Nada de burbuja, muy pocos pisos y los okupas frenan nueva inversión

“¿Como nadie en serio puede hablar en este momento de burbuja inmobiliaria? Donde antes de la crisis el metro cuadrado estaba a 6.000 euros, hoy está en los 3.000… Haga números”. Así de tajante se mostraba ayer un buen profesional –y mejor persona- del mundo inmobiliario (de quien por respeto voy a mantener el anonimato) en una conversación muy interesante sobre el mercado actual de la piedra.

Me vino a decir que el gran problema que afrontan los profesionales hoy es la falta de producto, sobre todo de segunda mano. Hoy las agencias han vuelto a crecer como las setas en otoño y hay ofertas muy agresivas. Para conseguir producto, muchos no dudan en asegurarse el piso del propietario valorándolo por encima del mercado. Luego, a la hora de venderlo se hace con rebaja, claro, pero ya se han quedado con la operación.

Uno de los riesgos que me explicó es que, en cierta forma, estamos repitiendo errores de la precrisis. “Una persona quiere cambiar de piso para mejorar”. Supongamos que tiene un piso para vender por el que le dicen que le van a dar como mínimo medio millón y el se encapricha con otro de 700.000. Cuenta con que necesita financiación por 250.000 y le salen los números y cuando ya se ha comprometido con el nuevo ve que del suyo no puede sacar más de 375.000. El problema que se le viene encima es mayúsculo. Estas prácticas enrarecen el mercado. Obviamente solo suceden en el mercado de segunda mano… en el de obra nueva todo es más profesional”.

Confirmó que en el mercado catalán hay mucho movimiento y los bancos ponen pocos problemas a la financiación. El tema candente, sin embargo, está en el alquiler. Al no haber estoc, los precios suben. Resultado, menos contratos a precios más altos. “Me preocupa que muchas viviendas se alquilen tras un solo día de estar expuestas. Me pregunto dónde está el límite. Este es un problema serio”, dijo

Habló también de normalización del mercado desde tres puntos de vista básicos. Una mejora del estoc de vivienda nueva disponible con la puesta en marcha de nuevos proyectos. También se normaliza la demanda en función de una mayor confianza y una mejor financiación, junto a unos precios moderados que apoyan la entrada de proyectos nuevos. El único pero que puso a esta normalización es que las operaciones se están desarrollando a un ritmo mucho más rápido del esperado. Y se preguntó si era sostenible el ritmo y si se están generando expectativas de alzas de precios.

Hizo referencia al Banco de España que calcula el ratio de años de renta que se dedican a la vivienda. Ahora está mejor que antes de la crisis, pero sigue en  6,6 años, cuando lo normal debería ser un máximo de 4,5 años. Ello lo achaca a la debilidad de las rentas actual y no al precio de la vivienda.

Por último se refirió a un problema del que apenas se habla desde este punto de vista: el freno que supone al inicio de nuevos proyectos el fenómeno okupa. La situación ha llegado a extremos increíbles. Desde tener que realizar un gasto enorme en vigilancia para que no se ocupen pisos nuevos, tener que negociar con los okupas ante la inexistencia o increíble dilatación de plazos en las soluciones por la vía legal o tener que actuar con mucha imaginación para evitarla. En el sector hay preocupación porque no se ve, sobre todo en Barcelona capital, que haya un interés serio por parte de las autoridades en solucionar el conflicto. Algo, que visto desde fuera del sector, parece inconcebible.

Me gustaría añadir a estas reflexiones un dato. El que esta semana ha proporcionado el Banco de España sobre la marcha de las hipotecas en estos últimos meses. Los nuevos créditos a la vivienda están creciendo a un ritmo muy alto, del 21%. Ahí queda el dato.

