encima de 100 ya se considera una visión positiva de la confianza. Lo cierto es que desde que se publica (2004) no habrá estado más de 15 o 20 meses por encima de este listón del 100.

Según la nota del CIS, “este nuevo avance del ICC se debe tanto a una mejor valoración de la situación actual, que crece 2,8 puntos en este mes, como a la evolución del índice de expectativas, que se incrementa en 2,1 puntos. Así, tanto el ICC como el índice de situación actual vuelven a superar en este mes sus máximos históricos. En relación al mes de julio del pasado año el avance es significativo: el ICC crece 13,5 puntos, con un crecimiento prácticamente igual en términos absolutos para la valoración de la situación actual, +13,4 puntos, y las expectativas que aumentan 13,4 puntos”.

Esa es la nota oficial. Muy positiva, como todos los datos que aporta nuestra economía en los últimos meses. Sin embargo, al leerla entera (si os interesa la podéis encontrar en la web del CIS)  me plantea una serie de dudas, que os expongo a continuación.

La primera es si es necesario hacerla cada mes. Es decir, si cada mes la situación personal puede dar un vuelco tan grande que nos haga percibir mejor o peor la economía y si la posibilidad de encontrar trabajo en los próximos seis meses mejorará o si los tipos de interés van a subir el próximo año o si el precio de la vivienda seguirá subiendo… Sinceramente, me parece difícil que una persona no especialista en la materia tenga criterio suficiente para poder contestar a estas preguntas que muchos expertos tendrían dificultad en contestar… y ¡que deba valorarlo cada mes!

La segunda es que, a pesar de que la mayoría de respuestas a la encuesta, el encuestado las hace al tuntún, se tabulan y se acaba creando un índice que se supone es la opinión de los consumidores españoles sobre su confianza en la economía. Me pregunto si al saber que la confianza del consumidor mejora o empeora, el otro consumidor (el que no ha contestado la encuesta –se pregunta solo a 1.500 personas-) se siente identificado y actúa en consecuencia. Es decir, si el índice sube, me animo y compro más. No sé yo si será así, si el ICC formará parte de las referencias a la hora de la decisión de compra del ciudadano. Pero me temo que nones.

La tercera es que a pesar de la forma de confección del índice, uno se sienta identificado con el. Puede pasar como con el IPC, que corresponde a una estructura de consumo de Juan Español, es decir, de nadie en concreto, sino de una media de todos los ciudadanos y que se acepta en general, aunque cada uno sabe que no va con él. Lo que sucede es que en el ICC las contradicciones son mayores y las medias sirven para menos, porque hablamos de percepciones, no de actos de compra.

Así, es lógico que en la propia encuesta haya contradicciones. A mi me ha sorprendido, por ejemplo, comprobar como a pesar de estar en el máximo histórico de confianza, resulte que a la pregunta de si la situación económica actual de su hogar está mejor o peor que hace seis meses, para el 16% sea mejor y para el 21%, peor. ¿En qué quedamos? Y todavía me sorprende más que cuando preguntan a los que están peor que hace seis meses, el factor que más haya influido para ello (25,3%) sea la inflación!!! (el IPC está en el 1,5%) y el segundo (19%) sea el aumento de gasto que ello ha supuesto. No cuela. Lo siento, pero no me creo que para el 21% de hogares que están peor que hace 6 meses, el 44% de la motivación sean los precios.

Otra sorpresa. Tanto la EPA como la Seguridad Social nos dicen que el empleo está creciendo al ritmo del 5% y las perspectivas son mejores, como ponen de manifiesto un 41% de los encuestados.  Pues bien, a la pregunta de cuantas personas de su entorno están en paro y buscan trabajo con respecto a seis meses antes, resulta que un 84% aseguran que son más o las mismas. Algo falla.

