El misterio de la “caída” del crédito bancario en Catalunya

 

La economía catalana crece más que la española, está creando más empleo y prácticamente cada semana se anuncian importantes proyectos de inversión, tanto de empresas propias como de multinacionales que escogen Catalunya en sus planes de expansión. Sin embargo, esta realidad incuestionable contrasta con un dato de difícil explicación: la fortísima contracción del crédito en los últimos años concretada en un descenso muy acusado del saldo vivo entre aquellos que invierten (las empresas) o consumen (las familias). Los datos son muy contundentes: el crédito en Catalunya cayó el año pasado cuatro veces más que en el resto de España. Así empieza un artículo de La Vanguardia de hoy.

Realmente el hecho es sorprendente, por cuanto el año 2015 la caída en Catalunya fue paralela a la de España (algo más del 4%) y si nos referimos a la caída desde el punto álgido del saldo del crédito –el año 2010- la caída hasta 2016 en Catalunya es del 34% frente al 30% de España. La anomalía se centra pues, únicamente en 2016.

Sin embargo, vayamos por partes. En primer lugar, los saldos del Banco de España que he examinado dan una caída de 4º trimestre de 2016 a 4º trimestre de 2015 del 3,97% en España y del 10,6% en Catalunya, lo cual no es el cuádruple, sino 2,5 veces, que sigue siendo mucho. En segundo lugar, es importante saber a qué nos referimos. No cae el crédito nuevo concedido (que es el que tiene que ver con la actividad) sino que caen los saldos. Ello quiere decir simplemente, que en Catalunya podría haber habido una gran demanda de crédito junto a una mayor amortización de otros créditos, lo que daría un saldo anual negativo.  O que el crecimiento de nuevo crédito fuera cero y la amortización alta, lo que daría el mismo resultado en términos de saldo. Quiero insistir con eso que de la diferencia de saldos no se puede inferir directamente el grado de actividad que ha habido durante el período, en este caso un año.

Como el crecimiento del PIB ha sido bueno, cabe esperar que el modelo del año haya sido del primer tipo: más crédito y mayor amortización. Ello podría tener también su explicación en varias hipótesis. Que se ha amortizado el crédito para desapalancarse de forma más rápida que en el resto de comunidades (con menor endeudamiento final de las empresas), dada la idiosincrasia del tejido industrial catalán y tras un buen año de beneficios, o que, simplemente se ha amortizado el crédito porque se ha cambiado por otras fuentes de financiación (mismo endeudamiento de las empresas con fuentes distintas), léase bonos en los mercados o vía crowlending (aquí los volúmenes son aún pequeños pero crecientes). Siempre queda una tercera, que se apunta desde algunos medios de Madrid, que es el traslado de sedes empresariales catalanas ante el miedo a la independencia y que los créditos aparezcan apuntados ya a la nueva sede de la capital, que por cierto, en 2016 no ha visto mermado su saldo de crédito. Sin embargo, parece complejo que en un año pueda haber habido tanto trasiego. Y, por supuesto, tampoco hay que descartar que la desintermediación bancaria se esté produciendo con mayor rapidez en Catalunya.

De todos modos, lo que más me sorprende es que –como se apunta en el citado artículo-  Caixabank y Banc Sabadell afirmen que no han notado este efecto caída tan pronunciado, que aparece en las estadísticas del Banco de España. Hay que recordar que entre Caixabank, BBVA (por la compra de Catalunya Caixa) y Sabadell, copan hoy por hoy casi el 70% del negocio bancario catalán, por tanto, son una referencia excelente. ¿Será todo cosa del BBVA? Lo dudo mucho. Pero hay un matiz importante, piénsese que si en un 44% del volumen de negocio (que es el que tienen Caixabank y Sabadell) no hay anomalías, las caídas que debieran haberse producido en el resto son enormes, algo que no parece haberse tampoco detectado en las otras entidades.

¿Y en los depósitos bancarios, qué ocurre? Pues aquí sí que la caída en Catalunya cuadruplica la española,  ya que caen un 5,6% frente al 1,4% de España. Pero aquí hay otra diferencia importante con los créditos: Madrid cae un 7,4%, cinco veces más rápido que en España.  La razón habría que buscarla en la bajada de remuneración ofrecida por la banca, lo que ha llevado a buscar mayor rentabilidad a los ahorros en otras partes, ya sea la bolsa o la vía del crowfunding.