 

El fiasco de la inversión pública para 2017

 

El proyecto de Presupuestos Generales del Estado que se presentaron ayer ha levantado ampollas, sobre todo en el aspecto de la inversión. Se esperaba, tras las declaraciones de Mariano Rajoy hace una semana en Barcelona sobre inversiones a realizar y las posteriores protestas desde varias comunidades, cuál iba a ser finalmente el total y reparto de estas inversiones. El fiasco ha sido mayúsculo y ha forzado incluso a algún medio a tener que realizar un editorial pidiendo disculpas por el titular  “Lluvia de millones” con que encabezaba la portada del día posterior a las declaraciones de Rajoy.

Lo cierto es que viendo los titulares de hoy, entiendo que el lector se haga un lío. Veamos por ejemplo el punto concreto de Catalunya.  “Cataluña gana peso en la inversión pública y se lleva 260 millones más”, dice  El  Confidencial.  “La inversión en Catalunya, por debajo del 2016“, apunta La Vanguardia. “El Gobierno recorta la inversión en Cataluña en 2017 pese a prometer más infraestructuras”, titula El Independiente. “Presupuestos 2017: la inversión baja en Catalunya un 2,7%”, dice El País. Bien, ¿os aclaráis si en Catalunya va a ir más o menos inversión? Sin contar que en algunos casos se cuenta cifra presupuestada sobre cifra ejecutada realmente, lo que puede llevar a grandes errores de interpretación. Por ejemplo, según la Cambra de Comerç, la ejecución de obras de transporte en Catalunya en 2015 fue un 59% de la cifra presupuestada. Sobran palabras. Solo una pregunta, ¿por qué los medios de comunicación dan tanta importancia al presupuesto y se olvidan después de la ejecución? Realmente, esta última cifra es la que vale, pero raramente tenemos información sobre ella.

El editorial de La Vanguardia, trata de poner luz en este lio y transcribo “Catalu­nya tiene consignada una inversión por valor de 1.149,58 millones de euros, lo que supone un descenso respecto al 2016 del 2,5%. Pese a ello gana peso este año sobre el total, al suponer el 13,4% de la inversión regionalizable, frente al 10,6% del 2016. Pero sigue estando por debajo de los niveles logrados en el periodo del 2008 al 2011, cuando se situó ligeramente por encima del 15%”. Bueno esto es lo que hay. A pesar de lo que dijo Rajoy, los números de Montoro han podido más y baja la inversión en Catalunya… como lo hace en toda España, curiosamente excepto en Canarias, cuyos diputados dan soporte al presupuesto. Curiosidades.

Lo cierto es que la inversión en infraestructuras recibe el ajuste al que obliga Bruselas vía déficit. Pero no deben pasar por alto tres aspectos que a mi juicio son claves en estos presupuestos. El primero son las pensiones. Estas se llevan 40,7 euros de cada 100 de gasto público, siendo, por supuesto, la partida que más se lleva. Son unos 140.000 millones. Pues bien, un 3,1% de aumento significan 4.200 millones de euros más. Es importante el dato porque el total de inversiones de obra pública son 13.000 millones. Un ligero aumento en pensiones puede destrozar las inversiones en infraestructuras, con el corsé actual del déficit.

Bueno es ver también que la segunda partida son los intereses de la deuda, con 32.000 millones. Es decir, dos veces y media más que las infraestructuras. Ni que decir tiene el riesgo que hay en este punto en cuanto se normalice la situación financiera y suban los tipos de interés. Es una bomba de relojería.

Y, en tercer lugar, me gustaría destacar un dato que me mosquea en las inversiones públicas. Se trata de las inversiones no regionalizables, es decir, las que pueden afectar a varias CCAA o al propio Ministerio de Fomento… de las que apenas se dan explicaciones. Pues bien, estas inversiones, en el 2016 suponían solo el 19% de las regionalizables, es decir, las que sí se imputan a comunidades, mientras que en 2017, pasan a suponer  el 49%. Dicho de otro modo, las regionalizables caen un 22,7% y las no regionalizables se doblan (+97%). O si quieren con números, las regionalizables son 8.600 millones y las no regionalizables, 4,244 millones. Es mucha pasta y sería bueno conocer cuál será su destino final.