En fin, eso es lo que hay. A veces profundizar en las cosas te complica la vida. Vamos a dejarlo en que estamos en record de confianza que siempre es un buen titular y además proyecta optimismo, que es de lo que se trata en estos momentos. Pero la pregunta clave no la olvidemos. TU, ¿tienes hoy más confianza que hace unos meses? Esa es la única que cuenta.

¿Puede prescindir Cataluña de un turismo que supone el 14% del empleo y el 12% del PIB?

 

Es bueno y necesario que, en unos momentos en que parece haberse orquestado una campaña contra el turismo en Barcelona, seamos conscientes de la riqueza que aporta este sector a Cataluña. Uno de los argumentos usados es el de que las molestias son para todos los ciudadanos, mientras que los beneficios son para unos pocos. Eso es cierto y os lo dice alguien que vive en los aledaños del Park Güell y participa de la molestia colectiva que supone, por ejemplo,  el uso del transporte público hacia esta zona. Sin embargo, hay que matizar. No pueden confundirse los daños colaterales –pisos turísticos ilegales, alquileres abusivos, desertización de barrios, gamberradas…- con la aportación que realiza a la economía y que es vital para la actividad catalana.

Esos daños son consecuencia, en buena parte, de una mala, malísima gestión que se está haciendo con el turismo. Y el caso de Barcelona es paradigmático. Es verdad que los grandes beneficiarios son los dueños de establecimientos que se aprovechan del turismo, pero también lo son los que encuentran trabajo .en condiciones mejorables- gracias a ello. Y no son pocos.

Mirad, esta es la escueta explicación que el Idescat daba esta semana sobre los datos ocupacionales del sector turístico en Cataluña.

La población ocupada en el sector turístico en Cataluña es de 452.300 personas en el segundo trimestre del 2017, dato que supone un incremento del 11,9% con respecto a un año atrás. Por sexo, aumenta tanto el empleo de los hombres (12,8%) como la de las mujeres (10,8%). Por situación profesional, los asalariados crecen un 16,1% mientras que los no asalariados disminuyen un 5% con relación al mismo trimestre del año anterior. El sector turístico reúne el 13,8% de la población ocupada en Cataluña. Por lo que respecta a España, la población ocupada en el sector turístico aumenta un 1,8% con respecto a un año atrás y el porcentaje sobre la población ocupada es del 13,4%”. El 14% de la población ocupada no es poca cosa, ni cuestión de tomarlo a broma. ¿Dónde trabajaría esta gente?

Al respecto, esta mañana hemos sabido el otro dato clave del turismo: el gasto. Resulta que el gasto realizado y acumulado en el primer semestre ha aumentado un 15%, con crecimientos respectivos en el gasto total por persona y por día, que son los datos más relevantes. Estamos hablando de un sector que el año pasado dejó en Cataluña 17.328 millones de euros y que aporta alrededor del 12% del PIB catalán. ¿Alguien piensa en serio que podemos prescindir de él? Sería irreal hacerlo. Eso no quiere decir que no estamos obligados a poner orden en los desmadres actuales.  Y aquí las autoridades, sobre todo municipales, tienen una gran responsabilidad.

De momento, lo seguro es que “los turistas extranjeros hicieron un gasto total en Cataluña de 2.117 millones de euros en el mes de junio de 2017, cifra que supone un incremento del 18,5% con respecto al mismo mes del año anterior. El gasto medio por persona fue de 1.043 euros y el gasto medio diario por persona fue de 189 euros, con incrementos interanuales del 8% y del 4,6%, respectivamente”, según Idescat.

Por cierto, ¿sabías que el 22% del gasto de turismo en España de 2016 se realizó en Cataluña?

Estas cifras espectaculares no deben esconder que estamos viviendo unos años especiales, por el hecho de que muchos destinos alternativos habituales no son hoy seguros. La vuelta a la normalidad –nadie sabe cuándo será- nos deberá pillar con alternativas a la contratación. Y, por supuesto, debe acabarse con esta incipiente campaña contra el turismo, con una actuación firme de las autoridades.