En cualquier caso, volviendo al principio, la caída del saldo de crédito en Catalunya no parece tener una explicación sencilla, sobre todo tras saber que Caixabank y Sabadell no lo detectan. Las hipótesis que se plantean pueden explicar en parte la caída, pero no toda. El misterio, pues, sigue abierto.

El turismo genera en Catalunya el 13% del empleo. ¿Es mucho o es poco?

 

El pasado jueves la Generalitat de Catalunya presentaba el balance anual del turismo correspondiente al año pasado. Los datos que se transcriben rezuman optimismo por todos lados, ya que se mantiene el crecimiento tanto en número como en gasto, mientras las expectativas para el presente año siguen siendo muy optimistas, mientras otros destinos habituales de nuestros visitantes sigan presentando un riesgo elevado por el terrorismo o por la situación política interna incierta.

Lo cierto es que durante el año 2016, han transitado por los aeropuertos catalanes 17,3 millones de pasajeros de vuelos internacionales, un 10,4% más que un año atrás. Las entradas crecen en ambas modalidades de compañías: el 65,7% de los desplazamientos ha sido en compañías de bajo coste y el 34,3% restante, en tradicionales.

Catalunya ha registrado nuevos récords con relación al turismo extranjero, tanto con respecto al flujo de turistas de primera destino como al gasto total. Se ha erigido en el primer destino del turismo extranjero a escala estatal, con el 23,8% de la afluencia (18 millones de turistas) y el 22,3% del desembolso del año (17.328 millones de euros). Las llegadas han aumentado un 4% y el gasto un 3,7% respecto de 2015. Los gastos medios ascienden a 963 euros por turista, un 0,3% menos que hace un año, y 161 euros por viaje y día, con un crecimiento del 12,8%.

El último trimestre de 2016, se estima que la población ocupada en el sector turístico catalán se eleva a 402.700 personas, un 6,6% más que un año antes (25.000 personas más) y supone casi el 13% del total del empleo. La tasa de asalariados del sector se sitúa en el 79,3%, inferior a la de la economía (83,4%), y la de temporalidad, en el 26,2%, superior a la del total (21,8%).

Bien, estos son los datos. A partir de ellos es necesario preguntarse dónde está el límite. Barcelona supone un factor de atracción de primera magnitud y una parte de la población de la ciudad empieza a protestar –con razón- de los inconvenientes de cifras tan elevadas, por las molestias que causan a la vida cotidiana –alrededores de Sagrada Familia, Ciutat Vella, alrededores del Park Güell…) y el encarecimiento de los alquileres, ante el chollo que suponen los llamados pisos turísticos que permiten una rentabilidad muy alta a los propietarios.

Estos son temas que deben encauzarse por el marco legal, naturalmente, pero es obligado preguntarse si este crecimiento va a seguir y hasta dónde es tolerable. Por lo que parece, en 2017 se van a superar estas cifras. Recordemos, que a nivel estatal, el turismo alcanzó en 2016 los 75 millones de visitantes y ello nos coloca muy cerca del primer país del mundo, Estados Unidos, con unos pocos millones más y por delante de Francia, castigada este año por el miedo al terrorismo.

Creo que hay dos aspectos a tener en cuenta. Uno es que eso no va a durar toda la vida. Los países que hoy nos “ceden” turistas recuperarán la normalidad en un tiempo y aquí va a venir menos personal. ¿Nos quejaremos también entonces? El segundo es que hay una parte del turismo que viene que no interesa en absoluto.

Solo un ejemplo. Veamos los cruceristas. Hoy por hoy,  el port de Barcelona mantiene el liderazgo en Europa con mayor número de cruceristas; y es que en 2016 registró un aumento del 5,6%, con 2.680.000 personas. Es bueno recordar que existen dos clases de cruceristas: los de base que representan el 52%. Son los que inician y finalizan su viaje en Barcelona. Suelen quedarse antes o después de su viaje para conocer la ciudad, gastando una media de 202 euros al día. Sin embargo, aquí también están incluidos los residentes de la localidad que no realizan ninguna actividad; los otros son cruceristas de escala que conforman el 48%. Estos bajan a la ciudad por unas cuatro horas, gastando una media de 53 euros al día. ¿Qué beneficio real suponen para la ciudad este casi millón y medio de turistas? Una miseria. Y no es el único segmento…